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EDITORIAL: REFUGIADOS, EL PRESENTE DE UN DRAMA QUE CONTINÚA

El Editorial hoy se centra, de nuevo, en esta tragedia: rescatan a más de 6.500 refugiados /huidos /sin papeles /emigrantes… ¿Cómo llamarles? (según la categoría o el agua en la que se mojen)... ¡Seis mil quinientos!, frente a las costas de Libia. Una vez más Italia es protagonista. Impresionantes, impresionantes, impr

 

COMUEl Editorial hoy se centra, de nuevo, en esta tragedia: rescatan a más de 6.500 refugiados /huidos /sin papeles /emigrantes… ¿Cómo llamarles? (según la categoría o el agua en la que se mojen)...

¡Seis mil quinientos!, frente a las costas de Libia. Una vez más Italia es protagonista.

Impresionantes, impresionantes, impresionantes las imágenes que se ven en los medios de comunicación de esos barcos, cargados de personas de una manera absolutamente suicida, aprovechando el buen tiempo y las condiciones de la mar.

Nos gustaría preguntarle al señor Renzi (que lo tenemos de moda últimamente por el terremoto) si, además de lo que está haciendo (e Italia es indudablemente generosa en ese sentido), en qué medida podría hacer ayudar a sus socios europeos para que estos, a su vez, en comunión con los norteamericanos por ejemplo (aunque a la Unión Europea le vaya mal en relación al TTIP o Tratado Transatlántico de Libre Comercio que se quería establecer con EE.UU.) convencieran a los países de donde vienen estas personas de que cambiaran sus estilos de gobierno (sus dictaduras, sus malos tratos, sus persecuciones…), y así no tendrían necesidad de tener que embarcarse “a tumba abierta” (nunca mejor dicho) en el Mediterráneo, y ser pasto del fondo de este mar que agoniza –seguro- cada vez que un ser humano se ahoga.

Esta vez no ha habido que lamentar desgracias personales, pero 6.500 personas son muchas. Es una responsabilidad no solamente de los países mediterráneos sino de toda Europa, de toda una forma de pensar, de toda una manera de ser, de toda una manera de vivir que se ofrece al mundo entero y que solo Europa, Canadá, EE.UU., y Japón (por poner, así, un resumen) pueden permitirse el lujo de vivirlo, mientras que ese lujo es posible merced a la explotación y a gobiernos totalitarios de los países en los que la miseria y la pobreza abundan por sus fueros de una manera exagerada. Y, claro, sus habitantes desean otra vida diferente a la de menos de un dólar al día. Y por ello se juegan su vida, y lanzan a sus chiquillos a las barcazas para ver si alguien los recoge, y para ver si tienen más suerte que los que se quedan.

Responsabilidad subsidiaria por parte del pensamiento occidental de esta avalancha, la cual es imposible de controlar y que, indudablemente, es producida por esta forma de vivir, de estar y de ser occidental, que ha creado gobiernos imperialistas, demagogos y dictatoriales en dichos países para generar miseria, y así comprar mano de obra regalada, y materia prima casi a precio de “sin precio” (el desprecio), que esos regímenes colonialistas crueles generan para promover esta población que se lanza a la posibilidad del ahogo, o a la opción de retorno –que va a ser lo más probable-, o a la de una mínima posibilidad de quedarse y de alcanzar lo que realmente resulta inalcanzable.

Hasta aquí nuestro Editorial de hoy, que una vez más pone en presente un drama que continúa.