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EL EDITORIAL. El populismo del Gobierno propone, sabiendo que no dispone

Este va a ser un Editorial breve, intenso, conciso y… ¡ná! El Gobierno ha dicho, con Calviño a la cabeza, que lo tienen difícil. ¿Qué es lo que tiene difícil el Gobierno? Pues dice Calviño que tienen muy difícil recoger 3.000 millones de euros en dos años… de la banca (de los bancos), porque -dice- tiene que haber una

 

0000000COMUNICAEste va a ser un Editorial breve, intenso, conciso y… ¡ná!

El Gobierno ha dicho, con Calviño a la cabeza, que lo tienen difícil. ¿Qué es lo que tiene difícil el Gobierno? Pues dice Calviño que tienen muy difícil recoger 3.000 millones de euros en dos años… de la banca (de los bancos), porque -dice- tiene que haber una legislación que impida que ello repercuta en los clientes de la banca, es decir, en la población. Esa legislación no existe todavía… ¡Tienen que hacer una legislación!

Eso, por un lado. Y, por otro lado, la señora Calviño ha pedido “colaboración” a la banca. Pedirle colaboración a un banco es como ponerse en la puerta del banco a pedir con un cacharrito (y morir en el intento, claro). Siempre nos ha llamado la atención que nunca se ven mendigos en la puerta de los bancos. ¡Nunca! No creemos que sea porque los banqueros los desalojen, no. Creemos que es porque los mendigos, por ley natural, cuando están mendigando saben que allí no les van a dar nada. Los mendigos se ven en los templos (porque las personas van allí para ver si mejoran o se hacen “más buenos”, en general), y también se les ve en cualquier parte de las vías públicas. Pero… ¿en la puerta de los bancos? Nosotros no hemos visto nunca a algún mendigo. ¿Ustedes lo han visto? Sin embargo, ese sería el sitio ideal para pedir porque allí están el dinero, pero… no. Con esto no estamos diciendo que los mendigos tienen que empezar a ir a los bancos, sino que, si hay que legislar algo para impedir que el impuesto que dicen que quieren poner a los bancos repercuta en la población, pues… “verdes las han segado”.

Eso, por una parte, y por otra parte. Y, por otra parte, si la ministra Calviño pide “colaboración” por parte de los bancos… ¡ya es el colmo! ¿En qué van a colaborar?... ¡Si su función no es colaborar!

Por supuesto, los bancos ya han contestado que esa medida va a ser muy mala para el público en general y, por supuesto, han dicho también que eso no se ha visto en ningún país de Europa; que eso solo va a ocurrir aquí.

Con lo cual, esa medida populista anunciada por Sánchez, y que las personas tendrán todavía la ilusión esperanzada en la cabeza, parece ser que no va por buen camino.

A todo esto, las grandes empresas (eléctricas, etc.) todavía no han dicho nada, pero creemos que estamos en la misma situación que con la banca.

Es decir, las dos grandes propuestas populistas de una “izquierda progresista”, que hicieron enorgullecer al gobierno, están muy “handicapadas” por la propia condición social del país. Es decir, el Gobierno ha propuesto dos cosas (aunque por ahora se están pronunciando los representantes de la primera: los bancos) sin saber si eran viables o no. Parece un apaño de última hora, ¡parece! Pero, aunque no creemos que sea tan de última hora, tampoco llevan mucho pensándolo.

Esperar de los bancos que colaboren (para que el pueblo, unido, nunca sea vencido por parte de las corporaciones bancarias) es lo último que debería pedir un gobierno. Es decir, en esta medida populista, la calidad de la misma estriba en el poder y en la fortaleza que tenga el Gobierno: “Esto va a ser así; sí o sí”. En este casi sí sería posible, pero… Los bancos ni se han inmutado; solo han asegurado que sería muy malo para la población.

Los que redactan leyes, ya están en ello, pero… Si todavía hay que hacer una legislación para que ese impuesto a la banca no recaiga posteriormente sobre la ciudadanía, ¿por qué el Gobierno ha dicho que van a obtener más de 3.000 millones de la banca y de otras grandes corporaciones (mayoritariamente las empresas eléctricas) hasta llegar a los 7.000 millones en los próximos años?

nadia calvino en el desayuno informativo del colegio de ingenieros de caminosSeñor Sánchez, no es la primera vez que usted miente, no. En este caso son promesas que no se cumplirán. Las cuales, ya en la primera fase de la negociación, se ven que son imposibles. ¡Es dramático! Es dramático que usted haga unas promesas y que, en tan corto espacio de tiempo (en este mismo mes de julio: usted las hizo en el debate del “Estado de la Nación”, que no fue debate ni nada; fue una chulada más suya para reflotar a un gobierno “progresista”, y para obtener el mayor aplauso posible de la Cámara… Por cierto, Unidas Podemos tampoco estaban enterados de nada del asunto) se vea que no se puede. Se creían que era como en Venezuela, ¿no?, donde se dice que vamos al hacer tal cosa, y ¡ya!... Pues no.

JC Afán: A la ministra Belarra se le ha ocurrido una idea estupendísima: cambiar el Código Penal. Se añade un nuevo delito: si un empresario al que se le haya puesto un impuesto, lo hace recaer entre sus clientes, tendrá hasta seis años de cárcel… O sea, solo hace falta cambiar el Código Penal, el Código Civil, legislar… ¡Como ellos tienen el poder, se creen que es decir y hacer!

JLP: Se creen que están en Venezuela… Pero es que no estamos en Venezuela; estamos en un país que tiene una serie de leyes, normas, etc., que chocan con las medidas populistas (por llamarlas de alguna forma). Lo más grave es que demuestran una ignorancia en el ejercicio del poder con respecto a las leyes, las normas, etc. Se supone que las personas que están llevando y dirigiendo la marcha de un país, además de tener asesores de todo tipo (como tiene el presidente Sánchez: más que el presidente Joe Biden, dicho sea de paso), se supone que los legisladores serán personas de calado administrativo, judicial, etc., para que, antes de que el señor Sánchez propusiera estas medidas, se supone que habría consultado previamente la posibilidad de llevarlas a cabo. Evidentemente, teniendo un buen equipo, éste le habría dicho “señor presidente, esto es muy difícil que se lleve a cabo, por esto, por esto, y por esto otro”. Es decir, “se va usted a ver obligado a pedir a la banca y a las empresas que “colaboren”. ¿El banco va a colaborar a ganar menos? Eso va en contra de sus principios.

Señor Sánchez, usted tiene que poner los recursos sociales, políticos, económicos, legales… para que dichas empresas no se desmanden (como lo han hecho las eléctricas y petroleras). Usted tiene que crear y debe disponer de una serie de recursos. Y no anunciar algo con el “¡A ver si sale!”

Esto nos parece un fraude. Sobre todo, el darnos cuenta de que ustedes no están enterados de que éste es un Estado que tiene el poder legislativo, ejecutivo y judicial separados (en teoría…). Decimos “en teoría” porque entre ellos tienen que comunicarse, pero, en principio, a ningún poder le va a gustar (tal como dice ahora la señora Belarra) que le digan de buenas a primeras que cambien esto y pongan aquello otro.

Señora Belarra, usted… No entramos en si dicha medida sería buena o mala, sino en que, para que se pueda llevar a cabo, tiene que haber primero una trayectoria muy compleja, difícil… y larga. Ahora lo que se está buscando son soluciones inmediatas.

Eso, a nivel de ciudadanía populista, sonará fenomenal: “Eso, si nos suben los impuestos, que vayan a la cárcel”. Sí, pero… no van a ir a la cárcel. Entre otras cosas porque si lo hicieran, no sería ilegal. Ustedes juegan con la ignorancia de la población. Sabiendo de la ignorancia de la comunidad, juegan con medidas populistas que no conducen a ninguna parte (solo a la decepción; en unos ya, y en otros tardará un poco, pero todos se decepcionarán). Decepción, desasosiego, y a una desconfianza brutal que indica que la guía de un gobierno como el español está en manos muy desafortunadas. Dudamos de la preparación de los miembros del Gobierno, y creemos que juegan con la falta de nivel cognitivo de la población en general, muy típico de los gobiernos populistas.

Sobre todo, hay otra cosa importante: no hay voluntad política real de mejorar las condiciones de vida en nuestro país; hay voluntad política de mejorar la vida en los partidos; hay voluntad política de amiguismos; hay voluntad política de arreglos. La voluntad política de plantearse ver cómo, en una comunidad de 47 millones de habitantes, mejora la sanidad, la cultura, lo social… no existe. Esa voluntad no existe. (No solo en este gobierno, ¿eh?, nos referimos a la voluntad política global, pero ahora le toca a este gobierno).

Inevitablemente, hay que comparar este gobierno con el que echaron, y la realidad es que ustedes quedan muy mal parados. Ahora damos por bueno al Rajoy. Y no es que sea mejor o peor, pero es inevitable la comparación. Ustedes, con una moción de censura, echaron a Rajoy. Todo suponía que iba a haber un gobierno progresista (palabra que han repetido hasta la saciedad; luego la callaron; y ahora lo han vuelto a decir, a raíz de estas medidas super aplaudidas de los 7.000 millones).

Nos parece serio, dramático y muy preocupante, pero ésta ha sido la trayectoria. No es que estemos acostumbrados: uno no se puede acostumbrar a la pérdida de confianza, uno no se puede acostumbrar a la infidelidad de la palabra. A todo esto no nos podemos acostumbrar, pero sacar las esperanzas resulta cada vez más difícil. En 11 días, desde el debate, no tenemos ninguna esperanza.