EDITORIAL: ¿Y AHORA QUÉ, COLOMBIA?
El Editoria l no podía ser otro que la resultante de la votación, del plebiscito, en Colombia. ¡Ahí estamos!, tratando de analizar, primero qué ocurrió, qué pasó. Evidentemente, todas las encuestas –una vez más- se han venido abajo. Por una parte se esperaba –y esperábamos- un sí mayoritario, producto de la necesidad d
El Editorial no podía ser otro que la resultante de la votación, del plebiscito, en Colombia.
¡Ahí estamos!, tratando de analizar, primero qué ocurrió, qué pasó. Evidentemente, todas las encuestas –una vez más- se han venido abajo. Por una parte se esperaba –y esperábamos- un sí mayoritario, producto de la necesidad de salir de ese atasco y de ese horror que se vivía en guerra con las FARC; y por otra parte, con todo el apoyo internacional, y todo el visto bueno de la comunidad mundial, tenía el arrope para ser un gran momento, como así lo planteó el señor Santos, con los discursos del señor “Timochenko”, de él mismo, y de todos los que vinieron después (entre el Secretario General de la ONU y otros).
Lo cierto es que sólo ha participado el 40% de la población (ahí empezamos ya con el problema); el 60% se ha desentendido del asunto: ¿cómo interpretar esta abstención tan grande?
Quizás la primera versión puede ser el que el pueblo, o el llamado pueblo, está harto y cansado de historias, y no se las cree –no se las cree-, y ésta tampoco se la creyó. Por ello, en su mayoría decidió no opinar, pero fue una mayoría aplastante. Sin duda una mayoría producto de la no creencia, de la baja estima cultural, de la pobreza, etc. Curiosamente, las zonas de Colombia que han votado ‘Sí’, han sido las zonas más castigadas por las FARC. Y las zonas que han votado ‘No’ han sido las zonas menos castigadas por las FARC (de una manera general).
A todo esto, el señor Humberto de la Calle, representante del Gobierno de Colombia en las negociaciones, ha renunciado como representante al ver el fracaso del plebiscito. Esto nos parece un abandono de rabia: él, que ha estado cuatro años y medio ahí, fajado con las FARC, el que dimita ahora es inadecuado pero… se entiende también que vea sus fuerzas mermadas.
La “pregunta del millón” que surge es: y ahora que ha salido el ‘No’ en el plebiscito, ¿qué va a pasar? Pues… ¿cuál es la legislación, la ley que impera? Nosotros les vamos a decir a través de otra persona qué pasa si sale el ‘No. Lean con atención, por favor:
"¿Qué pasa si gana el ‘No’?
Si gana el ‘No’ el proceso de paz no se acaba, y lo pactado en La Habana no será objeto de revisión, o que quede sin validez. Al ganar el ‘No’ lo pactado en La Habana entra en un estado de hibernación jurídica mientras el Presidente de la República, haciendo uso de sus facultades extraordinarias (previstas en los artículos 115, 188 y 189 numeral 3 y 4 de la Constitución Política) lo adoptará, así como lo hizo Álvaro Uribe con el proceso de paz que hizo con los Paramilitares.
Si gana el ‘No’, el Presidente de la República, también haciendo uso del artículo 22 (que es el Derecho a la Paz), y según su competencia para mantener el orden público en el territorio nacional, presentará los proyectos de actos legislativos y leyes para cumplir lo pactado con las FARC, ya que el Tratado de Paz es una política pública exclusiva a cargo del Presidente de la República.
Así gane el ‘No’, el Presidente de la República tiene que cumplir con lo pactado en el proceso de paz, y éste no será objeto de revisión o de dejarlo sin implementación porque la comunidad internacional o los supra estados (que son unos garantes para que éste se implemente), serán ellos los que intervendrán para que el Presidente de la República cumpla con lo pactado con las FARC pues, de lo contrario, se afectaría contra la buena fe pública internacional.
Gane el ‘Sí’ o gane el ‘No’ el Proceso de Paz, o los Acuerdos, tendrán que tener su desarrollo normativo en la Constitución, la Ley, y sus decretos reglamentarios”.
(Victor Julio García Rodríguez, profesor universitario del área del Derecho Público).
¡Pues ahí lo han leído! Los articulados constitucionales no dejan lugar a duda acerca de la validez de los Acuerdos, lo que ocurre es que ahora tendrán que asumir –como ya lo ha dicho el señor Santos- la necesidad de hablar con el ‘No’, y de hacer una convención nacional para dictaminar qué variables hay que modificar o cambiar.
También, por parte de las FARC han sido claros, y han dicho que lo firmado, firmado está. Es decir, las FARC no se van a convertir en grupos guerrilleros urbanos, no se van a reactivar, sino que el hecho de que salga ‘No’, significa que hay que revisar, hay que reconsiderar algunas posiciones o posturas pero la decisión por parte de las FARC está clara en cuanto a su disolución y su paso a la vida política.
Esto es importante saberlo: que tiene validez todo lo que se ha hecho a pesar del ‘No’, porque tiene garantías el Presidente de lo que ha firmado, según el articulado, y según nos dice más arriba un especialista en Derecho Político del país querido de Colombia.
Así que, es un revés inesperado, sin duda, además teniendo en cuenta que tenía todo de su parte y de su lado para ganar. Pero nos da la sensación de que la mitad del 40% todavía está muy, muy resentida de todo lo que han hecho las FARC. Y ese resentimiento no ha sido superado; no está aún para dar pasos de integración.
Por otra parte, el hecho de que tan solo haya votado el 40% debería hacerse como ha ocurrido en Hungría (que ha votado el 43,3%, que anula las votaciones porque no se ha acercado a la mitad de la población). Entonces, creemos que esa opinión es muy frágil, pero… en cada normativa se contemplan diferentes formas.
Nos da mucha pena que los violentos, los pocos violentos, porque… no nos dejemos engañar: sólo ha votado el 40%, y del 40%, la mitad del ‘N0’ ha ganado por un estrecho margen de alrededor de 50.000 votos a la otra mitad. O sea, tan solo un poquito más del 20% del 40% de la población está en contra del ‘Sí’.
Lo realmente preocupante es la abstención tan tremenda, producto, sin duda, de un largo y mantenido momento y de actitudes de los gobiernos del país, de no cumplir con sus promesas. La comunidad decide que “pregúntenme lo que me pregunten, yo no voy a contestar”.
Creíamos, pero se ve que no, que en un caso como éste, con las cosas así tan claras (se esté de acuerdo o no con ellas) y de quitarse de encima ese lastre y ese terror, harían que la votación y los votantes fueran mayoritarios. Pero no ha sido así, y hay que asumirlo y valorarlo. Y valorar cuál es el valor que, evidentemente, el pueblo colombiano le da a sus políticos, y qué confianza. Valor muy, muy, muy, muy bajo, señal de una formación política y de una formación humanista, y de una formación también social, muy baja, porque se desentiende de las “cosas nuestras” (como diríamos en el derecho general), y la comunidad no se puede “desentender de”. Amén de la reglamentación, como hemos dicho, de que sea válido un porcentaje del 40% para titular la opinión de un país (concretamente, un poco más de la mitad de un 40%). No, no es representativa del país; en absoluto.
En consecuencia, así queda, así lo vemos, y así lo han leído, el cómo está la situación ahora en Colombia. De nuevo el señor Santos tendrá que hacer muestras de habilidad y equilibrismo, y pronto, para salir adelante en esta difícil coyuntura en la que le han colocado. Ha prometido, sin duda, salir con la comisión de la paz. También el señor Uribe ha bajado un poco sus hostilidades, y está dispuesto a conversar. En consecuencia, se da la impresión de que, continuando con los procesos de alto el fuego indefinido definitivo, habrá que negociar ahora con ese poco más del 50% del 40% de la población que dice que ‘No’. ¿A qué es lo que dice que no? ¿A esta normativa, a esta otra, etc.?
Lo iremos viendo, pero lo importante es saber que el ‘No’ no modifica lo acordado, lo firmado básicamente (que es la disolución y la entrada en política, y el cese del fuego definitivo de las FARC, y las consecuentes firmas de entrega de material bélico, etc.).
Ahora imaginamos –y ya nos los dirá nuestro corresponsal en Colombia- qué es lo que se cuece ahora mismo; todo está muy convulso. Los del ‘Sí’ casi no se lo creen; los del ‘No’ tampoco se lo creen. Y todo el mundo reclama una cosa u otra. Y nos da la sensación que el único que tiene la cabeza en su sitio es el señor Santos, lo cual no es poco.
Este es nuestro Editorial. Seguramente lo ampliaremos mañana con nuevas noticias.