EDITORIAL: NO HAY PEOR CIEGO QUE EL QUE NO QUIERE VER (COMO ASÍ HACE LA UE)
La Unión Europea (UE), al ritmo actual con el que va recogiendo, reacomodando, reubicando a los refugiados… tardará 43 años en hacerlo. El dato es grave. Europa se comprometió en julio de 2015 a reubicar a las 160.000 personas solicitantes de asilo que iba a acoger en un plazo de dos años, y hasta el momento ha reubica
La Unión Europea (UE), al ritmo actual con el que va recogiendo, reacomodando, reubicando a los refugiados… tardará 43 años en hacerlo.
El dato es grave. Europa se comprometió en julio de 2015 a reubicar a las 160.000 personas solicitantes de asilo que iba a acoger en un plazo de dos años, y hasta el momento ha reubicado a 3.105, y ha reasentado a poco más de 7.200 personas.
Esto es una evidencia clara de que no se quiere reubicarlos y de que no se quiere a ningún refugiado.
Pero hay más datos: España sólo ha recibido a 305 de los 586 que el ministerio del Interior anunció que esperaba traer a España antes de mediados de junio de 2016 (y que forman parte de los 16.000 que el Gobierno se comprometió a acoger antes de que finalice 2017).
¡Esto es grave!
Más datos: en el 2016 han muerto unas 3.000 personas ahogadas en el Mediterráneo, prácticamente la misma cifra que la de los reubicados en la UE desde septiembre de 2015 hasta el día de hoy (3.105 personas). Es decir, han reubicado a 3.000 personas, y han muerto al intentar venir para vivir a nuestro nivel otras 3.000.
Increíble, pero cierto.
De las 14.881 solicitudes de asilo y refugio que ha recibido España en 2015, denegó siete de cada diez (sólo 220 personas lograron el estatuto de refugiado, y 880 la protección internacional subsidiaria). Y no concedió la residencia por razones humanitarias ni a una sola de las 2.220 personas a quienes denegó la protección internacional.
Es evidente que la comunidad europea está ciega. Decimos ciega porque la UE en todos los ámbitos necesita –necesita- una remodelación de la población (no hay que ser muy listo para verlo) desde ya, desde el momento presente, y a corto, mediano y largo plazo.
No son las mejores condiciones las de los refugiados que vienen en estampida, ni son los más cualificados… pero… pero… pero, bien haría Europa (en el nombre de la “Liberté, Égalité, Fraternité”) en cumplir todas esas promesas y reacomodar a todos esos seres de humanidad que están bajo el yugo del miedo, del terror y de la persecución. No solamente por solidaridad con la especie sino por necesidades propias de este territorio europeo.
Cuando pase un poco más de tiempo y, efectivamente, sea inevitable aumentar la población para tener los servicios mínimos básicos, se pedirá a los otros países ayuda. Quizás sea demasiado tarde, y quizás entonces no nos quieran ayudar en las condiciones que –seguramente de carácter precario- ofreceremos.
Europa necesita una renovación, Europa necesita un revocatorio, Europa necesita un replanteamiento de todas sus condiciones. Un replanteamiento y revocatorio humanos, y una renovación de vitalidad y de vitalismo, aunque proceda de los que huyen del miedo y del terror.
De momento, algo de seguridad, algo –algo, algo- de recursos y medios podemos aportar, y eso es futuro casi inmediato. Como ocurrió en un primer momento en España con los inmigrantes, gracias a los cuales hasta aumentó la población, pero… eso se esfumó rápidamente: ahora tenemos menos población que entonces. Los inmigrantes, muchos de ellos, han vuelto a sus países de origen, y la población española ha vuelto a empobrecerse.
Todo esto es algo para meditar; es algo para reconsiderar.