← Volver

EL EDITORIAL: EL TRATADO DE ROMA Y EL PAPA ROMANO

Hoy nuestro Editorial comienza con el Tratado de Roma. Mañana se celebra el 60º aniversario de la firma de los tratados fundacionales que dieron origen a la actual Unión Europea. Con este motivo, ha habido una audiencia en la imponente Sala Regia del palacio apostólico del Vaticano. El primer Papa no europeo, que ha si

 

20170301 COMUNICAHoy nuestro Editorial comienza con el Tratado de Roma. Mañana se celebra el 60º aniversario de la firma de los tratados fundacionales que dieron origen a la actual Unión Europea. Con este motivo, ha habido una audiencia en la imponente Sala Regia del palacio apostólico del Vaticano.

El primer Papa no europeo, que ha sido en varias ocasiones muy crítico con la vieja y “cansada” Europa, recordó ante todo los ideales de los llamados “padres fundadores”, varias veces citados en su discurso.

"Europa volverá a encontrar esperanza en la solidaridad, que es también el antídoto más eficaz contra los modernos populismos", instó el pontífice.

"Los populismos florecen por el egoísmo", agregó tras mencionar las políticas contra la emigración, tema que genera tensiones y divisiones dentro de la UE.

"No se puede limitar a gestionar la grave crisis migratoria de estos años como si fuera sólo un problema numérico, económico o de seguridad", añadió.

"El miedo que se advierte encuentra a menudo su causa más profunda en la pérdida de ideales", recalcó.

Como hace tres años, cuando visitó la sede del Parlamento Europeo en Estrasburgo, Francisco urgió a Europa a "encontrar nuevos caminos", a "apostar por el futuro", a desarrollar un "nuevo humanismo" y a no perder la memoria.

¡Nos parece fantástico, Papa Francisco!

"Europa tiene un patrimonio moral y espiritual único en el mundo, que merece ser propuesto una vez más con pasión y renovada vitalidad, y que es el mejor antídoto contra la falta de valores de nuestro tiempo, terreno fértil para toda forma de extremismo", añadió.

Nos parece muy bien todo lo que ha dicho, pero… "no sabemos por qué". nos recuerda a aquello de ver la paja en el ojo ajeno (toda Europa) y no ver la viga en el propio (El Vaticano).

Instamos al Papa a encontrar nuevos caminos para la Iglesia Católica; a apostar por el futuro de la Iglesia.

Instamos al Papa a que deje de dar miedo a los feligreses con la Iglesia (la causa más profunda de la pérdida de ideales. Lo dice él).

Instamos a la Iglesia a que tome parte activa (con sus bienes y sus dones) en el problema de las migraciones, cosa que todavía no se ha visto (salvo la esquelética muestra de llevar a algún refugiado al Vaticano).

Instamos al Papa a la esperanza en la solidaridad (que es también el antídoto más eficaz contra los modernos populismos).

E instamos al Papa –y con ello culminamos- a que reconsidere el populismo que tiene la Iglesia católica. Si hay algo populista, populista, es la Iglesia católica. ¿O… el “id y predicad” que ustedes generaron no es populismo? Populismo con miedo al infierno, con población pecadora, con… tantas cosas que no vamos a recordar.

Nos hace “gracia” que de nuevo se erijan ustedes en la moral, la ética, y la advertencia de los demás. Nos recuerda el viejo chiste en el que decía un sacerdote “Tú haz lo que yo te diga, pero no hagas nunca lo que yo haga”. Aquí pasa algo parecido.

Todo esto que ha conseguido el Papa decirle a los 27 mandatarios y presidentes de las principales instituciones europeas (con la ausencia del Reino Unido, naturalmente), debería aplicárselo a sí mismo.

“La Unión Europea corre el riesgo de morir sin ideales como la solidaridad” ¿Dónde está la solidaridad de los bienes de la Iglesia? “Numerosas mujeres le seguían y le servían con sus bienes y sus dones” (Lucas 8: 1-3, a propósito del Cristo).

Ni que decir tiene que las arrogancias con las que la Iglesia asume los factores morales, sociales y políticos son de unas proporciones ya inauditas. Todavía se sigue el protocolo (porque esto es un protocolo: han ido porque había que ir “por protocolo”. Llegará un momento en el que dejen de ir). Mientras la estructura de la Iglesia no se modifique y sea de un masculinísimo atroz en el que la mujer está fuera de toda condición; mientras no exista ningún criterio democrático, el Estado de El Vaticano no tiene autoridad moral, filosófica, social o cultural para dar consejos a la comunidad europea. No la tiene, señor Papa Francisco. Creemos que es seguir con esa arrogancia. “No es lo mismo predicar que dar trigo”. Ustedes predican pero no dan trigo, y… uno tiene que aplicarse a sí mismo lo que le dice a los demás. ¡Sería bueno!