EDITORIAL: LLAMA LA ATENCIÓN EL CLAMOR MUNDIAL EN CONTRA DEL MÉTODO, PERO NO EN CONTRA DEL PROBLEMA A SOLUCIONAR
El Editorial de hoy destaca por su especial relevancia, y desde un lugar del que hace tiempo no decimos nada: nos vamos a Filipinas, y nos vamos con su nuevo presidente Rodrigo Duterte . Duterte prometió –cuando en mayo ganó las elecciones por una mayoría absoluta- que “ iba a acabar con el narcotráfico ” . En aquel en
El Editorial de hoy destaca por su especial relevancia, y desde un lugar del que hace tiempo no decimos nada: nos vamos a Filipinas, y nos vamos con su nuevo presidente Rodrigo Duterte.
Duterte prometió –cuando en mayo ganó las elecciones por una mayoría absoluta- que “iba a acabar con el narcotráfico”. En aquel entonces no dijo exactamente cómo iba a acabar con ello pero… ¡ha empezado!
Y ha empezado de tal forma que en dos meses han fallecido 1.900 personas (entre traficantes, no traficantes, y adeptos al tráfico); en dos meses ha realizado 11.000 detenciones (de personas relacionadas con las drogas); y... (ahora viene lo increíble) en dos meses se han entregado a las autoridades más de 670.000 filipinos (que estaban ligados, directa o indirectamente con la droga).
Como era de esperar, estas cifras han despertado enseguida las suspicacias de la ONU y de organizaciones como la ONG Human Rights Watch (HRW), pensando que esta “carta de libertad” de la justicia filipina a través de la Policía y el Ejército no se puede consentir de ninguna manera. Quieren que las cosas sigan, más o menos, como antes (con la DEA actuando por allí y cogiendo a algún narco, a otro no, a otro sí…), y para ello aducen que narcos importantes, importantes, no han cogido…
A nosotros nos llama la atención que 670.000 personas se “entreguen” a la policía por haber participado (o participar) en labores de narcotráfico.
Evidentemente, está claro que este señor ha empezado a cumplir con lo prometido. El que la Policía está de “gatillo fácil”, eso también está claro (pero… ¡tampoco es que los narcos tengan mucha compasión a la hora de disparar!).
Es decir, nos llama la atención –mucho- esa preocupación con estos resultados sorpresa obtenidos en dos meses. Parece que a pesar de todo lo que dicen de acabar con la droga, etc. etc. en realidad, lo de “acabar”, no está tan claro.
No es que estemos de cuerdo con un sistema policiaco para acabar con la droga; no, no, en absoluto, pero nos llama la atención que cuando se ve un aviso (por el método que sea) que esto puede acabar, en seguida las instituciones más exquisitas dan la voz de alarma para defender los derechos de los que no defienden nuestros derechos: de los que intoxican a nuestra juventud, de los que cronifican un problema en la población, de los que idiotizan a millones y millones de personas a través de las drogas, de los que asesinan impunemente a través de las drogas “cortadas”… todos los días en todos los países.
Nada de eso sale. Parece ser que interesa mejor una ciudadanía debidamente dosificada (como ocurre en España con los accidentes de tráfico, cuando nos dicen que casi el 50% de las personas que fallecieron en accidente de trafico estaba bajo efectos de alguna droga o alcohol). Parece ser que eso es lo normal.
Normalmente no se ve la trascendencia de todo el sistema de drogadicción que hay en el mundo, y cuando se trata de hacer algo (e insistimos en que no somos partidarios de ir matando gente, aunque tampoco nos consta que esos señores anden matando narcotraficantes exclusivamente), ya que lo que sí es cierto es que van a deshacer las concentraciones de este tipo, todo el mundo occidental ha levantado la voz diciendo que este hombre es un maldito, es un pérfido que solo sabe hablar, que tal, y que cual…
Nos llama la atención: nadie dice nada por aquel chaval que es encontrado en un servicio con una jeringuilla puesta al que el de la esquina le ha vendido heroína cortada con estricnina. Ante toda esa secuencia de violencia que hay, y de maltrato, y de… (las palabras se agotan), ante eso nadie parece asustarse o preocuparse, y HRW se limita, en todo caso, a dar cifras.
Pero si por alguna forma, o de laguna manera, se intenta sitiar (y no tenemos por qué sospechar que el Ejército lo esté haciendo mal –o bien- sino que simplemente el Gobierno filipino ha decidido hacerlo por los métodos que le otorga la ley), en ese momento hay “miedo”, como diciendo “a ver si uno de los principales consumidores y productores se nos va a venir abajo”.
Nos llama mucho la atención ese corte de opinión con respecto a unos y a otros: no sabíamos nada de este presidente filipino, hasta que empezó a actuar; hasta que empezó a actuar en contra de la droga; hasta que logró que 670 000 personas se “entregaran”; hasta que detuvo a 11 000 personas (en 2 meses)… A lo que hay que añadir, claro, el capítulo de las personas que han fallecido como consecuencia de los enfrentamientos entre la policía y los que andaban en ese trajín.
En cualquier caso llama la atención, ¿verdad? De los demás no se quiere hablar, de lo demás nadie opina; de lo demás… ¿para qué?
Este es nuestro Editorial de hoy, sin pretender defender a nadie, ni a ningún método, pero sí poniendo al atención en que busquemos en verdad la buena solución a este problema de narcotráfico y drogodependencias que asola el mundo, y que acaba con las juventudes (y con las no juventudes), y que parece ser un estilo de vida al que no se le puede tocar porque de ello viven muchos, muchos… y más. ¿Eso es vivir?