EDITORIAL: EL VIERNES SONÓ LA CAMPANA… Y TODOS A COMPRAR
Ayer fue el “Black Friday” (el Viernes Negro), sí señor. Y se han batido todos los récords de consumo: como corderos al borde del desuello. Como dato increíble se cita, por ejemplo, que nada más y nada menos que la web de Amazon en España (Amazon.es) ha batido su récord de ventas de esta fecha con más de 940.000 produc
Ayer fue el “Black Friday” (el Viernes Negro), sí señor. Y se han batido todos los récords de consumo: como corderos al borde del desuello.
Como dato increíble se cita, por ejemplo, que nada más y nada menos que la web de Amazon en España (Amazon.es) ha batido su récord de ventas de esta fecha con más de 940.000 productos vendidos en el ‘Black Friday’. Ha batido el récord de las ventas de Navidad del año pasado (y nos suponemos que de éste), ¡en un día!
Y nos preguntamos: ¿Tan… tan… tan… tan ‘pavlovianas’ son las comunidades humanas hoy en día que (sobre todo en Occidente, donde se tiene el poder adquisitivo) se enloquecen las personas cuando se toca la campana y se dice “último viernes de noviembre”?... Y todo el mundo va enloquecidamente a comprar. ¿Tan gravemente inculta y sin preparación, sin recursos, está la población (femenina fundamentalmente, y masculina también -que ellos son los promotores-) para hacer el día internacional y mundial del estipendio, de la compra innecesaria? (Hasta hay –y hubo- programas en radio y televisión diciendo “Tengo que comprarme algo”, “¿Y qué te vas a comprar?”, “¿Y yo qué me compro?”…).
¡Qué increíble, increíble, increíble!
Nuestro Editorial hoy hace hincapié especial en que nos demos cuenta hasta qué punto, algo que empezó como quien no quiere la cosa en ‘El Imperio’, se ha extendido a todos los países capitalistas (que son todos, puesto que Corea del Norte también es capitalista, aunque solo para Kim Jong-un; pero todos los países están en la misma frecuencia).
Increíble pero cierto que se refleje esa respuesta… Los grandes almacenes se han visto absolutamente desbordados (en España, por supuesto también). Quizás los compradores se hayan ahorrado un euro (o no), pero lo que sí es seguro es que habrán comprado inútilmente; habrán comprado (o se habrá comprado) cosas que no se necesitan de ninguna manera; y en muy pocas ocasiones se habrá encontrado y se habrá comprado algo que realmente hacía falta. Lo superfluo triunfa de nuevo.
Es exactamente el mismo mecanismo que el del ‘perro de Pavlov’ (que cuando sonaba la campana, le daban comida, y segregaba saliva; después dejaron de darle comida, pero sonaba la campana, y segregaba saliva igualmente). Una forma de atontar a todo el mundo: un día, el ‘Black Friday’, todo quedó para consumirse, consumarse y para ser consumidores, al sonido de la campanita de que era viernes… Increíble, pero cierto, pero fíjense que hay más campanitas: la campanita de Navidad, la campanita de las vacaciones de verano, la campanita del puente… La campanita de la vulgaridad, la cual no hace más que llevarnos al reino canino (por aquellas experiencias de Pavlov), o hacernos ‘pavlovianos’ definitivamente.
Terrible, terrible, pero cierto.
Es obligado el replantearse este día, que hace que el dinero sea el rey por excelencia, y con él todo afán y toda gloria se cumpla (con una tristeza y una desolación al día siguiente, sin duda).
Black Friday, Black Friday…