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EDITORIAL: PREOCUPANTE LA ACTITUD BELIGERANTE DE TRUMP. AHORA CON CHINA Y VENEZUELA

Hoy, nuestro Editorial está dedicado al señor Trump. Como saben, el nuevo presidente norteamericano en pocos días -ya oficialmente- va a tomar las riendas, pero ya ha empezado a mandar de una forma clara y contundente. Y los primeros pasos del mandato auguran tensiones importantes, la más importante de las cuales es la

 

201701 COMUNHoy, nuestro Editorial está dedicado al señor Trump. 

Como saben, el nuevo presidente norteamericano en pocos días -ya oficialmente- va a tomar las riendas, pero ya ha empezado a mandar de una forma clara y contundente. Y los primeros pasos del mandato auguran tensiones importantes, la más importante de las cuales es la que se ha desencadenado con China, por dos razones:

Por una parte porque amenaza (ha sido una amenaza... de momento) el señor Trump con reconocer a la República de China (o simplemente Táiwān), es decir, reconocerlo como un nuevo país, como así era antes de que apareciera la República Popular China (o simplemente China).

Eso por una parte, y por otra parte está el asunto de las islas del Mar de la China Meridional. Seguramente sabrán que varias naciones del sureste asiático limítrofes de este mar se disputan desde hace tiempo la soberanía sobre 250 rocas, arrecifes y pequeñas islas (que suman una superficie total de tan sólo 9 km2, y que muchas están sumergidas durante la marea alta), pero... se las disputan porque el país que controle dichas islas tendrá la mayor concesión de los 2,25 millones de km2 en el Mar de China Meridional y de toda la pesca y petróleo debajo de éste. China está convencida de que es el propietario legal de todo el mar, y el resto de los países limítrofes no están de acuerdo con esa idea, y están buscando aliados (involucrando a potencias como EE.UU., que aunque no mantiene reclamaciones territoriales en la zona, sí tiene un gran interés en el flujo sin obstáculos de las rutas comerciales) para enfrentarse a China y reclamar la soberanía. Entre todos esos enclaves territoriales, el archipiélago de las Islas Spratly tiene especial relevancia porque en él hay siete islas artificiales que China construyó sobre arrecifes de coral parcialmente sumergidos, y ahora las reclama como suyas. De hecho, se dispone ya a utilizarlas como bases con puertos. Pues bien, ahora el señor Trump ha dicho que “de eso nada”. Primero, dice que prohibirá de todas las formas una nueva construcción de una isla artificial; y segundo, dice que habrá muchas dificultades para utilizar las que ya hay. (Todo esto lo ha hecho saber en boca del futuro secretario de Estado de EE.UU., Rex Tillerson, que parece ser un hombre muy lanzado).

Ante estas declaraciones, la República Popular China (China) ha contestado que no son una buena referencia sus palabras (con el apoyo de Trump) porque esta situación (y esto ya son palabras mayores) se corresponde con una justificación para una confrontación armada. “Si la diplomacia del equipo del presidente electo de EE.UU., Donald Trump, prosigue con sus desafíos, ambas partes deberían pensar en prepararse para un enfrentamiento militar”. Y, claro, esto es noticia de primera plana y tiene que ser Editorial hoy: China reconoce que de instaurar esa actitud política el señor Trump (con respecto a las islas artificiales y con respecto a Taiwán) se abriría la posibilidad de una confrontación armada (obviamente entre EE.UU. y China, en un escenario neutral… o no).

En cualquier caso, lo dicho por Trump y la respuesta de China, son de gran importancia porque se abre una posible confrontación armada, cosa que hasta ahora, con la política de Obama (que había hecho la vista gorda aunque había enviado un destructor para ver cómo iba la construcción de las islas artificiales) no se había puesto ninguna pega. Y los otros países tampoco, porque realmente el usufructo y la utilización de estas plataformas artificiales le corresponden a China (por razones obvias de su construcción). Ahora quieren renta todos los demás. Sin entrar en cuestiones de justicia, lo cierto es que la posición del señor Trump con respecto a China es beligerante (cosa no rara porque él es beligerante con cualquier cosa), pero parece ser que ha tenido especial interés en China.

Todo lo anterior es una parte del Editorial.

La otra parte de El Editorial es que el señor Trump ha pedido especial atención, y se ha reunido más de 30 minutos, con asesores de política latinoamericana para preguntarles específicamente por la República Bolivariana de Venezuela... (Y esto ya son palabras tan mayores como las otras). Trump ha preguntado específicamente por los dos presos políticos más famosos, sobre todo por Leopoldo López, y también por el alcalde de Maracaibo, Manuel Rosales (que están presos). Al señor Trump no le ha gustado esta situación, y parece ser que la tenía muy bien pensada porque además de preguntar por América central (aparte de Mexico, ya que éste es otro problema), ha estado muy interesado en la situación política de facto de ahora (así lo reconocen los que han hablado con él) con Venezuela; cuál es la situación real de Venezuela, qué pasa con esos dos presos políticos, y cuál es la posición que tiene que adoptar EEUU con respecto a ello.

Pues miren ustedes: si se habla de confrontación política que podría derivar en confrontación armamentística con China, en un caso más pequeño como es Venezuela, las armas están más por todo lo alto porque tiene más justificaciones para intervenir el señor Trump en Venezuela (para confrontar políticamente una situación con China que puede derivar en confrontación con armamento). Es una palabra muy peligrosa, y obviamente nos confronta a todos.

Y ya, de paso, sale la noticia de que hay poca seguridad antinuclear en EE.UU., y que por ello el estado de Arkansas, por ejemplo, podría desaparecer en una sola explosión por una bomba nuclear… (No sabemos por qué nos cuentan esto ahora pero… “Te lo digo, Pedro, para que te enteres, Juan”). Ya empieza a hablarse de destrucciones de ciudades enteras por ataques nucleares.

En fin, creemos que el señor Trump está jugando sus bazas de amedrentamiento y de miedo a todo el mundo para asegurar sus tasas de crecimiento nacional. Ante esto esperamos que los países tengan a bien no caer en esa trampa, porque no creemos que estén con una actitud de llegar a una confrontación militar. No lo creemos. (No lo creemos… ¡de momento!, porque los políticos son capaces de eso y de cualquier otra cosa).

Este es nuestro Editorial y nuestra preocupación.