EL EDITORIAL. El SIDA sigue causando muertes, pero políticamente el COVID es más importante
Todos ustedes recordarán una afección que se llama el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA o AIDS), así se llama. Descubierto ¿si?, ¿no?, por Luc Montagnier (virólogo francés) y Robert Gallo (investigador biomédico norteamericano) hace unos cuarenta años (en 1983). Pues bien, cada minuto una persona muere del
Todos ustedes recordarán una afección que se llama el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA o AIDS), así se llama. Descubierto ¿si?, ¿no?, por Luc Montagnier (virólogo francés) y Robert Gallo (investigador biomédico norteamericano) hace unos cuarenta años (en 1983).
Pues bien, cada minuto una persona muere del SIDA y cuatro se contagian, en el mundo. Este año ya han sido 650.000 personas han fallecido como consecuencia de este síndrome (¡¡¡de las que se pueden contabilizar!!!). estos son los datos que nos da ONU-SIDA, durante la rueda de prensa previa a la 24ª Conferencia Internacional del SIDA, que se celebrará desde este viernes en Montreal (Canadá). Encuentro mundial que se celebra todos los años a propósito de este síndrome.
¡Fíjense qué cifras tan terribles! Estas cifras nos llevan a estar en un terror en el que la pandemia (porque esto es más que una pandemia) hace estragos, por ejemplo, en América Latina. Repetimos: las cifras del año pasado son 1,5 millones de nuevos contagiados, y 650.000 fallecidos. ¡No está mal!, ¿eh? ¡Y vamos mejor!... Pero, en comparación con otros momentos…
¿Por qué estas cifras? Porque hay un grupo de la población mundial que dice “esto ya pasó”. Las medidas preventivas (preservativos), y las medidas de mantenimiento y curación (que no son medidas curativas realmente) de los retrovirales, pues… “Me los pongo, no me los pongo”.
Ustedes recordarán el caso del que les hablábamos ayer, de un caso único descrito por unos científicos de Cataluña: una mujer que, tras 15 años sin tratamiento, la detección del virus es cero. También les decíamos ayer que, seguramente, igual que esta persona habrá más personas en América Latina, en África o en Asia. No lo podremos saber a ciencia cierta. Y hoy, le damos la vuelta a la moneda, y nos encontramos con este informe que se ha dado en la rueda de prensa de la Conferencia Internacional.
Las cifras de los últimos dos años en América Latina son de 2 millones de contagios (y aumentando). En El Salvador el aumento supone un 150%, por poner un país. Y toda América Latina se ve especialmente contagiada por este problema, que se agravó por la llegada de un competidor: el COVID-19. Se prestó toda la atención a este último, y se abandonaron las campañas de prevención y cuidados del SIDA.
Lo gravísimo es que en África la proporción de adolescentes y niños aumenta significativamente, pero especialmente en niñas (por matrimonios pactados, por embarazos no deseados, etc.).
Es decir, seguimos con esta lacra, con esta pandemia, aunque no se llame así, sino síndrome de inmunodeficiencia adquirida, que con retrovirales se mejora, se para (hasta cierto punto, puesto que no son medicamentos inocuos, sino que requieren un control periódico).
Por lo tanto, en las zonas menos favorecidas, los controles, con la llegada del COVID, prácticamente desaparecieron. En las zonas empobrecidas, la llegada de retrovirales prácticamente dejó de aparecer. Todo en pos del COVID. Pero es que este problema no solamente se da con el SIDA, sino que también se da con las enfermedades tumorales, y las enfermedades cardiovasculares, que prácticamente se apartaron y se abandonaron, y resulta que el índice de mortalidad por estas dos últimas causas ha aumentado significativamente.
¿Qué clase de organización sanitaria puede ejercitarse tan TORPEMENTE? ¿Cómo es que se ha podido manejar tan hábilmente por los políticos y economistas una “virosis” (vamos a llamarlo así) con complicaciones significativas, que se agrandaron un poco más, se descuidaron en las residencias de mayores, y con todo aparecieron cifras descomunales? Cifras descomunales que hicieron que se olvidara cualquier otra patología. Mientras tanto, cada minuto, una persona muere en el mundo por SIDA, y cuatro se contagian (la mayoría en África, Asia y América Latina. ¡La mayoría! O sea, todos los continentes están infectados).
¡Hombre!, las 650.000 muertes al año es una cifra a tener en cuenta, ¿verdad? De hecho, los científicos se vienen reuniendo todos los años, pero… la “famosa” vacuna, que ya tendría que estar super hecha, pues nada de nada. ¡Debe ser un virus muy especial! De hecho, había un grupo de personas, como ustedes recordarán, los disidentes de la hipótesis oficial (científicos de alto rango, entre los cuales nosotros conocíamos y estábamos en contacto con el Doctor Giraldo, eminente virólogo y especialista colombiano, R.I.P., disidente que hablaba muy claro a propósito de este tema), que aseguraron una y otra vez, y siguen asegurando que no existe el virus que produzca tal enfermedad…
No vamos a rescatar esta opinión en este momento; simplemente les recordamos que al señor Alois Alzheimer dijo en 1907 (hace algo más de 40 años…) que las placas de amiloide eran responsables de los síntomas de lo que luego se llamó la “enfermedad de Alzheimer”, y posteriormente, en 1992, se lanzó la hipótesis de la “cascada amiloide” del biólogo John Hardy como modelo para explicar el origen y evolución de este tipo de demencia. Se dio por hecho que eso era así. Pues bien, un nuevo estudio (publicado en la revista Nature en junio pasado) cuestiona duramente dicha teoría. Se han tomado la molestia de revisar y replantearse otra vez los diagnósticos de esta enfermedad. El equipo de investigación ha visto que había muchas personas ancianísimas que fallecían con sus capacidades intactas, pero también tenían placas de amiloides… Entonces, se han dedicado a repetir los ensayos que hizo el que dio la teoría de que eran las placas de amiloides y esos resultados no aparecen, sino que han visto que eran trozos de diferentes fotografías tomadas en diferentes planos y que fueron confeccionadas así para decir que las placas de amiloides eran las principales responsables de la Enfermedad de Alzheimer. ¿Qué les parece?
No queremos ni pensar que, dentro de poco, nos digan algo parecido con respecto al SIDA. De hecho, no se llama la Enfermedad del SIDA, sino que se sigue llamando “Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida”. En medicina, la palabra síndrome designa a un conjunto de síntomas que se desarrollan en una persona como consecuencia de diferentes factores. En el caso del SIDA, simplifican y dicen que todos los factores van a una enfermedad: el VIH. ¡Pues vale!
Insistimos, no vamos a tratar de levantar y realzar a los disidentes (los cuales, por cierto, en su momento fueron exiliados, expulsados, vilipendiados… Les llamaron de todo menos “bonitos”). Y todos esos disidentes, entre los que se encontraba Kari Mullis (que obtuvo el Premio Nobel de Química por el desarrollo de la técnica de la reacción en cadena de la polimerasa; la famosa PCR), aseguraron y testificaron que la afirmación de ese virus era uno de los fraudes científicos más severos que había conocido en su vida. El señor Montaigner ha fallecido, pero también lo han hecho Mullis, Giraldo, y otros disidentes. En general, la mayoría de los disidentes “han desaparecido” ya que no se publican ya trabajos en dicha línea que se puedan leer. Sin querer recrudecer esta polémica en relación a los disidentes, nos llama mucho la atención que con toda la economía en ello invertidos (por cierto, se necesitan unos cuantos millones para reactivar tan solo las medidas de prevención, ya que los países han dejado de aportarlos con motivo del COVID. ¡Increíble! ¡Como si hubiera desaparecido el SIDA! ¡Y resulta que cada minuto muere una persona entre las que se han hecho el test y están diagnosticadas! No se sabrá nunca cuántas mueren sin diagnóstico por no tener recursos para ello).
Vaya con este Editorial nuestra intensa vocación e intención para que los gobiernos tomen buena nota de salud integral. Del desarrollo de una sanidad universal (no una sanidad patriótica, oportunista). Si aparece una nueva enfermedad no se puede desechar las otras existentes. Las cifras que dan de muertes por neoformación y cardiovasculares han aumentado significativamente porque no han sido diagnosticadas o no han sido tratadas (porque los servicios se habían destinado al COVID). ¡Es muy fuerte! ¿Quién organiza eso? ¿Los políticos?... Parece ser que sí. ¿Y los sanitarios? ¿Tienen alguna vía para mostrar sus criterios? Los Colegios Médicos están para lo que están: cobrar, tener sedes, etc. pero… (Y, ojo, que la colegiación no es obligatoria, ¿eh? De hecho, el Colegio de Arquitectos se ha disuelto. Un medico no colegiado puede ejercer tranquilamente la profesión. El Colegio dirá “Pero el médico no puede recetar si no tiene un número de colegiado” … Pues, no es cierto. Eso es anticonstitucional. ¡Claro que pueden recetar! Tienen el título avalado por el Jefe del Estado y el ministro correspondiente avalando que son médicos licenciados en las diferentes universidades). Pasa igual con la Sociedad de Autores, con el Colegio de Huérfanos de antes, etc. Hay una serie de estructuras paralelas al Estado que tienen casi el mismo poder que si fueran organismos oficiales. Esto es grave.
Hacemos un llamamiento general para que se siga investigando… ¡TODO!... No se dé por hecho algo (como pasó con las placas amiloides, que con este engaño se han retrasado investigaciones, y se han anulado otras investigaciones en otras líneas).
Este es nuestro tremendo Editorial de hoy. Mueren diariamente, según las cifras oficiales de uno por minuto, el equivalente a los pasajeros de tres jumbos que se estrellaran. Se lo contamos con la crudeza de los datos.