EDITORIAL: LA EUROPA NO SOLIDARIA TAMBIÉN TIENE UN COSTE ECONÓMICO
Ayer tuvimos como Editorial las situaciones de las personas inmigrantes en la Unión Europea (UE) . Hoy vamos a ampliarla en otro sentido: el económico, del cual se conoce poco. La UE gasta casi 20.000 millones de euros en frenar la inmigración. Es decir, esto es lo que cuesta darles dinero a los países para que no deje
Ayer tuvimos como Editorial las situaciones de las personas inmigrantes en la Unión Europea (UE). Hoy vamos a ampliarla en otro sentido: el económico, del cual se conoce poco.
La UE gasta casi 20.000 millones de euros en frenar la inmigración. Es decir, esto es lo que cuesta darles dinero a los países para que no dejen salir a los suyos; es lo que cuestan las 9 vallas fronterizas que se han construido; esto es lo que se han gastado en personal de seguridad... (y todo durante solo los dos últimos años). Como consecuencia, en el 2015 llegaron 1,1 millones de inmigrantes, y se esperan 800.000 este año (gracias a esas medidas de freno).
Pero hay algo más importante: en 2015, los solicitantes de asilo eran 1,7 millones y costaron 18.000 millones de euros. Mientras tanto, la recepción de refugiados que se quedan en Europa durante un año cuesta casi 30.000 millones.
Estas son las conclusiones de un informe presentado esta semana por el Overseas Development Institute (ODI) bajo el título "Refugiados y migrantes de Europa. Flujos ocultos, fronteras más controladas y costes cada vez más altos”.
O sea, el gasto que está ejerciendo la UE por el problema de los inmigrantes es verdaderamente bestial. Si quitamos las vallas, etc. (que, evidentemente no han funcionado mucho porque las personas se han buscado para venir a Europa otros mecanismos, como coches, autobuses, etc. aunque el número ha descendido), los millones que podemos contabilizar son: por la recepción de refugiados 30.000 en un año, más 18.000 de los solicitantes de asilo, más 20.000 millones para el frenado de la llegada… son, entre unas cosas y otras, unos 68.000 millones de uros (hablando de una media para uno o dos años), y fíjense cómo estas medidas, además de no haber funcionado, no corrigen el problema básico que son los países de origen (véase su violencia, véase su pobreza, véase sus dictaduras, véase sus miserias).
Si todo este dinero se invirtiera adecuadamente en esos gobiernos, con la seguridad de que el dinero donado se fuera a emplear en el bienestar social de la comunidad (turca, siria, etc., nos da igual) sería realmente un apoyo real.
Si a esto se añadiera una presión de derecho internacional, sería una medida todavía más completa.
Si a esto se añadiera un bloqueo de las cuentas corrientes multimillonarias de esos países explotadores de seres humanos, todavía sería más importante.
Si a esto se añadiera un pequeño bloqueo con impuestos sobre los productos superfluos (no básicos y necesarios), todavía tomaría alguna consciencia esta explotación de la guerra, esta explotación humana que hace que las personas tengan que marcharse.
Y no realizar la política que se está siguiendo de invertir en los inmigrantes que se quedan, pero nunca suficientemente; de invertir en los que llegan, pero nunca suficiente (como veíamos ayer con el desmantelamiento de los campos de refugiados en Francia); de invertir insuficientemente en dar a los gobiernos para que no salgan de sus países (pero sin cambiar para nada las condiciones que provocan su salida). Mientras esto pase, esto va a ser un problema grave (que ya comentamos ayer en otro aspecto) para la UE.
Queríamos remarcar hoy el tema de ayer, ya que quedaba pendiente esta importante “contribución” (entre comillas) económica, ya que parece que están tratando con cubos de agua o lapiceros de colores, y resulta que son seres humanos.