EL EDITORIAL. CASO ‘PÉREZ TOMÁS’: QUE NOS EXPLIQUEN QUÉ ES ESO DE JUSTICIA IGUAL PARA TODOS
Nuestro Editorial hoy va de la sorpresa ante la Justicia –la justa Justicia; ante qué justa justicia hace-, por ejemplo en el siguiente caso, el cual, salvo la nota que aparecía hoy en la prensa, seguramente nunca más se sabrá de ello. Pero nosotros queremos que quede en nuestra hemeroteca como algo de deben tener en l
Nuestro Editorial hoy va de la sorpresa ante la Justicia –la justa Justicia; ante qué justa justicia hace-, por ejemplo en el siguiente caso, el cual, salvo la nota que aparecía hoy en la prensa, seguramente nunca más se sabrá de ello. Pero nosotros queremos que quede en nuestra hemeroteca como algo de deben tener en la mente los jueces, porque… ¡a ver cómo me explican esto!
Pues miren ustedes: “Los cinco policías nacionales –cinco, ¿eh?- acusados del homicidio y detención ilegal de Diego Pérez Tomás, vecino del barrio de Las Seiscientas (Cartagena, Murcia), cuyo cadáver apareció flotando en Cala Cortina en el mes de marzo de 2014, han aceptado una pena de cuatro años de cárcel. Han reconocido así dos delitos (atentos): homicidio imprudente, y detención ilegal, por cada uno de los cuales aceptan penas de dos años, según ha podido saber Europa Press.
La Fiscalía, las acusaciones particulares, defensa y Abogacía del Estado han llegado a un acuerdo de conformidad, en virtud del cual este viernes se celebrará la vista, a partir de las 9.15, en la Audiencia Provincial de Cartagena.
De esta forma, el magistrado presidente del Jurado tendrá que disolver al Jurado Popular que iba a juzgar a partir del 3 de octubre a estos cinco policías y, finalmente, no habrá juicio. No obstante, hay un punto en el que no se ha logrado acuerdo, de responsabilidad civil, por lo que se celebrará una vista para su deliberación, que está aún por fijar”.
Pero fíjense bien, en el 2014, este hombre, Diego Pérez Tomás, de 44 años, diagnosticado de esquizofrenia (entre otras cosas), y con una capacidad de discernimiento de difícil valoración, se le ocurrió llamar a la Policía asustado por unas supuestas amenazas recibidas de unos vecinos de barrio. “Me quieren matar porque les he robado las bicicletas”. Una clara alusión a un delirio paranoide. Esa fue la primera llamada de aquel día (a las 21:39). Y allá que fue un equipo de la Policía. Según nos cuentan, al llegar, la policía intentó calmarlo. El hombre no quiso denunciar. Posteriormente, a las 04:20 de la madrugada volvió a llamar. Hablaba de forma incoherente y nerviosa. Volvieron los mismos agentes. No fue un coche patrulla, fueron tres (tres “zetas” o radiopatrullas). Metieron al hombre en uno de los coches patrulla y es la última vez que se le vio con vida.
Según lo que se indica en el auto del juez, lo llevaron a un descampado y, a partir de ahí, le dieron tal paliza (uno o varios de los agentes) que le produjeron la muerte, tras lo cual decidieron deshacerse del cuerpo arrojándolo al mar en la zona de Cala Cortina. Su cadáver apareció después flotando en la playa.
Hay premeditación, alevosía, nocturnidad…
“Siete meses después (septiembre de 2014), la titular del Juzgado número 4 de Cartagena ordenó prisión provisional, incomunicada y sin fianza para seis policías acusados de detención ilegal y homicidio/asesinato. Uno de ellos, G.J.G.M. murió en octubre de 2015 cuando estaba internado en la prisión, supuestamente por una pancreatitis.
El fallecido y otros cinco agentes, residentes en Cartagena, y de la escala básica, estaban siendo investigados en relación con la desaparición y muerte de Diego Pérez Tomás en la madrugada del 11 de marzo de 2014, y cuyo cadáver fue encontrado dos semanas después flotando en aguas de Cala Cortina.
Los policías compartían turno en las llamadas patrullas Zeta de la comisaría de Cartagena, y agentes de asuntos internos y de la policía judicial de Murcia y Cartagena los situaron en el punto de mira después de que un testigo dijera haber visto a la víctima en un coche policial la noche en que desapareció.
Diego Pérez Tomás, de 43 años, llamó desde su teléfono a la Sala de emergencias y coordinación policial del 091 de Cartagena, solicitando auxilio policial toda vez que estaba asustado al sentirse amenazado por unos individuos. En este sentido, la magistrada recuerda que la víctima sufría esquizofrenia paranoide y trastorno de afectividad que determinaba un grado de discapacidad del 45 por ciento”.
Para no hacer muy largo el correlato, decir que hasta allí se acercó un coche, otro coche, y otro coche (que, además, se cruzaron con otros coches policiales). Iban ya muy premeditados porque llevaban las luces de posición a una zona muy concreta.
Según el auto, “Los acusados procedieron a propinar golpes a Diego “con ánimo de atentar contra su vida” o “asumiendo esta posibilidad”, y “aprovechándose de la superioridad numérica, física y del aislamiento del lugar a esa hora, que disminuían o anulaban las posibilidades de defensa o auxilio”.
Como resultado de la agresión, le causaron la muerte “por rotura de as vértebras de cuello”, para, a continuación, “arrojar el cadáver al mar desde algún punto de la bahía”.
La increíble situación es que, “El informe definitivo, una vez recibidos los informes de toxicología, histopatología y demás pruebas complementarias, concluyó que Diego presentaba lesiones traumáticas vitales en estructuras cefálicas, oftálmicas y faciales, y murió como consecuencia de una acción violenta homicida, por destrucción de los centros neuronales superiores debido a la fractura de la vértebra C-3 y fracturas trabeculares desde la C-2 a la C-7”.
O sea, le dieron una paliza seis policías a un minusválido mental del 45%, que padecía una esquizofrenia paranoide… ¡y pactan cuatro años de prisión! ¿Qué hay de esos 130 años, des esos 150 años… que escuchamos cuando alguien hace alguna barbaridad?... Porque esto es un acto terrorista de Estado…
Pero resulta que no. Merece la pena leerlo: "Los policías han aceptado un acuerdo de conformidad con las acusaciones por el que no cumplirán más de 4 años de cárcel. El acuerdo señala que los hechos serían constitutivos de un delito de homicidio por imprudencia y de otro de detención ilegal, por cada uno de los cuales cumplirían 2 años de cárcel". Y claro, esto supone que el magistrado presidente de Jurado tendrá que disolver al Jurado Popular que iba a juzgar a partir del 3 de octubre a estos cinco policías y, finalmente, NO habrá juicio.
¿Homicidio… imprudente?... ¡Le llevaron con premeditación seis policías!... En fin, no les entendemos, señores jueces. No entendemos. No les podemos entender señores jueces. No queremos tampoco que estos cinco policías se pudran en la cárcel pero, ya que cogen a cualquier persona que mata a otra, y lo acusan de terrorista o de perteneciente a banda armada, y le condenan a 143 años –por ejemplo-, resulta que ahora estos cinco señores van a cumplir tan solo cuatro años, tras los cuales irán a la calle (y seguramente que van a ser contratados por agencias de seguridad privada).
En fin, nos parecen psicópatas con revolver. Tres coches… seis personas… Y que ahora pacten que sí, que lo llevaron a un descampado y se ensañaron con él.
Por favor, todos ustedes, cuando vayan a llamar a la Policía por alguna razón, cerciórense antes con su abogado (si es que lo tienen; sobre todo si no son personas importantes, como Diego Pérez Tomás, que era un hombre que tenía un hermano como mucho), porque como la Policía no halle algo evidente y contundente, a lo mejor les da por…
¡Qué cosa! Y ésta es una noticia que aparece en la prensa por ahí, por las esquinas, y que mañana seguramente ya no aparecerá.
Señores jueces, como decía el Rey Emérito, “La Justicia es igual para todos”. No, no es igual para todos. Se ensañaron con esta persona, sin ninguna capacidad de respuesta; se ensañaron con premeditación, alevosía, nocturnidad… Nada de eso se dice en el auto… ¡Homicidio imprudente, y detención indebida!... ¡Por favor, por favor!, si parece que hubo un complot para… “Venga, vamos a divertirnos y vamos a ver cuánto tiempo tardamos en matarle y tirarle al mar, porque aquí… ¿quién va a reclamar?”. (El hermano reclamó la desaparición de Diego, y casualmente apareció flotando en el mar). Señores jueces, desgraciadamente nadie va a recurrir al Supremo en este caso, pero… como suele ocurrir, creemos que ustedes están entrando en la era de los banqueros, políticos y otros que ya irán apareciendo, impresentables. En este caso, sobre todo, pero en otros casos, con menor enjundia o con mayor característica específica.
Ustedes imagínense: a Urdangarín le piden seis años por robar por su nombre y apellido, y estos seis señores matan a un indigente mental y le acuerdan cuatro años.
En fin, ahí está nuestro Editorial y nuestro recuerdo para este ser que marchó de esta manera tan dramática, y nuestra pena por esos cinco policías por lo ignominioso que realizaron. Ojalá tengan la capacidad de arrepentimiento suficiente para incorporarse a vivir en el servicio y en la bondad.