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EDITORIAL: BUEN VIAJE A UN ESTADISTA DIGNO DE ADMIRAR POR SU DIPLOMACIA

El Editorial no podía ser otro: se nos fue Simón Peres. El que ha sido uno de los artífices de la creación del Estado de Israel junto con Ben Gurión (quien fue su maestro por así decirlo, su mano inicial). Se va después de haber padecido hace una semana una hemorragia cerebral masiva. Esta vez no se ha podido recuperar

 

20160901 COMUEl Editorial no podía ser otro: se nos fue Simón Peres. El que ha sido uno de los artífices de la creación del Estado de Israel junto con Ben Gurión (quien fue su maestro por así decirlo, su mano inicial). Se va después de haber padecido hace una semana una hemorragia cerebral masiva. Esta vez no se ha podido recuperar. Buen viaje a este estadista que merece algún comentario genérico.

En Israel ahora mismo, en la ciudad santa de Jerusalén, si se va al oeste –toda la franja israelita- el duelo y el rasgarse las vestiduras está presente por el dolor que produce esta desaparición. No es así en el territorio del este –donde están los palestinos-. Allí hay silencio, no hay nada que comentar, nada que decir, puesto que se acuerdan más de la época en la que Simon Peres era “halcón”, y como tal tiene algunas cosas que aportar (halcón belicoso). Fue uno de los primeros que importó armas a Israel cuando el territorio era inglés, en las primeras escaramuzas que hizo Israel para obtener el territorio. También no hay que olvidar lo más significativo en esa época: conseguir un reactor nuclear (departe de Francia, en tiempos del señor Charles de Gaulle, esto ocurrió en 1959), y se convirtió el primer y único país con armamento nuclear no reconocido. Esa época más algunas otras pequeñas cosas, como el favorecer los asentamientos de israelíes en la franja de Cisjordania, le colocan en esa faceta de halcón de la creación de un nuevo estado, en la que la violencia y el armamentismo eran absolutamente imprescindibles (según los deseos de los hebreos).

Como todos los de su edad, su abuelo padeció la persecución y muerte por parte del Holocausto. Su origen fue Polonia, y llegó a territorio israelí pensando en no dedicarse a nada de política en especial, pero… empezó a hacerlo y, tanto fue el saber estar y la “mano izquierda”, que consiguió una paz más o menos duradera impulsando en su etapa de Ministro de Exteriores los 'Acuerdos de Oslo', entre el gobierno israelí (Isaac Rabin) y la Organización para la Liberación de Palestina (Yasser Arafat), firmados en 1993 con el presidente estadounidense Bill Clinton de espectador. Este logro le valió a Peres el Premio Nobel de la Paz (1994) el cual compartió con Yasser Arafat e Isaac Rabin. Lo cierto es que dichos acuerdos dieron sus frutos y resultados, pero luego se vinieron abajo.

Podemos decir que su época pacifista ha sido mucho más fructífera y de desarrollo que la época belicista inicial, que era –por así decirlo- inevitable. Pero indudablemente, como negociador político, increíble.

Pasó por toda la escala del poder en Israel. Por supuesto, imagínense, gran conocedor de su comunidad judía.

Ocupó en dos ocasiones la jefatura del Gobierno (Primer Ministro), y también ocupó la jefatura del Estado (fue elegido Presidente de Israel).

Hizo todo lo que pudo (no sabemos hasta qué punto, claro) por conseguir una paz más o menos estable con los vecinos palestinos, pero no era ni es nada fácil (como vemos ahora).

Su legado, sin duda, para la creación del Estado de Israel es evidente. Su capacidad negociadora era sensacional. Y su valía como político internacional es evidente. Es evidente que todos le recuerdan como un gran negociador, un gran “pactador”, y siempre sabiendo los terrenos que pisaba dentro y fuera.

Dentro de sus facetas más humanas, decir que cuando le preguntaban por su vacaciones (cuándo las tomaba) decía que no entendía qué era eso. Jamás tomó vacaciones, nunca en 93 años. Tenía mucho que hacer, mucho que trabajar, y no tenía tiempo para las vacaciones.

Gran lector. Leer para él era como el comer. Eso le proporcionó una gran cultura.

Se granjeó mucho la relación con los jóvenes, muchísimo, hasta el punto de tener cuenta en Twitter (recientemente, antes de fallecer) con la que compartía novedades.

También destacar que tres hijos seguirán su estela (seguramente), siete u ocho nietos, y tres biznietos.

Esta figura, sin duda una figura del siglo XX-XXI, que pasará a la historia del Estado de Israel y de la Diplomacia, y del gobernar de las modernas democracias.

Buen viaje, buen viaje a Simon Peres. Una persona digna de admirar dentro del contexto general. Si nos vamos a la parcialidad, habrá quien no lo admire en absoluto, por supuesto, pero si lo vemos en la universalidad del ambiente donde se desarrolló, desde luego no encontraremos ninguna otra figura que se le acerque ni lo más mínimo (en el plano genérico del buen hacer).