EDITORIAL: LOS ESTADOS DE CONSCIENCIA EN RELACIÓN CON LOS PLACERES ESTÁN FRANCAMENTE PERTURBADOS
Nuestro Editorial va por una noticia que ya se va haciendo cada vez más “habitual”, pero no sabíamos –y de ahí la importancia de traerla aquí- la proporción: hay 10 denuncias al día, en España, por abusos sexuales a menores. Nos parece una cifra importante. ¿Por qué? Porque estas agresiones sexuales a menores (en las q
Nuestro Editorial va por una noticia que ya se va haciendo cada vez más “habitual”, pero no sabíamos –y de ahí la importancia de traerla aquí- la proporción: hay 10 denuncias al día, en España, por abusos sexuales a menores.
Nos parece una cifra importante. ¿Por qué? Porque estas agresiones sexuales a menores (en las que se constata la denuncia de ‘diez por día’), evidentemente, tendremos que multiplicarlas –como mínimo- por cinco porque llegar a esa denuncia, llegar a esa posibilidad, es hartamente difícil ya que el miedo, el terror, el estado paralizante en el que entran los niños en estas circunstancias –de manera general, aunque habría que ver cada caso en particular- es inhabilitante para saber si realmente les ha ocurrido una agresión sexual. Si hay 10 diarios denunciados, a lo mejor la realidad supera los 50.
Nos preguntamos, entre otras cosas, qué está pasando. ¿Es –como se suele decir en estos casos- que antes también ocurría pero no había la comunicación que tenemos ahora? ¿Es que antes…? (Siempre se compara con “antiguamente”).
Lo cierto es que la pederastia ocupa un papel cada vez más significativo, y aunque está penado por la ley, ya es una cuestión de “hábito” en el que, incluso por los medios informativos de internet, se habla de “otras formas de sexualidad”… Aunque en el caso de esta noticia estamos hablando de agresiones, o sea, no hay ningún consentimiento por parte de la segunda parte (la agredida), con lo cual la situación es más grave porque el adulto se cree con ‘derechos a’.
Recientemente han descubierto (en relación al caso de la familia que tiene una niña con una enfermedad rara cuyo padre realizó una estafa con emotivas campañas de captación de fondos para financiar su tratamiento y que se descubrió que todo era falso) una memoria extraíble de ordenador en la que había imágenes de claro contenido sexual o pornográfico, y que estaba usando a la hija para todo ello… Bueno, podemos sacar toda la basura –porque es basura- que sea posible, y todo el dramatismo que conlleva esa situación de abuso de poder hasta esos niveles: agredir sexualmente a un menor.
Lo importante y significativo (también en este caso) es que la mayoría de las veces estos abusos ocurren en el seno de la propia familia; no es que el niño vaya por la calle o al colegio, y allí le pillan y… No, no, no. Es, insistimos, casi un hábito. (Como el caso ocurrido en Sevilla de un catedrático de Educación Física que ha sido condenado a siete años de prisión, y ha sido apartado de su actividad porque abusaba sexualmente de dos de sus profesoras y de una practicante), y en esto llevaba tiempo, ¿verdad? Pues bueno… Por lo pronto dudamos mucho que cumpla su condena (lo dudamos muchísimo), pero el cierto grado de impunidad que exhiben los jueces es tan significativo que ya empieza a ser una estadística (como cuando se dice “¿Cuántos millones de personas toman café el día?” o “¿Cuántos cigarrillos se fuman al día?” o “¿Se fuma más por la tarde o por la mañana?). Cuando la situación entra en un nivel estadístico cuantificable, ya empieza a ser una costumbre y un hábito, y ello nos parece una situación muy, muy grave.
Los estados de consciencia en relación con los placeres (la sexualidad fundamentalmente) están francamente perturbados. Y perturbados, seguramente, por ese estilo de ganancia, de consumo, de poder, de alcanzar, de conseguir… y de destrucción, de autodestrucción, y con ello destruyo a los demás. Todo un fenómeno para argumentarlo psicológica y psiquiátricamente.