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EDITORIAL: EL TERREMOTO EN ITALIA DEBERÍA SERVIR DE ALERTA PARA CREAR INFRAESTRUCTURAS ADECUADAS

Nuestro Editorial de hoy versa sobre la situación en Amatrice, localidad de la zona centro de Italia donde se produjo un terremoto la pasada madrugada Ayer hablábamos de 73 muertos, luego de 159, y hoy hablamos de 247. Increíble. ¡Cómo se multiplica la catástrofe! Han fallecido 247 personas como consecuencia de un terr

 

COMUNuestro Editorial de hoy versa sobre la situación en Amatrice, localidad de la zona centro de Italia donde se produjo un terremoto la pasada madrugada

Ayer hablábamos de 73 muertos, luego de 159, y hoy hablamos de 247.

Increíble. ¡Cómo se multiplica la catástrofe! Han fallecido 247 personas como consecuencia de un terremoto en una región de un país occidental, en un área de la que se sabe que es terreno abonado para temblores (de alto riesgo sísmico). Ello nos hace pensar que no hay una buena infraestructura para dicha contingencia. Evidentemente, no es culpa solo de la infraestructura, por supuesto que no, pero no hay una suficientemente sólida para garantizar el que una localidad no se quede reducida a escombros (como así ha ocurrido).

Si eso hubiera ocurrido con la misma magnitud en Japón, el desastre hubiera sido infinitamente inferior, porque los japoneses han invertido (por saber que existe un alto riesgo sísmico por estar situados en una zona de colisión de placas tectónicas y volcánico) en medidas de seguridad en la construcción, y de cuidados al uso, muy, muy, muy especiales (los cuales conoce todo el mundo, no son ningún secreto).

Cuando ocurren estos dramas (hace poco, en abril y mayo, hubo dos terremotos en Ecuador), no podemos por menos que pensar que dichas zonas se volverán a habitar, se volverán a construir casas, pero… pueden volver a moverse las placas tectónicas.

Nuestro afán en el Editorial de hoy es hacer un llamamiento a las autoridades italianas (y a las autoridades a nivel internacional), para que impliquen a los Gobiernos en el desarrollo de máxima tecnología ante eventos de esta magnitud, cuyas consecuencias pueden ser reducidas hasta un porcentaje bajísimo de incidencia simplemente con no volver a construir de la misma forma que estaba. Habrá que institucionalizar unas construcciones a prueba de seísmos (que, insistimos, ya se sabe cómo hay que hacerlas).

Evidentemente, la naturaleza es “implacable” (entre comillas), y cuando dice aquí estoy… ¡aquí está! Sí, es cierto, pero muchas de las tragedias llamadas “naturales” pueden mitigarse a sabiendas de que pueden ocurrir, haciendo una prevención sobre las mismas.

Algo similar ocurre con los incendios forestales en verano, cuando hectáreas y hectáreas son devoradas por las llamas… Si hubiera una buena cobertura en cuanto a inspección, guardabosques, y equipos dedicados específicamente a la vigilancia del monte, los incendios no se producirían. Pero… ¡hasta a los norteamericanos les pasa! (Recordemos el último incendio de California, tan terrible).

No se dedica infraestructura a prevenir esos acontecimientos.

Ojalá se aprenda en la queridísima Italia, para que los gobernantes actúen y, ahora que ha ocurrido una tragedia tan terrible (de la cual un porcentaje de la población no se recuperará nunca ni mental, ni psíquica, ni emocionalmente tras ver todo perdido y destrozado) haya primeramente una buena recuperación (es nuestra intención así manifestarlo), y que la ayuda (del propio país e internacional que seguramente ya existe), que va a poner en marcha una serie de elementos, ojalá produzca una reconstrucción a prueba de seísmos. Que vuelva la vida allá donde la población quiere vivir pero con las garantías de la tecnología y de la seguridad de la que hoy se dispone.