EL EDITORIAL. Bashar al-Assad, hambre como arma de guerra
Nuestro Editorial vuelve -de nuevo- a Siria. Pareciera que nos habíamos olvidado, pero no. la tenemos siempre presente; y además, estamos atentos a cómo se desarrollan los últimos –se supone- destrozos. Pues bien, los últimos destrozos nos hablan de una población, Al Raqqa, con 60.000 habitantes, y feudo del Estado Isl
Nuestro Editorial vuelve -de nuevo- a Siria. Pareciera que nos habíamos olvidado, pero no. la tenemos siempre presente; y además, estamos atentos a cómo se desarrollan los últimos –se supone- destrozos.
Pues bien, los últimos destrozos nos hablan de una población, Al Raqqa, con 60.000 habitantes, y feudo del Estado Islámico (EI), que está totalmente rodeada y aislada. Y que desde el pasado noviembre, las fuerzas del dictador Bashar al-Assad –en comunión, obviamente, con las tropas rusas, estén o no estén oficialmente, porque no nos creemos nada- no permiten que dicha población reciba ningún tipo de ayuda humanitaria.
A todo esto, se han desplazado de la zona unas 250.000 personas por mes, huyendo de la guerra. Buscando un remanso, un mínimo de paz, un mínimo de alimento, y un mínimo de aliento vital.
El señor Bashar al-Assad no será juzgado por crímenes de lesa humanidad –desgraciadamente-. Evidentemente, nuestra creencia en la justicia está bajo cero, pero… someter a una población civil a un cerco como tiene por moda últimamente el señor Bashar al-Assad, es de lo más cruel. Y, sobre todo, usar el hambre como arma de guerra nos parece vil.
Evidentemente, él va a seguir en Siria, ya está muy cantado. Lo que no está tan cantado es que postura van a adoptar otros, sobre todo los Estados Unidos de Norteamérica, porque Rusia ya lo tiene definido y los demás países limítrofes de Siria, también.
Pero, a balanza norteamericana es la que va a decidir, por fin, que ocurrirá: anteponer los deseos de Bashar al-Assad, o… o… o… llevarlo a los tribunales una vez que, teóricamente, acabe la contienda en base a todos los datos recabados tras más de siete años de conflicto, más de 500.000 muertos, más de cinco millones de desplazados… (según cifras oficiales). Es decir, una barbarie.
Barbarie a la que indudablemente también han colaborado las fuerzas rebeldes al régimen, claro que sí, por supuesto, pero las matanzas indiscriminadas de Bashar al-Assad con los bombardeos con la aviación rusa, han tenido una desproporción absolutamente vil.Vil es la palabra más próxima, más “cariñosa”… más natural para lo que allí pasa.
El hecho de que la ONU no pueda hacer nada, y que todos los países que integran la ONU no puedan forzar a Siria… nos hace preguntarnos ¿de qué nos sirven las Naciones Unidas, si justamente en estos casos es cuando…?
Dramático, dramático, pero hay que denunciarlo. Y aunque esté ahí, y vaya a seguir, y aunque aparentemente las denuncias no sirvan. ¡Sí sirven!, estamos convencidos de ello, por eso lo denunciamos.
Hasta aquí nuestro “impacto” del Editorial de hoy.