EL EDITORIAL. Datos en el Día Mundial del SIDA 2017
Hoy es el día mundial de la percepción, la concienciación, la alerta, el cuidado, a propósito del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA). En nuestro Editorial vamos a resumir cuál es la situación actual de este síndrome, y cuál es la perspectiva que se avecina, que tenemos, que hay. Según lo aparecido en el dia
Hoy es el día mundial de la percepción, la concienciación, la alerta, el cuidado, a propósito del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA). En nuestro Editorial vamos a resumir cuál es la situación actual de este síndrome, y cuál es la perspectiva que se avecina, que tenemos, que hay.
Según lo aparecido en el diario El País, “Día Mundial del SIDA: los números de la enfermedad en el mundo.
Un millón de personas murió por la enfermedad el año pasado. El objetivo es reducir la cifra a la mitad para 2020. Según la ONU, en 2016 había 36,7 millones de personas con VIH”. (Cifra importante, ¿no?). “Ese año se infectó un total de 1,8 millones de personas (300.000 menos que el año anterior). Desde el comienzo de la epidemia (allá por los años 80 del siglo pasado) 76,1 millones de personas se han infectado por el VIH (o lo que sea) y 35 millones han muerto por enfermedades relacionadas con el sida”.
Así que… ¡fíjense, fíjense! Nos dan más datos:
- 36,7 millones viven con el SIDA.
- 17,8 millones son mujeres y 16,7 son hombres.
- 2,1 millones son niños menores de 15 años.
Esto es duro. Esas son las cifras más significativas que nos da la prensa (amén de otras consideraciones por continentes).
El Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida sigue llamándose “Síndrome VIH”, y como tal síndrome, es un conjunto de posibles afecciones que desencadenan este cuadro.
La situación actual dista mucho, sin duda, de los primeros tiempos, en los que el diagnóstico era fatídico (y se cumplía el fatalismo). La aparición de los retrovirales, antivirales, ha dado una perspectiva muy diferente a la evolución de la enfermedad. Ello ha conseguido que, hasta cierta medida, se considere a este síndrome como una enfermedad crónica pero… que requiere, sin duda, un cuidado especial en todos los sentidos (en el anímico, en el cultural, en el social, en el alimentario, etc.) puesto que, si bien la medicación ha reducido enormemente la mortandad, y ha mejorado la sintomatología, no es menos cierto que todavía quedan muchos flecos (en torno a la medicación y a su tolerancia).
La enfermedad ya ha pasado a un estado social asumido, adquirido, hasta tal punto, que hay grupos de riesgo que asumen que van a seguir una vida promiscua y que no se van a cuidar (no van a usar preservativos, etc.) y que piden un tratamiento preventivo, previo. Es decir, empieza a considerarse la enfermedad como si fuera una gripe… Y la verdad es que una infección por “lo que sea”... Y decimos “lo que sea” por respetar ambas corrientes científicas, aunque una sea preponderante y súper poderosa (porque de ella depende la industria farmacéutica). Pero la otra faceta de los disidentes está compuesta por personas clara y decididamente científicas, de la misma talla que en el otro bando, lo que pasa es que cuando se impone una idea, es impuesta, y no se deja hablar a los otros… entonces hay que creerse solo una versión. Pero los disidentes de la teoría de que el síndrome esté producido por este retrovirus siguen existiendo. No vamos a entrar aquí en esa polémica, por supuesto. ¡Ni muchísimo menos! pero sí informar de que “la Luna también existe; no solo existe la Tierra”. Pues aquí pasaría algo parecido.
En ese sentido, creemos que queda mucho por hacer, y muchas preguntas por contestar. Lo que ocurre –lo volvemos a repetir- es que todo ha quedado en el “¡Bueno…!”. Ahora ha quedado en un día, el 1 de diciembre, ‘Día Mundial del SIDA’, y… ¡ya! Y lo demás, pues que cada uno se vaya… Ya no está la estigmatización del VIH positivo; ya no está la estigmatización de los homosexuales (ahora todos son heterosexuales y homosexuales); ahora están más infectadas –en proporción- hoy en día las mujeres que los hombres…
En fin, nos parece que esa dejadez, puesto que ya tienen aseguradas las farmacéuticas venta de por vida para esos millones de personas que la padecen, y el millón y pico que cada año se contagia. Tienen aseguradas unas economías muy suculentas. (Y esto no es una crítica; es una evidencia). Punto. Una evidencia. Y lo que todo el mundo esperaba: una vacuna, ¿no? (porque si es una infección viral, podrá tener –y debería tener- su vacuna), pues ya nadie habla de ello; habla del tratamiento antirretroviral, ¡y punto! Se acabó. (Ya entraríamos en terrenos boscosos de la ciencia y sus vericuetos de imposición por intereses muy abruptos).
En cualquier caso, como humanistas, como sanadores, creemos que debemos seguir indagando, y proponiendo, y cuidando, y teniendo especial atención hacia esta situación, que ha creado una pandemia, y que desde entonces han muerto 30 millones de personas. (O sea, no estamos hablando de cifras… ¡Por favor, por favor!). Está bien que haya una cierta calma y tranquilidad, pero debemos procurar –por todos los medios- el ahondar en erradicar esta patología, porque si no, nos quedaremos con ella siglos y siglos (como la tuberculosis, que todavía sigue).