EDITORIAL: SI ERES ANCIANO, NO CONDUZCAS. MUÉRETE
Nuestro Editorial hoy va de eutanasia, sí, y nos viene marcado por un país del que vienen pocas noticias (por su especial hermetismo, por su especial idiosincrasia) pero que, de vez en cuando, nos sonroja un poco: Japón, donde habitan 127 millones de personas, que tiene una cuarta parte de la población compuesta por ma
Nuestro Editorial hoy va de eutanasia, sí, y nos viene marcado por un país del que vienen pocas noticias (por su especial hermetismo, por su especial idiosincrasia) pero que, de vez en cuando, nos sonroja un poco: Japón, donde habitan 127 millones de personas, que tiene una cuarta parte de la población compuesta por mayores de 65 años (es uno de los países con mayor número de longevos) y que tiene un índice de demencia que alcanza los 4,6 millones de personas.
Aparte del famoso recuerdo del ministro de Finanzas, Taro Aso, en aquel entonces de 72 años, que en una alocución en una reunión del Consejo Nacional de Seguridad Social del país en enero de 2013 pidió a los pensionistas que se murieran pronto (“deben darse prisa y morir para aliviar los gastos del Estado en su atención médica”. ¡Fíjense qué barbaridad! Aunque… algunos seguro que le hicieron caso), ahora la “tiña” o la “tirria” son… ahora la han tomado con los ancianos que conducen. A los conductores de cierta edad se les invita directamente a que entreguen su carnet de conducir porque, según un estudio (muy ligero) realizado, suponen que una proporción de accidentes se da por la edad de los conductores.
(Tal como vimos hace un tiempo, lo que pasaba en España es que son los que menos índice de siniestralidad producen, aunque –tal como decía la nota de la DGT para tener razón sí o sí- “son los que cuando tienen accidentes, más fácilmente se mueren”. Claro, no es lo mismo tener un accidente a los 60 que a los 20, pero… el cuidado que tiene conduciendo una persona que lo lleva haciendo 30 o 40 años es significativamente mayor que el de otras personas que empiezan a hacer sus pinitos con los aceleradores, los frenos, y los adelantamientos, casi siempre con exceso de velocidad, o… alcohol, drogas y otras cosas).
Entonces, ¿qué se les ha ocurrido?... Pues comprar la mente de los japoneses ancianos que conducen. Hasta el punto, que el diario The Guardian señala cómo, en su afán por dar ejemplo al resto, el monje budista de 97 años, Taa Shine, fue voluntariamente a entregar su carnet de conducir diciendo que “Incluso si tengo cuidado al conducir, existe la posibilidad de que pueda causar un accidente. Es estúpido mantener el carné tan solo por orgullo”. En fin, como el Estado había dicho que a partir de cierta edad no se debe conducir porque “se es un peligro”… El problema es que hay muchas zonas en Japón en las que se necesitan vehículos para desplazarse, y además, si se hace un buen seguimiento, adecuado, a la persona, y se ve que está en condiciones de hacer su trabajo dignamente –en este caso conducir-…
Vamos a ver: cuando a un joven de 25 años se le hace un test psicotécnico, ¿cómo dará el resultado? Bien. Pero, ¿en el psicotécnico se le pregunta si toma éxtasis y se va a la ‘Ruta del Bacalao’ a 220 km/h? ¿A que no? Entonces… habría que valorar psicológica y psicotécnicamente al conductor (las dos cosas sería lo ideal).
Pues bien, en Japón han optado por ofrecerle a los ancianos rebaja en los baños públicos, rebaja si se va en taxi, rebaja en el precio de la peluquería, y… lo último: rebaja en un plato de sopa en los comedores (15% más barata la sopita si se entrega el carnet de conducir). ¡Imagínense! Claro, esto pasa en Japón, pero… ya verán, pasará aquí también. ¡Ya lo verán! Ya lo verán, cuando nos digan que nos dan sopita a un 15% más baratita, que podemos coger el bus más baratito… a cambio de que entreguemos el carnet de conducir (si no lo entregamos, no es más baratito. Ese es el asunto).
Es 'humanidad de desecho'. Cuando la humanidad llega a un tiempo de desecho, no te preocupes en desecharte tú, no. No te suicides, ya te matarán… despacio. Entre todos lo mataron, y él solo o ella sola se murió. Hemos entrado decididamente en el área y en el tiempo de la eutanasia. Demasiados esfuerzos se tuvieron que hacer para lograr que el ser humano viviera más años, y ahora que se ha conseguido, hay que exterminarlo porque es un problema para mantenerlo. ¿Qué les parece? Si esto es inteligencia, de verdad que tenemos que replantearnos nuestra definición de inteligencia. En realidad, estamos entrando ya en la guerra total.
(Hacíamos hoy un programa de Radio Pirata a las 15:00 y otro a las 17:00 horas de España, y el de las 15:00 fue ‘Radio Pirata Guerra’. Decíamos y proponemos muy seriamente que el planeta no se llame Tierra, ni Gaia, sino que se llame Guerra. Este es el planeta).
Pues… lo que nos faltaba para la guerra (de la que ya hay psicológica, de género, de todo, ¿verdad?) es la de exterminio. Ya ha habido prácticas de exterminio: hutus y tutsis, la II Guerra Mundial, 80 millones de indígenas americanos, el pueblo armenio, gitanos… Las prácticas del exterminio se han ejercitado en el adulto, y en cualquier edad, a lo largo de toda la historia. Pero ahora el exterminio es selectivo: a partir de cierto momento del calendario (éste es el que manda), la sociedad, el entorno, todo empezará… Tú antes te quitabas los zapatos y te ponías las zapatillas; ahora te quitan los zapatos y te ponen las zapatillas (y uno empieza a buscar… ¿Y esto? Claro: la pérdida del ejercicio de ciertas funciones atrofia las mismas). La eutanasia empieza en los más mínimos detalles. (¡Ojo!, que no estamos diciendo que no sea un motivo de afecto el que te quiten los zapatos, que te ayuden a poner las zapatillas, que te peinen, que te den un masaje “underground”, ¡nos parece fenomenal que eso se siga haciendo!, pero bajo el motivo del afecto, del amor, pero no bajo el motivo de decir “es que éste es ya un cacharro viejo. Vamos a acelerar su vejez”). Pero exactamente eso es lo que están haciendo, acelerar la vejez, para que ésta, que no es ninguna enfermedad, se convierta en una: enfermedades propias de la vejez (como enfermedades propias de la mujer, enfermedades propias de los niños) y, así, matarile-rile-rile, matarile-rile-ron.
Y si no, fíjense ustedes (los que tengan/mos una cierta edad ya): si están en condiciones de hacerlo, verán que allí donde van/mos a pedir un café, o a un restaurante, por ejemplo, te miran con cara de ojos golositos “a ver si te mueres prontito”. ¡En serio! Si uno pide cualquier cosa en un tono 'perfectamente audible', te declaran sordo y con problemas de dicción, y se acercan para entender lo que dices. Y fíjense también cuando vayan a comprar un cupón de lotería... Como ahora la propaganda que han sacado es fenomenal para la eutanasia (no les contamos el anuncio, mírenlo en la TV: eutanasia activa y pasiva; inducción al engaño con premeditación, alevosía, nocturnidad, “diurnidad”, y propaganda). Uno va a comprar un décimo de lotería y te miran “¿para qué querrás tú que te toque?” (¡hasta te pueden dar uno del año pasado!)…
Increíble la propaganda que se está desarrollando en todo el mundo a este respecto, y hoy curiosamente hemos cogido el detalle de Japón.