EL EDITORIAL. China, nuevo récord en las comunicaciones marítimo-terrestres
Nuestro Editorial nos lleva a la tortuosa construcción del puente más largo del mundo sobre el mar. ¿Dónde puede ser?... No puede ser en otro sitio más que en China. Igual que cuando preguntamos ¿y esto quien lo inventó?, ¿y esto quién lo descubrió?, existe un 80% de posibilidades de acertar si decimos China, a la hora
Nuestro Editorial nos lleva a la tortuosa construcción del puente más largo del mundo sobre el mar.
¿Dónde puede ser?... No puede ser en otro sitio más que en China. Igual que cuando preguntamos ¿y esto quien lo inventó?, ¿y esto quién lo descubrió?, existe un 80% de posibilidades de acertar si decimos China, a la hora de las grandes construcciones (mega, mega, mega), como la presa de Las Tres Gargantas (la planta hidroeléctrica más grande del mundo, situada en el curso del río Yangtsé), por ejemplo, por citar una obra más antigua; o hace poco el puente colgante de cristal más alto y largo del mundo sobre el gran cañón de Zhangjiajie, en la provincia de Hunan, pues ahora, con dos años de retraso, el puente del delta del río de la Perla, un viaducto compuesto por puentes, túneles submarinos y una isla artificial, ya está a punto.
Miren ustedes: el puente une las ciudades de Hong-Kong, Zhuhai y Macao, en el sur de China, y tiene una longitud de 55 km, que se tardarán en recorrer 45 minutos (frente a las más de tres horas actuales). En su construcción se han empleado 400.000 toneladas de acero, 60 veces más de las que se utilizaron en la torre Eiffel. ¡Para que se hagan una idea de la cantidad de acero!
Ha costado –así, entre pitos y flautas- 16.000 millones de euros. Y el retraso de dos años se debe, entre otras cosas, a algunas manipulaciones “esquivas” del dinero (sobrecostes y algún caso de corrupción), y también a problemas técnicos, medioambientales, y a accidentes laborales.
Hay gente que está a favor, hay gente que dice que va a perder la personalidad Hong Kong…
Fíjense: éste es un proyecto que ya en 1980 tenía la República Popular China como una forma de unificar/comunicar esa zona de forma fácil, y ahora, en el 2018, aparece como una realidad.
Esta zona agrupa a unos 60 millones de habitantes (el equivalente a Francia o Inglaterra) ¡Imagínense!, ¡esa zona, nada más! Claro, estamos hablando de China, estamos hablando de 1.400 millones de habitantes.
El negocio que se mueve en esa zona costera constituye el 9,1 del PIB del país.
¡Magnífico! Magnífica esta obra que, parece ser, medioambientalmente ha superado los prejuicios que sobre ella había anteriormente, y ha mejorado las comunicaciones de una manera muy significativa. Esto se ha valorado durante muchos años (38 años, más o menos. No hacen nada a la ligera, como pasó con la Presa de las Tres Gargantas), y esto va a suponer un desarrollo y una capacitación ¡en tantos frentes!... Para la República Popular China y para los inversores, los exportadores, los que llegan.. Para todos va a ser un elemento beneficioso.
Evidentemente tiene un canon de contaminación; sí, lo tiene, pero también lo tenían antes los barcos, y el trajín que se traían avionetas u otros artefactos.
O sea, no digamos que 'lo comido por lo servido', no. Siempre que se hace una obra de esta magnitud el impacto medioambiental es importante. Lo que ocurre es que –afortunadamente- ese medioambiente, viviente, tiene una capacidad de adaptación enorme, y dentro de 7-8 años habrá microclimas adaptados a las columnas y a la isla artificial, etc. Seguramente así será.
Así que, no nos queda más que felicitar a la República Popular China por esta magnífica obra que, por supuesto, tiene detractores, claro que sí. Nunca llueve a gusto de todos. Unos quieren quedarse en la ancianidad y antigüedad, y otros quieren lanzarse más allá de sus posibilidades. Es muy difícil quedarse en un punto… que no es el “punto medio” (porque no existe). Si uno se queda en el punto medio, los extremistas lo criticarán.
Hasta aquí nuestro Editorial. Un acontecimiento mundial que todos, en alguna medida, lo vamos a disfrutar.