EL EDITORIAL. EL “PROCÉS” (CAPÍTULO 04/10): EL REY NO HA SIDO NADA CONCILIADOR (hasta apareció con una porra)
Nuestro Editorial , casi forzado aunque… ¡vaya semanita que llevamos! (Había un programa que se llamaba así “Vaya semanita”. Pues… llevamos varias semanas, ¿verdad?) es a propósito de Cataluña. Ayer, habló el Rey del Reino de España, Felipe VI, a destiempo, a deshora (si tenía que decir algo tendría que haberlo hecho a
Nuestro Editorial, casi forzado aunque… ¡vaya semanita que llevamos! (Había un programa que se llamaba así “Vaya semanita”. Pues… llevamos varias semanas, ¿verdad?) es a propósito de Cataluña.
Ayer, habló el Rey del Reino de España, Felipe VI, a destiempo, a deshora (si tenía que decir algo tendría que haberlo hecho antes, de antes, de antes, de antes), y con un talante que… de verdad, de verdad, de verdad… solo le faltó el tricornio.
Sí, porque el bastón de mando ya lo tenía... Estaba en su despacho, y allí -presidiéndolo- tiene un retrato de Carlos III en el que el monarca aparece con un bastón de mando. Pues bien, resulta que el plano con el que retransmitió televisión española (RTVE) dejaba ver solo la parte inferior del cuadro, de tal forma que parecía que de fondo había una porra. Los de RTVE no se dieron cuenta (¡es normal!, se dan cuenta de pocas cosas) de que el bastón de mando le salía a la altura de la cabeza, con lo cual los memes de las redes sociales han sido numerosos y se ha convertido en un viral divertido (“El de detrás lleva una porra. Yo me andaría con ojo”, “La porra de la Policía, detrás del Rey…”, “Detrás del ciudadano Felipe hay uno con una porra antidisturbios”, etc.).
Pero lo que sí nos llamó la atención fue el tono del discurso. Y… ¡ojo!, que cuando decimos que solo le faltaba el tricornio, que nadie interprete que estamos haciendo una crítica a la Guardia Civil. ¡Ni muchísimo menos!, pero el talante (esa palabra que puso tan de moda el ex presidente Zapatero) que se le supone a un monarca no apareció. Apareció una defensa a ultranza de la democracia y del Estado de Derecho (hasta con la gesticulación con las manos. Solo le faltó coger el muñeco de Puigdemont y… “¡Ahora te voy a hacer algo!”, y arrancarle un mechón de su cabellera tipo Playmovil).
No citó nombres ni apellidos, por supuesto, pero se veía que estaba defendiendo su posición, claro. Lo cual nos parece normal: que defienda el Estado de Derecho (expresión que tanto repitió) puesto que él está ahí por el Estado de Derecho.
Pero lo que nos llamó la atención es la forma, la manera. Lo hemos visto dos veces y media (porque más ya era demasiado) ayer y hoy, y hemos visto que en ningún caso se nos mostró como una persona conciliadora. Esto es lo que más nos llamó la atención. Sino que se mostró como una persona contundente y contumaz. ¡Ni siquiera el Gobierno ha estado así!, (aunque se han resaltado mucho los desalojos, las porras, etc.). Nos pareció como demasiado riguroso en su apreciación de lo que está aconteciendo.
¡Espere!, ¡Tranquilo!... Él no ha transmitido tranquilidad con su mensaje. Algunos catalanes han dicho que ha echado más leña al fuego. Y hoy, “casualmente”, Puigdemont va a dar un discurso… (Donde las dan las toman, ¿no? A ver qué dice hoy Puigdemont… ¡Pues se lo podrán imaginar! Hoy a las 21:00 en la televisión catalana TV3).
Nos pareció un talante que no es propio de un monarca. ¿Qué es lo propio de un monarca? La conciliación, el diálogo, la transmisión de serenidad y de calma. Es que hay frases, como por ejemplo “Estamos en un estado de EXTREMA GRAVEDAD”, que… No, señor Rey, no estamos en un estado de extrema gravedad para Cataluña y España, no. nos negamos a caer en el dramatismo al que usted ha llevado con su discurso, ¡para nada! Estamos ante un conflicto interno, de unos intereses personales, políticos, de una región de España que ha hecho sus cábalas, y ya veremos en qué desemboca, porque aunque dicen que van a declarar la independencia, pueden declarar y decir lo que quieran, pero… después, del dicho al hecho hay un verdadero trecho.
Por así decirlo, no esperábamos un discurso tan vehemente de defensa de la democracia. Más que de la democracia parecía una auténtica defensa de la monarquía. Eso es lo que interpretamos claramente: una defensa de la monarquía a ultranza. Queriendo simular (a distancia, porque son situaciones completamente distintas) al 23-F famoso que vivió su padre.
Creemos que lo que hacía falta es que el Jefe del Estado calmara los ánimos, tanto del Gobierno de España (que parece que no sabe qué hacer: se acaba de reunir Rajoy con el Arzobispo de Madrid y el de Barcelona… ¡¡??? Nos da la risa… ¿Necesita la ayuda de la Iglesia el señor Rajoy?... ¡Los arzobispos!, pero… ¿esto de qué va? Esto nos parece un patinazo. No que se reúna con ellos –nos parece bien que se reúna con quién sea- pero que tampoco se haga público, porque… ¡ahora metemos a la Iglesia también en este asunto!.. Que era partidaria del referéndum, dicho sea de paso).
El caso es que lo que se necesitaba, como españoles y como catalanes específicamente, era un mensaje de calma. Un mensaje que dijera “Calma, esto se va a arreglar. Tenemos que dialogar. Tenemos que evaluar la acción del Gobierno. Tenemos que evaluar la acción ilegal –porque era ilegal- del Govern con el referéndum. “No podemos poner en entredicho la unidad de España”, nos parece bien, pero… algo con un poco de cariño. Si de lo que se trata es de unir a España, y que no se fracture… “Porque ha dividido a la sociedad catalana en dos partes”… Pues sí, o… “Habrá que tomar medidas drásticas (entre otras cosas cárcel para Puigdemont and company. Eso es lo que sigue, ¿no?), para restablecer rápidamente…”. Lo ha interpretado como si fuera un golpe de Estado (por eso hacemos referencia el 23-F, como han hecho los medios de comunicación).
No, lo que necesitaba escuchar el español medio era un mensaje de tranquilidad. Decir “Tranquilos. No es que no pase nada. Han pasado cosas incómodas, desagradables, pero… ¡tranquilos!”. No es una situación, perdone usted, de gravedad extrema. No estamos de acuerdo. ni siquiera así lo consideran los líderes europeos (Merkel ha dicho que es un asunto interno, por ejemplo).
Pero fíjense cómo será el discurso que pronunció que el Ibex ha tenido una bajada más espectacular que cuando el momento del Brexit inglés. Usted no ha ayudado en nada, señor Rey.
Esperábamos un discurso conciliador. Evidentemente apoyando el Estado de Derecho pero de una manera conciliadora. El lenguaje de las manos que ha hecho usted –que también se ve- era de verdadera rabia. Por eso decíamos en tono jocoso que solo le ha faltado a usted el tricornio, o solo le ha faltado salir vestido de militar (como salió su padre el 23-F, como capitán general de los ejércitos).
Ha sido un discurso muy duro que no ayuda para nada. Al revés, favorece la confrontación, porque los catalanes independentistas dirán que “Diu, éste es Rajoy 2”. Y no, lo que tenían que ver es un Jefe de Estado que entiende, que sabe, que está informado, y que tiene que buscar soluciones. (Como pasaba con la abuela en una discusión familiar. No le estamos llamando abuelo, ni mucho menos, pero la abuela daba un par de golpecitos en la mesa y… ¡tranquilos!, y llamaba a la reconciliación. No llamaba al ordeno y mando).
El ordeno y mando es lo que debe hacer el Gobierno de España, evidentemente, pero el Jefe del Estado debe tratar de reconciliar todos los factores. Si él dice que hay una serie de políticos que han separado, pues… hacer un llamamiento a ambas partes para que se concilien, y que se busquen vías para llegar a un acuerdo (¡que las hay!, ¡que las hay!, dentro de la política y leyes vigentes), y no caer en lo que se ha caído.
Pero… no ha sido así. Este es nuestra evaluación del mensaje del rey Felipe VI, que se ha estrenado –según nuestro criterio- de una forma que… ¡hay que ver! (No obstante, Sir Julian nos ha dicho que Sardá había dicho que le había encantado el discurso del rey. ¡Hay cosas que no sabemos cómo… En fin, cada uno es muy libre de hacer la interpretación que considere).
A nosotros nos pareció un discurso muy duro, muy impropio de una conciliación y que no favorece en nada a la problemática sino que la empeora, de hecho, económicamente ya la ha empeorado.