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EDITORIAL: LA IGLESIA SE SUBROGA LA CAPACIDAD DE HABLAR SOBRE ALGO QUE DESCONOCE

El Editorial viene marcado porque el argentino arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, atribuye los feminicidios a la falta de desarrollo de los matrimonios, es decir, a la falta de que la gente se case. Eso de juntarse o arrejuntarse es lo que favorece el feminicidio. Y también la falta de matrimonios favorece l

 

201701 COMUNEl Editorial viene marcado porque el argentino arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, atribuye los feminicidios a la falta de desarrollo de los matrimonios, es decir, a la falta de que la gente se case. Eso de juntarse o arrejuntarse es lo que favorece el feminicidio. Y también la falta de matrimonios favorece la aparición de la pedofilia. (No crean que el señor se ha quedado corto, ¿eh?). Es increíble. Hay que tener en cuenta que durante los primeros 10 meses del año pasado en Argentina se han producido 230 mujeres asesinadas por sus parejas. ¡Son unas cuantas! Una mujer es asesinada cada 30 horas en Argentina…

Pero ahí no acaba la cosa. Tenemos aquí en España el cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, que dice “Adoctrinar a los niños en ideología de género es una maldad”. Y añade “hay una verdadera colonización ideológica”, “es una contradicción y una desfiguración de lo verdadero”. Según Cañizares, “la familia, fundada en la unión indisoluble entre un hombre y una mujer, constituye el ámbito privilegiado en el que la vida humana es acogida y protegida hasta su fin natural”, y por ello resalta que “los padres cristianos tienen la obligación insoslayable y fundamental de educar a sus hijos en la fe y en los valores que dignifican la existencia humana”.

Pues… el guiño que hizo el Papa a la comunidad gay pues fue un guiño, pero estos otros, como se suele decir, son más papistas que el Papa. Que este señor, Héctor Aguer, atribuya a la falta de matrimonio, a las separaciones y al estilo de comunión y de unión, las muertes producidas (por ejemplo los 230 mujeres asesinadas en los 10 primeros meses del año) en Argentina, pues…

¡Es lógico! Ustedes, la Iglesia, en teoría no deberían de saber nada de los matrimonios; de lo que es la pareja humana, puesto que tienen votos de pobreza, castidad y obediencia. Entonces no saben lo que es. No sabemos cómo se atreven…

Nosotros, cuando ya hemos tenido uso de criterios, siempre nos han parecido increíble ver con qué ligereza la Iglesia habla del matrimonio, y cómo se atreven a unir a dos personas cuando ellos –véase Estado Vaticano- tiene prohibido el matrimonio. ¡Es que fíjense hasta qué punto hemos llegado! Y la influencia de la Iglesia en torno a la familia y al matrimonio es todavía enorme en todo el mundo. Nos parece increíble, porque uno puede hablar, gestionar, sugerir algo en torno a algo que más o menos pueda conocer y en lo que se tenga experiencia. Pero en teoría y en la práctica, la Iglesia, como portadora de unos valores a través de unos señores que son “castos”… No saben lo que es convivir, no saben lo que es formar una familia. (No olvidemos que el termino familia y la formación de una familia era propia de esclavos en el Imperio Romano. Y es la Iglesia Católica Apostólica y Romana… Los romanos no tenían familia; no se “juntaban” en familias). Igual que, como dijo el Cristo a María “Mujer, ¿qué tengo yo que ver contigo?”. El Cristo no se llevaba a la familia precisamente, iba con unos apóstoles, y ya.

No vamos a recabar más, pero sí que nos parece importante editorializar estas posturas de estos radicales personajes (tenemos que decir ‘personajes’, lo sentimos. Tiene un cierto sentido peyorativo pero…). Es tan fácil, y con qué facilidad la Iglesia dogmatiza sobre aspectos que, en principio desconoce (o los conoce mal). Se atreven a opinar y a decir y a regular como sacramento (el sacramento del matrimonio), siendo ellos los que institucionalizan ese sacramento y ejerciendo como célibes. Sobra añadir otros comentarios. Lo cierto es que eso está ahí, e influye de tal forma que, si te sale bien el matrimonio… vale; si te sale mal, es indisoluble, y tendrás que soportar las palizas de tu marido (que es lo más habitual), o los castigos, o el mal sentir y el mal vivir, o lo que sea.

En fin, las cosas han cambiado (afortunadamente); han cambiado, y la comunidad humana se ha ido dando cuenta de que la convivencia se establece, y ha de establecerse, libremente (porque… ya el Estado también está liado porque aconseja que sean “parejas de hecho”, porque eso te quita impuestos y cosas parecidas, para asemejarla a un matrimonio civil…). Todos van en la misma honda de vulgaridad.