BUEN VIAJE A UNA GALLEGA PACIFISTA Y PERSEVERANTE “PROTESTONA”
Ella era una mujer a quien seguramente casi nadie conocía: Concepción Martín (de) Picciotto ( Conchita o Connie, como se hacía llamar). Era ‘galega’ (nacida en Vigo, Galicia) y llevaba 35 años acampada frente a la residencia del presidente de EE.UU. (la Casa Blanca ), en la plaza Lafayette, en el 1600 de la Avenida de
Ella era una mujer a quien seguramente casi nadie conocía: Concepción Martín (de) Picciotto (Conchita o Connie, como se hacía llamar).
Era ‘galega’ (nacida en Vigo, Galicia) y llevaba 35 años acampada frente a la residencia del presidente de EE.UU. (la Casa Blanca), en la plaza Lafayette, en el 1600 de la Avenida de Pensilvania (Washington), realizando una “vigilia pacifista permanente”. Murió ayer, en un hogar para indigentes de la capital. Se estima que Concepción, Conchita, Connie… tenía unos 80 años, porque como ella misma dijo, “no sé, he perdido la cuenta”.
Conchita emigró a Nueva York en 1960, de adolescente, y trabajó como recepcionista en la Embajada de España. Allí conoció a un italo-norteamericano con el que se casó, adoptando su apellido (Picciotto), con el que tuvo una hija, Olga, y del que se divorció en 1974 tras una batalla legal en la que un tribunal de Manhattan concedió finalmente la custodia de la hija al marido.
La emigrante gallega perdió su marido, su hija, su casa y también su trabajo en el Consulado, pero no se amilanó. Fue entonces cuando comenzó a mover Roma con Santiago pidiendo ayuda en todos los organismos oficiales para recuperar la custodia de su hija, pero todo fue en vano. Cansada, mareada y enloquecida en su frustración, un día, en 1978, viajó a Washington y comenzó a expresar su protesta portando pancartas frente a la Casa Blanca.
Más tarde, el 1 de agosto de 1981, siguió el ejemplo de un activista pacifista, Thomas Deubting, que había comenzado una vigilia pacifista permanente frente a “la residencia del mandatario más poderoso del mundo” contra la proliferación de las armas nucleares, e instaló su carpa de plástico al lado de la de él, transformado su batalla personal por la custodia, en una batalla contra el sistema legal estadounidense y contra el Gobierno de los EE.UU.
Lo que comenzó como una protesta desesperada ante un dramático problema personal, acabó siendo finalmente una protesta contra las guerras y quienes las organizan, contra la energía nuclear y, en general, a favor de la paz en el mundo.
Allí estuvieron Thomas, Connie y Ellen Benjamin (otra activista pacifista que se casó con el primero en 1984 y se unió a la causa), realizando su vigilia permanente, y sobreviviendo frente al acoso policial, las inclemencias del tiempo, las provocaciones de patriotas radicales y las agresiones de algún que otro loco que se acerca por allí.
En 2009 Thomas murió, Ellen marchó a una vivienda heredada de su marido (hoy convertida en ‘Occupy Peace House’ o ‘Casa de la Paz’, un hogar de acogida para pacifistas y activistas), pero Connie decidió continuar sola realizando la vigilia pacifista permanente frente a la Casa Blanca, “el epicentro del mal en la Tierra”. "Aquí no hay justicia; todo es un negocio. Y yo fui una víctima de este sistema corrompido. Aquello fue una injusticia y un acoso del sistema social norteamericano, contra el que llevo luchando desde entonces, y así seguiré haciéndolo hasta que Dios quiera".
Vivía de las limosnas que intercambiaba por “piedras de la paz” pintadas por ella misma y de donaciones que le hacían particulares. Su tienda de campaña está hecha con plásticos y cartones. Allí permanecía sentada, pues las leyes de Estados Unidos le prohíben acostarse. Nunca en 35 años ha podido hacerlo, y si llegara a atreverse, la justicia estaría en su derecho de echarla “porque estaría haciendo camping, y eso está prohibido en aquel lugar”, por lo que desmantelarían su campamento y darían por terminada su protesta. Pero ella no ha errado, y a la hora de dormir se recuesta sobre un banco que hace las veces de colchón. Tampoco puede dejar el sitio solo, de manera que siempre que necesita ir a la cafetería donde la "adoptaron", donde le permiten bañarse, cumplir sus necesidades, comer o navegar por internet, alguien debe quedarse en su casa. "Solo salgo de aquí para ir a la cafetería, y siempre hay quien haga el favor de quedarse en mi lugar", aseveraba.
Tenía carteles en todo tipo de idiomas para expresar sus protestas, y con los cuales se fotografiaba para los turistas que diariamente visitan el lugar. Doña Conchita Martín Piccioto estuvo 35 años frente a la Casa Blanca. Estas son las cosas “típicas” de EE.UU. (se ven y pasan típicamente allí).
Tanta fama ganó en la ciudad estadounidense que el prestigioso rotativo The Washington Post informó puntualmente de aconteceres en su "vigilia por la paz", y ayer lo hizo por su fallecimiento. Su historia también figura con todo detalle en la Wikipedia y hasta el documentalista Michael Moore la incluyó en su Fahrenheit 9/11.
Su vigilia es la protesta pacífica política más larga en la historia de los EE.UU. ¡Treinta y cinco años protestando!... Por la guerra, por la violencia, por la energía nuclear… ¿Qué habría en la cabeza de esta mujer para haber vivido así? No lo sabremos. Esta es una de esas noticias insólitas que aparecen de vez en cuando. Sin duda.