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EDITORIAL: S.O.S. DESDE ALEPO

Nuestro Editorial nos lleva de nuevo a Alepo. Decimos de nuevo porque, curiosamente, después de una tregua humanitaria que no se ha cumplido y no ha habido más aportes (250.000 personas habitan en la zona ocupada por los insurgentes y desde el pasado julio no han tenido ninguna ayuda humanitaria), los bombardeos… (¡qué

 

COMUNuestro Editorial nos lleva de nuevo a Alepo. Decimos de nuevo porque, curiosamente, después de una tregua humanitaria que no se ha cumplido y no ha habido más aportes (250.000 personas habitan en la zona ocupada por los insurgentes y desde el pasado julio no han tenido ninguna ayuda humanitaria), los bombardeos… (¡qué casualidad!) se han incrementado de una forma feroz después de la charla telefónica que tuvieron Donald Trump y Vladimir Putin.

La justificación de este redoble de barbarie del ejército ruso (y de las fuerzas de Bashar al-Assad lanzando bidones de dinamita) se atribuye en gran parte al apoyo que siente Putin con el nuevo presidente Trump. (Esto es mucho decir, claro, pero como han coincidido…).

Además, ahora Rusia esgrime la idea que no esgrimía tanto antes, de que hay muchos del ejército islámico del Estado Islámico (EI) por allí metidos, y también muchos de Al-Qaida. Al Frente Al-Nusra no lo nombra porque es un aliado de los EE.UU. (en teoría).

Lo cierto es que –como era también de esperar, terriblemente- el primer objetivo de los bombardeos han sido los centros médicos: un hospital y varios centros de atención primaria básica y mínima han sido bombardeados, en consecuencia, ya pueden deducir… Todavía no tenemos cifras de nada, pero… ¡qué puntería!

Se calcula (por lo bajo, nada más que por lo bajo) que actualmente, al cumplirse el sexto año de conflicto, han muerto 400.000 personas en Alepo. Suficiente motivo para declarar al presidente Bashar al-Assad como un “daño de lesa humanidad”. Si a ello le unimos los desplazados y los emigrantes, podemos suponer que la situación en el país es francamente terrible. Los que no pueden irse, evidentemente tienen que quedarse; y los que tienen que quedarse, irremisiblemente se están muriendo de una manera dramática: por hambre, por enfermedad, por sed y por bombas.

Mientras, una vez más (volvemos a repetir, aunque resulte machacón), los EE.UU., Francia, el Reino Unido, etc. miran hacia otra parte. Las teóricas conversaciones en Bruselas nunca dieron algún resultado. Nadie se atreve a aceptar una tregua humanitaria por parte de Rusia dada la voracidad de sus ataques, y ahora con la eliminación de hospitales (una nueva y poderosa moda).

La verdad es que solo nos queda decir: S.O.S. (Save Our Souls, Salvad Nuestras Almas).