EDITORIAL: UNA REFLEXIÓN SOBRE EL ANTIBIÓTICO NUESTRO DE CADA DÍA
Nuestro Editorial hoy es de carácter médico, a propósito de un estudio publicado en la revista ‘The Journal of Pediatrics’ , que nos pone la voz de alarma sobre algo que ya se sabía pero… que nos lo presentan ahora como conclusiones de un trabajo monumental que ha consistido en un seguimiento a 75 millones de niños de
Nuestro Editorial hoy es de carácter médico, a propósito de un estudio publicado en la revista ‘The Journal of Pediatrics’, que nos pone la voz de alarma sobre algo que ya se sabía pero… que nos lo presentan ahora como conclusiones de un trabajo monumental que ha consistido en un seguimiento a 75 millones de niños de edades comprendidas entre 0 y 18 años, entre los años 2008 y 2012, a propósito del uso y consumo de antibióticos: lo más grave es el uso abusivo de los mismos en todos los países salvo en dos: Noruega y Alemania.
España ocupa uno de los primeros lugares entre los países donde se recetan abusivamente. El 50% de los antibióticos prescritos en nuestro país son innecesarios, y lo que es más grave: todo esto va a crear resistencias (han aparecido ya bacterias resistentes a todos los antibióticos conocidos, lo que está poniendo a la población en una situación comprometida). Y además, existe otro problema: para situaciones de salud leves en las cuales con un antibiótico de amplio espectro, sin una especial condición, se solucionaría el problema, se suelen recetar antibióticos de profundización (es decir, antibióticos de problemas severos), con lo cual también se crea una resistencia mayor a los mismos.
Fíjense cómo será la cosa, que un reciente informe llevado a cabo para el Gobierno británico afirma que en el 2050 morirán unos 10 millones de personas cada año con motivo de superbacterias resistentes a los antibióticos, es decir, por no poder resolver sus problemas infecciosos, y en cambio se calcula que morirán 8,1 millones de personas a causa del cáncer. Claro, ustedes dirán que el periodo al que se refiere es muy amplio, pero el trabajo de investigación (llevado a cabo por la Fundación para el Fomento de la Investigación Sanitaria y Biomédica de la Comunitat Valenciana (Fisabio), junto a un consorcio de científicos alemanes, italianos, noruegos, coreanos y estadounidenses) no parece muy alentador.
El país que más antibióticos consume en los niños (nos estamos refiriendo solo a los niños, de 0 a 18 años) es Corea del Sur, seguido de Italia, y en tercer lugar España (pero… tanto monta, monta tanto entre los tres), y los que menos Alemania y Noruega, como ya hemos dicho.
Sin duda, en España (que es el caso que más podemos conocer) muchas de las prescripciones de antibióticos se deben a la insistencia de la familia (madre, padre, etc.) que, DEBIDO A LA CULTURA QUE SE HA DESARROLLADO POR LA INCULTURA GENERAL QUE SE TIENE, y por la aparente cultura que se cree tener sobre medicina, el antibiótico es “el mejor aliado del hombre”, y es el único que puede ser eficaz para las patologías del niño (las cuales, como todas las patologías, al menos las pequeñas, son muchas veces muy aparatosas, muy repentinas, y que en el niño igualmente repentinamente mejoran). Lo cierto es que el antibiótico tiene la fama de “si no le receta usted antibiótico al niño porque tiene fiebre, pues…”. Y claro, con esta actitud lo que se hace es crear resistencia a los antibióticos, y las “súper-bacterias” luego son muy difíciles de controlar.
Ni que decir tiene que en este trabajo no hemos visto que se contemplara los efectos secundarios de los antibióticos a nivel inmunológicos, a nivel de trastornos celulares graves (como por ejemplo un mayor aumento de las neoplasias o neoformaciones, lo cual verdaderamente preocupa) y que hoy es un problema a resolver. En realidad la ciencia médica apuesta por una eliminación progresiva del antibiótico, en cambio ahora mismo tenemos ese problema tan grave que abarca a la mitad de la población, la cual está en la edad más decisiva (ya que va a ser la que decidirá cuál va a ser la naturaleza de esa persona a partir de ser una criatura). En consecuencia, nos atrevemos a sugerir a todos nuestros oyentes una reflexión seria sobre toda esta situación.
Como venimos diciendo, esta prescripción abusiva (un 50% innecesario en nuestro país) tiene como fondo un problema social importante, pero también es DEBIDO A LA FORMACIÓN, AL CONTROL DE CALIDAD, DE LOS PEDIATRAS A LA HORA DE DECIDIR SI SE PRESCRIBE EFECTIVAMENTE ESE ANTIBIÓTICO al niño, y tiene un sentido evidente, y se sabe explicar –y esto es otra cosa- la falta de convicción del galeno para saber explicar y mostrar a los padres que él es el médico, él es el que sabe de eso, y en base a su sabiduría no procede dicho antibiótico, hay que esperar, y quizás más adelante proceda (o no, y con otra medicación distinta del antibiótico se pueda solucionar el problema).
También SE DEBE A LA ANGUSTIA Y LA PREMURA CON LA QUE HOY EN DÍA SE QUIERE SOLUCIONAR CUALQUIER PROBLEMA QUE ACARREE UN PROCESO TEÓRICAMENTE INFECCIOSO (que no es tan fácil de saber si es bacteriano, ya que es ahí donde son efectivos los antibióticos).
Y para finalizar, no podemos olvidar que también SE DEBE A LA INDUSTRIA FARMACÉUTICA, la cual hace una presión enorme para la venta de antibióticos (necesarios o no). Y, por supuesto, en dicha venta TAMBIÉN INTERVIENE EL FARMACÉUTICO, otro elemento intermediario que también, entre negocio farmacia y aliento, no es fácil encontrar farmacéuticos que conozcan bien la ética de su profesión (hay que vender, por ello “Venga, un antibiótico”, “Pues vale, ¿por qué no?”).
Ahora que las recetas se han puesto un poco más “serias” (entre comillas) parece que… Pero no; en la Seguridad Social se recetan antibiótico tras antibiótico; todos los que haga falta… y más. Y ese miedo general y social que hay ante la posibilidad de que el niño se agrave y quede con secuelas importantes, hace que se le hiper-medique (no solamente con antibióticos, sino con cualquier otro producto).
Es decir, todos participan activamente (padres, madres, pediatras, médicos internistas, farmacias, farmacéuticos…) para el complot de incluir los antibióticos como el pan nuestro de cada día. Hagamos una reflexión, un control de calidad, empezando por el médico de familia y siguiendo por el pediatra (que es el que se ocupa de la salud de este sector de población) ,y evaluemos y valoremos estos datos tan impresionantes, que indudablemente nos incitan a tomar decisiones diferentes.