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EL EDITORIAL. DUTERTE SIGUE CON SU LIMPIEZA DE LOS “POBRES DEL SHABÚ”

Nuestro Editorial se desplaza a Filipinas. El presidente Duterte en su lucha implacable contra las drogas, y desde el 1 de junio del 2016 hasta este año se ha producido ya la muerte 9.400 personas. Ejecuciones, muchas de ellas, extrajudiciales según dice la ONG Human Rights Watch (HRW) y según dicen las familias. Se su

 

COMUNICANuestro Editorial se desplaza a Filipinas. El presidente Duterte en su lucha implacable contra las drogas, y desde el 1 de junio del 2016 hasta este año se ha producido ya la muerte 9.400 personas. Ejecuciones, muchas de ellas, extrajudiciales según dice la ONG Human Rights Watch (HRW) y según dicen las familias.

Se supone que, además de que la droga habitual es la metanfetamina (el “Shabú” 1) es la reina de las drogas, hay alrededor de 1,8 millones personas ligadas al mundo de la droga (aunque, Duterte dice que hay cuatro millones).

Se ha establecido un plan, según el cual se le avisa a cada una de estas personas fichadas para que abandone su hábito, su tráfico y su consumo. De no ser así, recibirán la visita de la policía, la parapolicía, encargos, etc. (esto es lo que cuentan) y se procederá a la ejecución (no desde el punto de vista de la normativa judicial, sino a la ejecución extrajudicial. Ya con 9.400 muertos es tiempo de la alarma social…

Evidentemente, todos los planes para la población más necesitada, se han venido –de momento- abajo. Evidentemente, también, de los 9.400 muertos, la mayoría son de procedencia pobre o muy pobre. Es decir, todavía no nos han comunicado la captura o la ejecución de alguien importante, que mueva el mundo de las drogas. En consecuencia, las cosas todavía son peores.

No obstante, acaba de recibir la felicitación de Donald Trump, como cabría de esperar, por esta lucha, que Duterte hizo prioritaria y su ‘promesa estrella’ durante su campaña electoral el año pasado: limpiar las calles de criminales y librar al país de las drogas ilegales, dictaminando que iba a erradicar sí o sí a aquellos que se negaran a reinsertarse, y lo iba a hacer a través de las ejecuciones. Increíble, pero cierto. Teóricamente Filipinas es una democracia, ¿verdad?

Así están las cosas. Con el beneplácito de todos (entre el 75 y el 85% de los filipinos está satisfecho o muy satisfecho con la gestión de Rodrigo Duterte). Los comentarios al margen de varios, pero… no hay piedad hacia una lacra que reclama restitución, reclama otras estrategias; no la ejecución de consumidores y pequeños traficantes, sino estrategias de Estado, de Gobierno, de contrabandos…

Ahí está. Ya hemos hablado en otras ocasiones de la dramática situación en Filipinas, pero ahora tenemos esta actualización de cómo van las cosas. Ojalá cambien las tornas y las cosas se modifiquen de otra manera.

 

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Shabú: una droga sintética, conocida y consumida tradicionalmente en Filipinas, que desde hace años recorre el mundo con el sobrenombre de “la droga de los pobres”. Altamente adictiva, con un elevado potencial estimulante que deja al consumidor sin dormir varios días, provocando un severo agotamiento físico y psíquico y, a menudo, síntomas psicóticos que pueden durar meses e incluso, años. Droga de síntesis, con escasa presencia en nuestro país, utilizada casi en exclusiva por la comunidad filipina.

La molécula del clorhidrato de anfetamina es 15 veces más potente que la de la cocaína y su poder adictivo es infinitamente superior. Su poder sobre el sistema nervioso central es devastador y en poco tiempo termina destruyéndolo. En el mundo la consumen 24 millones de personas, según la ONU, y suele ir asociada a largas fiestas. Pero en el caso de la comunidad filipina, la puerta de entrada no es recreativa: se utiliza para poder aguantar turnos larguísimos en cocinas, en los barcos u otras actividades.