EDITORIAL: ANTÓNIO GUTERRES, NOVENO SECRETARIO GENERAL DE LA ONU
Nuestro Editorial viene marcado hoy por la ONU. El portugués António Manuel de Oliveira Guterres acaba de tomar posesión como Secretario General de la ONU (mandato que ostentará por un periodo de cinco años pudiendo ser reelegido), sustituyendo al surcoreano Ban Ki-moon (2007-2016), Este hombre tiene un curriculum impo
Nuestro Editorial viene marcado hoy por la ONU. El portugués António Manuel de Oliveira Guterres acaba de tomar posesión como Secretario General de la ONU (mandato que ostentará por un periodo de cinco años pudiendo ser reelegido), sustituyendo al surcoreano Ban Ki-moon (2007-2016),
Este hombre tiene un curriculum importante: ex primer ministro (presidente del Gobierno) de Portugal, ex Alto Comisionado de la Organización de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), y ex presidente de la Internacional Socialista. Accedió al puesto por votación de una mayoría que así lo ha querido entre los 15 países que integran el Consejo de Seguridad del organismo, habiendo sido elegido entre otros 13 aspirantes como el 9º Secretario General (como ven, no ha habido muchos).
Como es lógico, su primer discurso giró en torno a la paz, algo que preocupa. Aunque no estemos en un periodo de miles de guerras, las que hay son suficientes como para lesionar nuestra sensibilidad.
Difícil lo tiene el señor Guterres, don António, puesto que su predecesor se fue con la queja doliente de que todo lo intentó, todo lo hizo, y aunque dice que nunca perdió las esperanzas, las condiciones en las que funciona este organismo internacional, la Organización de las Naciones Unidas (ONU, que lleva 71 años de funcionamiento y que surge después de la Segunda Guerra Mundial como necesidad de equilibrar la actividad de los diferentes países, y para establecer un control, justicia, advertimiento), son muy loables en principio, pero con una particularidad –que es de lo que nosotros nos hemos quejado mucho: la dimensión del veto (el derecho al veto). Cuando el Consejo de Seguridad de la ONU se reúne, los cinco países 'miembros permanentes' tienen la posibilidad del veto (China, EE.UU., Francia, Reino Unido y Rusia). En consecuencia, cuando se propone alguna acción -a propuestas de la Asamblea General, o a propuestas del mismo Consejo de Seguridad- se puede ver bloqueada y no puede adentrarse y desarrollarse debido a ese veto. Pero, indudablemente, a través de estos 71 años las Naciones Unidas han tenido un papel importante en el desarrollo de organizaciones, de control, de relaciones, de comunicaciones… Quizás el papel más fundamental ha sido el de favorecer las comunicaciones entre las representaciones de los diferentes países, ya que esto ha permitido una mayor transacción de tipo económico, cultural y social.
Si bien es cierto que la ONU es un organismo tan enorme, con unas deudas tan enormes (su financiación se obtiene por las contribuciones obligatorias de los Estados miembros, pero muchos de ellos llevan con retraso dichos pagos, siendo el mayor deudor EE.UU.), que se mantiene con muchas triquiñuelas, y con muchas divisiones en el seno de la actividad… también hay que reconocer que el hecho de que cada país tenga un representante en Naciones Unidas hace que actúe como el “gran parlamento del mundo”. Pretendía ser el “gran gobierno del mundo” pero no lo ha sido; quizás no lo sea nunca, pero quizás también tengamos -hoy- que animarnos a pensar que otro nuevo Secretario General traerá nuevas perspectivas y nuevas ilusiones (sin que ello signifique que el anterior haya sido malo) ya que el ‘leitmotiv’ es la paz en todos los sentidos.
Esperemos que el derecho al veto, a la prohibición, sea en alguna medida revisado y anulado, puesto que va en contra de las mínimas leyes de la democracia, y pretende ser la ONU (Organización de Naciones Unidas) un organismo democrático y pragmático para ayudar, resolver y mitigar los problemas de nuestra especie.
Así que, este Editorial vaya por Naciones Unidas y por el afán que seguramente pondrá el señor Guterres, António, para que nuevas ideas y nuevos proyectos puedan clarificar y puedan permitir a esta organización actuar; y sobre todo –fíjense en nuestro deseo- gane en credibilidad y gane en transparencia, y esto fuerce a los diferentes países que pertenecen a esta organización de Naciones Unidas a obedecer, a responder, a colaborar activa y efectivamente.
Bienvenido, don António. Ojalá tengamos en este primer año de su mandato (ayer empezó) el gusto y el orgullo de que un portugués, un vecino nuestro, tenga la posibilidad de cambiar algunas estructuras y, sobre todo, hacer funcionar otras, y que las gentes paguen sus deudas como países.
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El derecho al veto: El Consejo de Seguridad (cuya responsabilidad primordial es mantener la paz y la seguridad internacionales) se compone de 15 miembros: cinco permanentes y otros diez no permanentes elegidos por un periodo de dos años por la Asamblea General entre los 193 países miembros. Las decisiones el Consejo de Seguridad serán tomadas tras el voto afirmativo de al menos nueve miembros.
A finales de la Segunda Guerra Mundial, China, Francia, la Federación de Rusia (antigua URSS), el Reino Unido y los EE.UU. desempeñaron una función fundamental en el establecimiento de las Naciones Unidas. Los creadores de la Carta de las Naciones Unidas estaban seguros de que estos cinco países seguirían desempeñando un papel importante en el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales. Por eso, a los “cinco grandes” se les otorgó un poder de voto especial, conocido como el “poder de veto”. Se acordó que en caso de que uno de los cinco grandes» ejerciera su poder de veto dentro del Consejo de Seguridad, la resolución o decisión no se aprobaría.
Los cinco miembros permanentes, en uno u otro momento han ejercido el derecho de veto, algunos con más frecuencia que otros. Si un miembro permanente no está totalmente de acuerdo con una propuesta de resolución, pero no desea emitir un veto, puede optar por la abstención, lo que permite que la resolución se apruebe si obtiene el número requerido de nueve votos favorables.