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EDITORIAL: UN TRIUNVIRATO ANACRÓNICO EN EL VATICANO

Estábamos un poco deshojando la margarita sobre cuál iba a ser nuestro Editorial de hoy, y hemos preferido seleccionar al ‘Triunvirato”. ¿Qué queremos decir con triunvirato? Pues… el Papa Francisco ha recibido por tercera vez al presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, y ha convocado al senador Álvaro Uribe para que

 

201612 COMUEstábamos un poco deshojando la margarita sobre cuál iba a ser nuestro Editorial de hoy, y hemos preferido seleccionar al ‘Triunvirato”.

¿Qué queremos decir con triunvirato? Pues… el Papa Francisco ha recibido por tercera vez al presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, y ha convocado al senador Álvaro Uribe para que también fuera al Vaticano. Este triunvirato reunido nos ha recordado a las más viejas gestas del Papado cuando éste interfería en todos los gobiernos (como ahora pero de forma más directa)…

Con motivo de la gira europea que está realizando el señor Santos y toda su familia, más una comitiva con el ministro de Asuntos Exteriores, militares, etc. el Papa ha dicho “Aquí estoy yo, y esto lo voy a dejar claro”. Primero se reunió a solas con el señor Santos, luego se reunió con el señor Uribe (que ahora hace galas de condescendencia, pero que estaba deseando que ocurriera, pensamos) también a solas, y finalmente se reunieron los tres, a solas.

Echamos en falta que el Papa convoque, en privado también, a Erdogan o… a Bashar al-Assad. No sabemos, a lo mejor es que no… ¿para qué, verdad? Los católicos prefieren arreglar entre ellos sus asuntos, y dominarse entre ellos. Si es posible, sin matarse. En fin, nos ha parecido eso que se suele decir “una injerencia en asuntos internos”. Una injerencia, francamente, fuera de onda, fuera de tiempo pero queda bonito.

Y, cómo no, el señor Uribe dijo que aprovechó para decir que había que arreglar todavía muchas cosas: “La verdad es que él [Santos] tiene sus tesis. Yo expresé mis preocupaciones y ojalá hubiera alguna oportunidad de apertura. Mutuamente nos escuchamos", “Le pedí que modificase los acuerdos y temas muy delicados que él no ha querido reformar y le pedí apertura delante de su santidad”, pero también dijo que “Los cabecillas de las FARC tienen que pagar cárcel”… Es decir, este muchacho ni con Papa tiene arreglo. Aunque… depende cómo se interprete, ¿no? Algunos dirán que qué valiente ha sido delante del Papa. (Lo que se ve delante de los periodistas. ¿Qué habrán hablado a solas?... Pues lo sabrán ellos. ¿Y qué habrán hablado los tres juntos?... Pues también lo sabrán ellos). A la población lo que nos muestran es el “gran proceso de esfuerzo” que tiene la Iglesia Católica para conseguir que la paz sea posible. Eso es lo que quedará en la memoria. Quien se lleva el gato, el perro y el loro al agua, es la Iglesia. Con esa vehemencia.

Y el señor Santos le ha dicho al Papa que “por favor, Paco, ayúdanos a salir de esta que con Uribe no puedo”. (Esto de “con Uribe no puedo” lo hemos puesto nosotros. Sabemos que nos escuchan “uribistas”). No tenemos nada contra uno o contra otro, solo nos remitimos a las evidencias). Las evidencias nos dicen que hay un proceso en marcha: “los acuerdos ya están firmados y en proceso de implementación”, y que tras una guerra de 52 años no se pude pretender hacer justicia, sino hacer la menor injusticia posible (que es lo que se ha hecho por dos veces, por lo que creemos que puede estar bien compensado aquel que reclamaba su parte), pero nunca es suficiente y siempre se quiere ser la guinda del pastel. Fácilmente, cuando se habla de paz parece que todo vale, pero… no todo vale, sobre todo de estas formas, donde (en este caso el Estado Vaticano) aprovecha la circunstancias para apuntarse un tanto. (Es así. Punto).

El Vaticano quiere también aprovechar las circunstancias para apuntarse otro tanto en Venezuela, pero lo tiene difícil. Creemos que allí lo que tiene que hacer el Papa es ir personalmente a reunirse, porque los miembros de la Mesa disidente ya no quieren saber nada de reuniones; sigue cerrada la frontera 72 horas más, y siguen las personas cambiando sus dineros… ¡Qué pena, qué vergüenza!).

Este es nuestro comentario a propósito de este acontecer político del que nos enseñan una cascara de nuez (o una cascara de huevo; seguramente de huevo).

Y qué más podemos pedir que, efectivamente, en ese increíble país deje de proseguir cualquier tipo de guerra. Nos encantaría, pero hay que colaborar en todos los sentidos con un espíritu -ya que estamos en El Vaticano- ecuménico.