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EDITORIAL: CASCOS AZULES, FUERZAS DE LA VERGÜENZA

Nuestro Editorial hoy nos lleva a las Fuerzas de Paz de la ONU, los popularmente llamados ‘cascos azules’ (a quienes quizá les pusieron los cascos azules porque serían como “venidos del cielo”), quienes recibieron el Premio Nobel de la Paz 1988 ( “gracias a su labor pacifista y participación en numerosos conflictos des

 

201610 COMUNuestro Editorial hoy nos lleva a las Fuerzas de Paz de la ONU, los popularmente llamados ‘cascos azules’ (a quienes quizá les pusieron los cascos azules porque serían como “venidos del cielo”), quienes recibieron el Premio Nobel de la Paz 1988 (“gracias a su labor pacifista y participación en numerosos conflictos desde 1956”), y también el Premio Príncipe de Asturias 1993 de Cooperación Internacional.

Actualmente están prácticamente en una situación… por no decir ignominiosa, diríamos crítica, hasta el punto de que se plantea su supresión, debido a los excesos, corrupciones y violaciones que han hecho a lo largo del tiempo.

Fueron creados en 1948 al aprobarse la primera misión de mantenimiento de la paz de la ONU, cuando el Consejo de Seguridad autorizó el despliegue de observadores militares en Oriente Medio. (Los militares no iban armados, y la misión tenía como objeto vigilar la observancia del Acuerdo de Armisticio entre Israel y Palestina. Posteriormente, la primera operación de mantenimiento de paz “armada” fue la desplegada en 1956 para responder a la crisis del Canal de Suez).

Pero ya en la Guerra de los Balcanes (1991-1999) hicieron la primera "vista gorda" en Srebrenica, permitiendo un genocidio de primera magnitud (no impidieron la matanza de unos 8.000 varones bosnio-musulmanes a manos de militares serbios).

Después hicieron también la "vista gorda" en la Guerra Civil de Ruanda (1990-1994), su único objetivo fue sacar del país a los expatriados, pero no detuvieron el genocidio que acabaría matando a un tercio del país. (Los hutu intentaron exterminar a los tutsi. La cifra de muertos se estima en 800.000 personas).

También, y para que no faltara de nada, está demostrado que llevaron el cólera a Haití (por negligencia) en 2010 (año del gran terremoto), provocando más de 9.000 muertos confirmados y casi 800.000 infectados. (Los cascos azules ya llevaban desplegados en el país desde 2004 como parte de la Misión de Estabilización de la ONU en Haití para tratar de calmar la situación creada por el derrocamiento del presidente Jean-Bertrand Aristide).

No hace falta recordar las violaciones que ellos han consentido a pocos metros de sus  bases; han sido variadas y múltiples, una de las cuales tuvo lugar en la República Democrática del Congo en 2010, cuando en Luvungi se violaron al menos a 284 víctimas durante tres días (desde bebés hasta ancianas). La acción fue llevada a cabo por dos grupos de milicianos rebeldes, pero lo más grave es que a pocos kilómetros del lugar había una base con una parte de los 20.000 cascos azules de la Misión de Estabilización de la ONU en RD de Congo, y aunque les pidieron ayuda, no actuaron hasta 10 días después de que finalizara el asalto. 

Así mismo, en 2014, al menos 86 menores de un campo de refugiados de la República Centroafricana sufrieron abusos sexuales por parte de las tropas internacionales frente a su base durante meses, pero la ONU ignoró durante mucho tiempo la denuncia de estos hechos. 

Todo esto es importante decirlo.

Y ya este año 2016, el pasado 18 de julio, a plena luz del día, frente a las torretas de vigilancia de la base de Naciones Unidas de Juba (Sudán del Sur), los 'cascos azules' (2.500 soldados bien armados y entrenados para proteger a los civiles en ese Estado fallido) no quisieron intervenir cuando decenas de militares sursudaneses de etnia dinka secuestraron a 42 mujeres nuer, a las que violaron al lado de la carretera, a la vista de todos, mientras las golpeaban. Las víctimas de aquel asalto, que habían salido de la protección de la base para ir a recoger leña para cocinar, aseguran que era imposible que no las vieran desde su posición.

Días antes, entre 80 y 100 soldados sudaneses violaron en el hotel Terrain de Juba a cinco cooperantes extranjeras y mataron a un periodista a sangre fría. Las víctimas habían pedido ayuda en varias ocasiones a los cascos azules (estacionadas a unos 100 metros de ese establecimiento) pero la respuesta fue que "no podían ir a ayudarles".

Y ya para terminar la lista de Sudan del Sur, el pasado febrero se produjo una matanza de civiles en el interior de la base de los cascos azules en Malakal, con más de 60 muertos.

Todo esto, y más, nos muestra un panorama terrible. Terrible, ya que la idea era que estas Fuerzas de Pacificación (que para eso acuden a los lugares) intervinieran cuando no se dieran los procesos de paz. Pero ha sido un fracaso (¡y encima recibieron el Nobel de la Paz). Increíble, pero cierto.

La oferta mejor que hay ahora es que se construya un ejército pagado. No un ejército de cualquier país que se apunte, sin ningún entrenamiento y sin ninguna preparación; un ejército mercenario es lo que se propone ahora, con soldados y personajes que estén debidamente entrenados y debidamente condicionados. (Al parecer, las tropas llamadas 'cascos azules' son una miscelánea de diferentes países que no tiene ninguna selectividad ni ninguna formación realmente (ni militar ni ética), de ahí que se produzcan todos estos hechos constatados).

Pero hay también una innumerable lista de hechos que no han podido ser constatados ni demostrados, y que supuestamente han sido realizados por el ejercicio personal de los propios cascos azules, aprovechando y abusando de la autoridad que se les confería.

La ONU le deja al nuevo Secretario General otro encargo difícil de solventar, porque si antes los cascos azules eran en alguna medida una garantía, ahora resulta que en el estudio que se hace de todas estas fechorías, se está viendo que quizás nunca lo fueron, aunque... (quizás por el hecho de acudir) algo se apaciguaba.

Lo cierto es que su catástrofe, ejercicio, su deterioro y el sistema de violaciones consentidas (por otros y por ellos mismos) ha deteriorado enormemente la imagen de las Naciones Unidas en cuanto a este aspecto (en cuanto a los demás, ya se encarga todos los días el Consejo de Seguridad de hacerlo).

Una pena pero… ¡ahí está!