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EL EDITORIAL: A pesar de poder evitarlo, el hambre sigue creciendo: es más rentable que así ocurra.

Y hoy es un día especial por muchas razones, por recuerdos, por acontecimientos, por festividades… ¿a qué le vamos a dar más importancia o no? Creemos que todo tiene importancia, sin duda. Y para cada uno tendrán más importancia unas cosas que otras. Pero dado el carácter de humanismo sanador de nuestro programa, nosot

COMUNICAY hoy es un día especial por muchas razones, por recuerdos, por acontecimientos, por festividades… ¿a qué le vamos a dar más importancia o no? Creemos que todo tiene importancia, sin duda. Y para cada uno tendrán más importancia unas cosas que otras. Pero dado el 20180911editorial1carácter de humanismo sanador de nuestro programa, nosotros hemos elegido una editorial de acuerdo a nuestros principios:

“El hambre aumenta por tercer año y alcanza a 821 millones de personas

Para redondear 1000 millones. Esos son los que se constatan, de los que tiene consciencia la OMS, pero habrá más. Y sobre todo, el problema es que que va aumentando.

“Se rompe la tendencia a la baja del número de subalimentados. En 2017, hubo 15 millones más que el año anterior, lo que supone un retroceso a niveles de hace una década

20180911editorial2En la batalla que libra la humanidad contra el hambre, los seres humanos vamos perdiendo. En 2017, 821 millones de personas se iban a la cama cada día sin haber ingerido las calorías mínimas para su actividad diaria, son 15 millones más que el año anterior, lo que supone un retroceso a niveles de 2010. Los datos recogidos en el informe La seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo de la ONU, publicado este martes, confirman que no se trata de un repunte aislado; aunque los expertos se resisten a hablar de un cambio de tendencia, ya se encadenan tres años de subida.

Los conflictos, los eventos climáticos extremos y las crisis económicas son los principales responsables de20180911editorial 3 esta regresión, según el estudio elaborado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) junto con otras cuatro agencias de la ONU. Las graves sequías vinculadas al fuerte fenómeno El Niño de 2015 y 2016 son especialmente culpables. Sin agua, no crecen los cultivos ni el pasto para los animales. Eso significa que, en los países altamente dependientes de la agricultura, millones de personas se quedan sin alimentos suficientes que llevarse a la boca y sin fuente de ingresos con los que adquirir comida en el mercado. La falta de 20180911editorial 5precipitaciones, de hecho, causa más del 80% de los daños y pérdidas totales en la producción agrícola y ganadera. 

"Si no hacemos más, los tres años de subida serán cuatro. Reducir el hambre no es una cuestión de fe, sino que depende de nuestras acciones",- tienes usted razón, es un problema político-advierte Kostas Stamoulis, director adjunto de la FAO. Si el año pasado este organismo pedía el cese de la violencia para una mejora de la situación alimentaria mundial, esta edición se enfoca en la necesidad de mejorar la resiliencia de las personas ante los eventos climáticos extremos, es decir, 20180911editorial 6fortalecer su capacidad de adaptarse, resistir y reponerse ante una adversidad.

"Piensa en un terremoto. En función de cómo de fuerte sea una casa, aguantará o colapsará. No podemos cambiar la intensidad del seísmo, pero sí la resistencia de la vivienda". Explica Stamoulis que lo mismo hay que hacer con las personas: prepararlas para lo peor. "Tenemos los conocimientos y las herramientas para ello, pero debemos ponerlos en marcha". Y hay que hacerlo "a mayor escala y de forma acelerada", añade Marco Sánchez-Cantillo, director de economía y desarrollo agrícola de la FAO. "Por ejemplo, los sistemas de alerta temprana que permiten anticipar soluciones en caso de una eventualidad se 20180911editorial 7han mostrado eficientes. Hay países en los que se han implantado, pero no es generalizado", lamenta.

La mayoría de los países que afrontan crisis alimentarias relacionadas con el clima —20 de 34— atraviesan contextos de paz. Pero cuando los choques climáticos se producen en zonas en conflicto, se desencadena la tormenta humanitaria perfecta. Esto sucedió en los 14 países restantes, entre ellos, los ribereños del lago Chad (Níger, Nigeria, 20180911editorial 4Camerún y Chad), donde 10,7 millones de personas necesitan ayuda para sobrevivir cada día debido a la espiral de violencia del terrorismo de Boko Haram y las sequías. "El ejemplo más claro es que el año pasado se declaró la hambruna en Sudán del Sur. Y Yemen, Somalia y el norte de Nigeria estuvieron a punto. En los cuatro hay una situación de conflicto grave y condiciones climáticas extremas y desfavorables", anota Blanca Carazo, responsable de programas y emergencias del comité español de Unicef.

Lo de África es tremendo y Asia meridional.

20180911editorial 8África fue la región donde el hambre azotó en mayor proporción. Casi el 21% de su población estaba subalimentada el año pasado: 256 millones de personas, de las que 236 millones eran de la región subsahariana, un 30,4% más de los 181 millones de hambrientos que se contabilizaron en esta zona del mundo en 2010. En términos absolutos, Asia está en cabeza con 515 millones, un 11,4% de sus habitantes. No solo el clima y los conflictos explican estos datos, apunta Stamoulis. "No fue exclusivamente El Niño, aunque tuvo mucho que ver. No tenemos que olvidar que hay países que no están en conflicto, no atraviesan una crisis económica ni enfrentan eventos climáticos extremos, y tienen elevadas tasas de hambre". También "la 20180911editorial9marginación, la desigualdad y la pobreza provocan que la gente no pueda acceder a una alimentación suficiente y nutritiva", profundiza”.  

¿Qué decir ante esto? No hay voluntad política, social. No hay un derecho internacional que garantice. La ONU –entre comillas- hace lo que puede, la FAO, la UNICEF… pero no es suficiente, como se ve.

Tercer año consecutivo de aumento del hambre que llega -para redondear- a 1000 millones de personas. De los 7300 millones, 1000 pasan hambre, es mucha hambre.

Es una responsabilidad de todos, pero a la cabeza todo ello van los sistemas políticos, económicos y financieros que no ven rentable solucionar el problema, sino -al revés- ven rentable que siga sucediendo.

Terrible pero cierto