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EDITORIAL: UNA BARBARIE MÁS; ESTA VEZ POR PARTE DEL ESTADO DE LOS EE.UU.

Comenzamos con un nombre: Micah Xavier Johnson, 25 años. Este señor es el que abatió como francotirador a cinco policías en Dallas (EE.UU.). Afroamericano, aunque (no sabemos por qué) en todos los medios de comunicación escrita (y estuvimos a punto de comentarlo ayer pero finalmente no lo hicimos) hablan de que “han ma

 

20160704 COMU

Comenzamos con  un nombre: Micah Xavier Johnson, 25 años. Este señor es el que abatió como francotirador a cinco policías en Dallas (EE.UU.).  Afroamericano, aunque (no sabemos por qué) en todos los medios de comunicación escrita (y estuvimos a punto de comentarlo ayer pero finalmente no lo hicimos) hablan de que “han matado a un negro”, o que “han matado a dos negros” (motivo este último que dio origen a la manifestación, por cierto)... Pues bien, han matado a varios negros, sí, pero no sabemos por qué no les llaman afroamericanos: les llaman negros. O sea, la misma escritura ya discrimina a las personas.

El caso es que en concreto en EE.UU. desde principios de año nada más y nada menos que han muerto a manos de la policía 509 personas, y 120 de ellas… afroamericanas (según datos de ‘The Washington Post’). Ahora también nos dicen que la policía denuncia ataques contra oficiales en Tennessee, Georgia y Missouri… ¡Claro!, lo que decíamos ayer: la rebelión del afroamericano ante la desfachatez de la policía contra individuos indefensos.

Pues bien, este nuevo suceso ha obligado al presidente Barack Hussein Obama a constreñir su agenda y regresar a EE.UU. mañana domingo.

Hasta aquí la noticia, pero nuestra reflexión del Editorial de hoy va en torno a un robot. Sí, resulta que este francotirador, Johnson, se refugió en un garaje, y como cualquier atrincherado que haya disparado, que haya matado, pues… fue sometido por la policía a conversaciones para negociar su rendición.

Hay (hace poco nos dieron a conocer a una serie de personas que se dedican a ello aquí en España) mediadores que tienen como función hablar con estas personas para que depongan su actitud (por ejemplo un pre suicida o un señor como este tipo). Pues resulta (y la noticia nos la "cuelan" así, aunque a nosotros no nos la han colado) que enviaron un robot cargado de explosivos y lo detonaron en el garaje donde estaba el sospechoso, y éste, claro, murió.

Vamos a ver: esto ya no se llama desproporción de medios, esto se llama un asesinato con premeditación, alevosía, nocturnidad y empleo de medios militares en el área policial. Y con esto no estamos defendiendo a este señor, ni le estamos crucificando tampoco, pero… es una situación grave. Este hombre sirvió a su país en Afganistán. Posteriormente parece ser que fue expulsado del Ejército por acoso sexual y parece ser también que necesitaba atención médica.

Evidentemente, no es de extrañar que alguien que estuviera lábil emocionalmente hiciera esa barbarie que hizo. Ahora bien, ¿ante esa barbarie vamos a hacer una barbarie mayor? O sea, tomar un robot, colocarle una bomba, ¡y enviarlo con una bomba!... Y ahora dicen que “no, es que ya habíamos dialogado con él cinco horas y no hubo manera de ponerse de acuerdo”. 

Es increíble la respuesta de la policía. Fíjense qué situación: ahora en Missouri, en Tennessee y en otras ciudades, evidentemente, la población afroamericana empieza a soliviantarse. ¡Hombre!, es que la respuesta de la policía de Dallas de decir “es que hemos estado hablando, intentando, cinco horas, y como no había forma de ponernos de acuerdo pues nos lo hemos cargado”.

¿Ha sido usted, señor Obama, el que ha dado la orden?, ¿por eso usted vuelve precipitadamente? Porque, claro, nos imaginamos que una orden de este tipo… Ante una persona que está agazapada, ¡sin rehenes!, con armamento (o con lo que tuviera) hay que agotar no cinco horas, hay que agotar diez y doce… ¡las que hagan falta! Eso es parte de la función policial y del Estado, ¡no ir a matarlo!

Es otro afroamericano liquidado, de nuevo, en este caso “en defensa propia” (se podría decir). No, no hay defensa propia, hay un asesinato brutal; tan brutal como el que hizo él. No es ya “ojo por ojo, diente por diente”; es “ojo por misil”. O sea, le lanzan (sin ningún tipo de defensa; ¿qué defensa podría tener?) un robot, sinuosamente, que va cargado con una bomba y explota absolutamente todo, y por supuesto el señor muere. ¡Se acabaron las negociaciones!

¿No es función acaso de la policía negociar, y negociar, y negociar?

¿No es función acaso de la policía, a la hora de disparar, procurar disparar a los pies, a los brazos, nunca al tórax ni a la cabeza?

Las fuerzas de seguridad de un Estado deben tener un nivel de preparación (y no estamos hablando solamente de EE.UU. sino en general).

Nos parece no ya desproporcionado (¡ríete tú de la desproporción entre israelíes y palestinos!), no, no, no; esto es muchísimo mayor: todo el sistema policial de Dallas se parapetó tranquilamente a tomar café mientras manejaban un robot que lo llevaron hasta el sitio donde está el acantonado, y… ¡lo detonaron! O sea, vamos a ver, ¿qué defensa tiene un ciudadano que trastorna su mente en algún momento, y que espera –aunque no lo pida, claro- o se espera para él una ayuda de la sociedad?, ¿de qué sirve este señor muerto? ¿No sería más lógico pensar que, seguramente, con más negociación se hubiera rendido y hubiéramos podido investigar y analizar por qué llegó a esa conclusión?

En definitiva, dictaduras militarizadas, dictaduras policiales que, si el mismo presidente dice que vuelve por este hecho, es porque este hecho le compromete (¡vamos!, decimos nosotros, porque hay vicepresidente, hay Secretario de Estado, ¿por qué tiene que variar su ruta?), pues tal vez porque ahora (suponemos, a lo mejor no) habrá personas dentro de los EE.UU. que cuestionen este método utilizado, esta militarización policial.

En fin, este es nuestro Editorial, ésta es nuestra opinión: una barbarie más; en este caso por parte del Estado organizado.