EDITORIAL, 25 DE MARZO 2016
El Editorial de hoy, depende de cómo lo planteemos, puede ser de unas cosas o de otras. Hemos elegido ‘la vida sintética’. Sí, de nuevo, el gran promotor y promovedor del genoma, Craig Venter, ha dado una sorpresa al presentar en una publicación (la revista Science) un trabajo sobre vida artificial sintética en laborat
El Editorial de hoy, depende de cómo lo planteemos, puede ser de unas cosas o de otras. Hemos elegido ‘la vida sintética’.
Sí, de nuevo, el gran promotor y promovedor del genoma, Craig Venter, ha dado una sorpresa al presentar en una publicación (la revista Science) un trabajo sobre vida artificial sintética en laboratorio, al poder comprobar y realizar la creación de una bacteria (un Mycoplasma) con 473 genes, de los cuales 149 no se sabe para qué sirven pero que son imprescindibles.
Es la base primordial, de ahí que creamos que es una noticia cumbre para un Editorial, y para nuestra especie humanidad en su investigación a propósito de la vida: 473 genes son imprescindibles para la creación de una bacteria (eso es lo que se piensa hoy), de los cuales 149 no se sabe para qué o cuál es su función dentro de esa vitalidad.
Se ha visto que cada tres horas esta bacteria se reproduce, pero... no es viable fuera del laboratorio. Hoy por hoy, esa bacteria ha empezado su vida pero necesita de hidratos de carbono, de oligoelementos, de… muchos nutrientes para que sea viable. No es viable en condiciones de adaptabilidad; no tiene mecanismos adaptativos (salvo los que le ha proporcionado la actividad humana).
Craig Venter (que en el año 2000 se anticipó –por encima de todo pronóstico- con la primera secuenciación del Genoma Humano), después de 20 años de trabajos sincronizados con otros colegas en su centro de investigación, con 22 científicos renombrados, ha conseguido este ‘Mycoplasma’ con 473 genes.
Recuérdenlo. Hoy, Viernes Santo, la noticia de la vida; hoy, Viernes Santo, que es noticia de muerte, tenemos una noticia de vida (sintética). Se llama sintética por haberla obtenido en laboratorio, pero no deja de ser todo un acontecer de nuestra especie, porque –a partir de ahí- podrán venir muchas cosas; no se sabe el qué, pero lo importante era conseguirlo.
Conseguido está. Una proeza más de la ciencia, sin duda.
Ya, evidentemente, se han apresurado todos a criticar: a decir “para qué”, a decir “qué barbaridad”, y también “qué va a ser de nosotros”, y… O sea, todo menos bonito. ¡Claro!, como el descubrimiento ha sido vía privada (no corresponde a un emporio de un país), entonces pues… A Venter siempre le tienen ahí, como un “pincho incómodo”. Incómodo pero inevitable de citar. Y esas precipitaciones que se dan en estos casos (de ver todo el holocausto que se puede crear a partir de ahora, y no ver ninguna ventaja), nos parece –verdaderamente- de muy mal gusto. Y, sobre todo, demuestran –como algunas opiniones de científicos españoles- mucha envidia –mucha envidia-, y demuestran poco saber del tema.
Ahí lo dejamos; ustedes mismos se van a hacer las componendas.