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CON EL CLERO SEGUIMOS TOPANDO, AMIGO SANCHO

Hay un obispo maravilloso en Córdoba (España), Demetrio Fernández, que ha dicho que “la fecundación in vitro es un aquelarre químico de laboratorio. El obispo sostiene que “el abrazo amoroso de los esposos no puede sustituirse nunca por la pipeta de laboratorio”. “Abrazo amoroso”… Nosotros pensábamos que la fecundación

 

20151224 CORDOBAHay un obispo maravilloso en Córdoba (España), Demetrio Fernández, que ha dicho que “la fecundación in vitro es un aquelarre químico de laboratorio. El obispo sostiene que “el abrazo amoroso de los esposos no puede sustituirse nunca por la pipeta de laboratorio”.

“Abrazo amoroso”… Nosotros pensábamos que la fecundación se producía mediante un coito, pero si él dice que es por un abrazo pues… ¡bueno!, tal vez tenga experiencia por haber hecho sus votos sacerdotales tras haber sido padre.

Según nuestras estimaciones, hay alrededor de 5 millones de ciudadanos españoles que tuvieron su origen en una fecundación in vitro. Es decir, ¡existen!, son reales… Y ahora este señor dice que es “un aquelarre”.

Pero bueno, ¿este señor en qué está pensando?, ¡es obispo!, ello quiere decir que puede llegar a ser cardenal… y papable (aunque en realidad las leyes de la Iglesia dicen que cualquier varón puede ser Papa, porque en teoría lo elige el Espíritu Santo).

Señor obispo, ¿cómo puede usted ahora someter a las personas que, después de intentarlo de una forma, y de otra, y de otra, y de otra, por fin consiguen un bebé a través de una fecundación in vitro, felices, contentos con su bebé? Ahora usted, según su opinión (que, al ser obispo, esa opinión representa a la Iglesia), dice que la fecundación artificial es un aquelarre, es decir, un asunto entre brujas, brujos y demonio.

¿Esto a cuento de qué viene?, ¿lo ha consultado usted con el Cardenal Primado de España?, ¿lo ha consultado usted con alguien superior?, (imaginamos que con el Papa, no) pero… ¿esto a cuenta de qué viene? ¿Sabe usted lo que es esto? Y ya entrando en su terreno: si esto ocurre es porque Dios lo ha permitido, lo ha querido así.

Nada más.