EDITORIAL, 07 DE ABRIL 2016
El Papa visitará Lesbos el 16 de abril para apoyar a los refugiados. Ya hizo otra visita a Lampedusa en otro momento el Papa Francisco, y el traerlo a nuestro Editorial es porque… ¡qué bonito es viajar!, ¡qué bonito es vivir!, ¡qué bonito es ir a apoyar a los refugiados!, cuando (señor Papa, señor Jefe de Estado del Es
El Papa visitará Lesbos el 16 de abril para apoyar a los refugiados.
Ya hizo otra visita a Lampedusa en otro momento el Papa Francisco, y el traerlo a nuestro Editorial es porque… ¡qué bonito es viajar!, ¡qué bonito es vivir!, ¡qué bonito es ir a apoyar a los refugiados!, cuando (señor Papa, señor Jefe de Estado del Estado del Vaticano) usted sabe perfectamente las resoluciones a las que han llegado los Veintiocho de la Unión Europea (UE) para tratar a los refugiados y emigrantes como verdaderos esclavos: dando dinero (una fortuna, casi 6.000 millones de euros) a Turquía para así devolverlos como mercancía, y sólo admitir después a algunos como naturales.
Usted sabe de sobra que todos esos acuerdos han sido realizados sin ningún contratiempo por parte de su Estado del Vaticano. Usted, en ningún momento, como Jefe de Estado y como Papa, ha criticado, ha dicho, se ha comprometido, con esas leyes de devolución en caliente (que al principio prometían mucho, y ahora no prometen nada; como España, prometiendo 16.000 y acogiendo sólo a 18).
Usted, señor Papa, va a quedar bien, ¡siempre!, porque no va a entrar a la profundidad del problema. Usted no va a participar como Estado, ni como Iglesia, en las deliberaciones (que podría participar) de los Veintiocho e influir. Porque… ¡no nos diga usted que no tiene usted influencias!, ¿eh?
Ahora va a Lesbos invitado por el Patriarca griego. ¡Bien!, ¡muy bonito! Ustedes, de verdad, todo lo hacen muy bonito. Y luego, pasan a la historia diciéndose “el Papa hizo todo lo posible por mejorar la condición de los refugiados: fue allí a verlos, a saludarlos…”, (como un político cualquiera, que va a saludar a los pobres, a los desamparados), “a estar con ellos…”. Sí, a estar con ellos en plan de saludo, decir “Bueno, pues nada… Espero que os vaya bien”, y de paso dirá algunas palabras pidiendo a los políticos y a los gobiernos que, por favor, se esfuercen en mejorar las condiciones de los refugiados. Ya también se ha expresado así en otros lugares.
Usted no tiene voluntad política (lo hemos dicho muchas veces a propósito de otros Estados); no tiene usted voluntad política… “cristiana” (que debería ser otra voluntad política) para acabar con esta lacra.
Parece mentira que siga la costumbre -que otros Papas han seguido- de “siempre quedar bien”: va allí, saluda, y tal… pero, ¿usted qué hace para evitar eso? ¿Usted pide a los cristianos que den su apoyo y sus casas, y que las gentes recojan a los…? ¿Y qué hace el Estado del Vaticano?... A lo mejor hacen ustedes muchas cosas pero, desde luego, no las sabemos. Normalmente, cuando ustedes hacen algo que quieren, que les interesa, todos nos enteramos.
Ustedes, políticamente (que tienen una influencia mayor de la que pensamos) no hacen. Simplemente dejan que otros hagan para que así tengan la facilidad de poder señalar, poder quedar bien…
Es que si no, no lo entendemos. ¿A qué obedecen estas visitas si no son para dar algún tipo de solución?. ¿Qué va a dar usted?, ¿ánimo? (que los van a deportar). ¿Ánimo? Nos resulta muy duro.
Don Francisco, de verdad, tiene usted una oportunidad todavía de oro de dejar de ser justicialista y peronista de mangas arremangadas, para pasar a ser un hombre de fe, un hombre de influencia, un hombre que decididamente y definitivamente apuesta (con pensamiento, palabra, obra y acción) en pos de un ser humano que sea respetado por todos.
Nos faltan acciones. Nos faltan obras. Seguramente tiene usted el pensamiento. Las palabras… siempre con mucho cuidado (nos faltan palabras, también). Y la omisión que ustedes hacen es… ¡para qué decir!
Éste es nuestro Editorial hoy, a propósito de la visita del Papa a Lesbos