EL EDITORIAL. España: Tres nuevas víctimas de la violencia por envidia machista
Hoy cambiamos de Editorial , sí. Un Editorial que ustedes saben. Es una noticia que aparece, y que aparece, y que, bueno, insistir otra vez en ello parece una cosa, pero… El título de nuestra emisora dice “24 horas… y más”. “Comunicaciones Tian, 24 horas… y más”. Pues bien, en tan solo 24 horas, en España han asesinado
Hoy cambiamos de Editorial, sí. Un Editorial que ustedes saben. Es una noticia que aparece, y que aparece, y que, bueno, insistir otra vez en ello parece una cosa, pero… El título de nuestra emisora dice “24 horas… y más”. “Comunicaciones Tian, 24 horas… y más”. Pues bien, en tan solo 24 horas, en España han asesinado a tres mujeres; han sido víctimas de la violencia machista. Y lo malo es que habrá más.
Hace poco también ocurrió un triplete de este tipo, y nos planteamos, no ya la famosa ley de “Sólo sí es sí”, y todo esto, que… no ayuda. Pero, el análisis general que se haga… Es que, claro, en vacaciones es más probable, se nota que es más frecuente que haya violencia machista. Pero es que esto no es violencia machista, esto es asesinatos de mujeres por parte de los hombres que “las quieren”.
Recogemos la noticia de la página web 20minutos:
“Tres mujeres asesinadas por violencia machista en solo 24 horas dejan a seis menores huérfanos.”
¿Las vacaciones son las responsables de esto? Entonces, prohibamos las vacaciones; hagamos una ley, además de la de “Sólo sí es sí”, en la que “Se prohíben las vacaciones a los españoles, porque, cuando llegan las vacaciones, a los hombres les da por matar a sus mujeres” … Esto es un genérico horrible, decirlo así, ¿verdad?, pero sí, parece que las vacaciones favorecen.
Uno pensaría, sensatamente, que, en vacaciones, bueno… “tú te vas a Boston, y yo a California” y oye, no nos vamos a pelear, ¿verdad? Cada uno que se... Pero, es curioso, cuando tuvimos el confinamiento –o sea, que nos encerraron a todos- había menos violencia machista.
JC Afán: Porque el supuesto que nos dicen es “la convivencia es lo que hace saltar esas chispas”. Y en aquellos momentos la convivencia era obligatoria, ¡y obligatoria!
JLP: Y hubo menos.
JC Afán: No aumentaron las cifras.
Entonces, ¡solo nos faltaba que dijeran que esto es por el cambio climático!... Por supuesto que habrá alguien que diga que el aumento de la criminalidad machista en España es por el cambio climático. ¡Habrá quien lo diga!, seguro, seguro, seguro que habrá quien lo diga. Planteamos esta posibilidad porque como ya TODO es por el cambio climático… Pero, que nos digan que estos asesinatos son “por las vacaciones”, pues la verdad es que... como que... ¡no! O sea, ¿una de las causas de esto son las vacaciones? ¡Hombre, no! Esto, por una parte. Ni cambio climático, ni vacaciones, son las que motivan esto.
Este machismo –que, obviamente, no se da solo en España; se da en todo el mundo. Y no somos los españoles los que estamos a la cabeza de esto… No, no, no, ni mucho menos. Pero nos toca.
Nosotros, aquí en la emisora, estamos 24 horas y más. Y como a estas mujeres acaban de matarlas, ¿verdad?, pues tenemos que darles un poco de beneficio. Y después tratar de analizar ¿qué es lo que pasa? ¿Cómo puede llegar un hombre en el abuso –obviamente- de su fuerza y de su poderío, por estar harto –vamos a decir- de su mujer, llegar a eliminarla, matarla? Algunas veces en presencia de sus hijos. En estás últimas han quedado seis hijos huérfanos.
¿Qué mecanismo…? Porque, nos preguntamos, … Como personas, ¿eh? No mecanismos psicopatológicos, clínicos, neurológicos... No, no, no, ahí no, porque ahí podemos decir cualquier cosa. Pero, ¿qué mecanismos sociales de convivir cotidiano pueden coincidir? Para que, el macho –que, sin duda, es preponderante; el machismo, sin duda, es preponderante en todas las sociedades humanas, no de ahora sino viene de atrás- pero que ahora cada vez más hay una incidencia de criminalidad, puede darle a el hombre esa fuerza decisiva para aniquilar a su pareja.
¿Hay algún elemento que haga que le estorbe? ¿Qué le estorba a usted? Esa persona; esa mujer. ¿Pero por su mal carácter? Tal vez, a lo mejor, llevan años y años casados… En una de las parejas de estos últimos tres casos el señor es nonagenario.
Entonces, miren ustedes, después de mucho darle vueltas, para el sentido común, el sentir como un cotidiano –para entendernos- lo único que encontramos como un plus para que yo incluya en mi mente acabar con mi pareja, es LA ENVIDIA. SÍ, a lo mejor le sorprende. ¿La envidia? ¿que un macho tenga envidia de una mujer? Pues sí, porque el machismo se basa en tratar de disimular lo que puede hacer una mujer, que es procrear, cuidar la prole, sacarla delante. Eso no lo tiene el macho. Debe de haber –esto es una suposición, pero tenemos que buscar suposiciones para tratar de parar esto- envidia. ¡Envidia!, ¡wow!, qué fuerte.
Si yo planeo o, sin planear, me veo que cada vez soy más violento con mi pareja, a lo mejor me puedo plantear el decir –porque habrá muchas personas que estén en esa situación- ¿y yo qué envidio a mi mujer? ¿de qué la envidio? A lo mejor descubro que la envidio por esto, por esto, o por aquello. Y si descubro eso, a lo mejor me retraigo, y me voy a Boston o a Massachusetts a otra parte, pero no se me ocurre llevar a cabo una violencia de tal extremo como para asesinar a la persona que teóricamente amo y quiero. Y, de paso, llevarme por delante la creación de huérfanos, y hacerlo, además, incluso delante.
O sea, ese machismo que llega a esos extremos, no solamente de asesinatos, sino de ejercicio cotidiano, es porque tiene alguna carencia. Sí, se siente carencial con respecto a la mujer. Entonces trata de suplantar esa carencia con un poder físico, aparte de los poderes económicos y demás.
Es una opinión, por supuesto, nada más que una opinión. Pero, sí, tenemos que indagar porque nos corresponde, y nos corresponden indagar sobre todo a nosotros, a los varones. Claro, porque cuando leemos esto, y vemos esto, nos parece que son gente, personas, indeseables, malévolas, malignas, ¿no? Hombre… ¿y si no? ¿Y si no son personas así?
Tenemos que recoger eso –estamos unidos y salpicados a la vez como especie-. Tenemos que recoger las salpicaduras que nos llegan. No ya preguntarse “¿Yo sería capaz de hacer una cosa como esta? Pues, honestamente, no lo sé, porque se han investigado y se han visto casos en los que no se sabe cómo se ha llegado a ese estado; que no ha sido por el deterioro largo y perseverante de unas relaciones tumultuosas. No, a veces no ocurre así; ha sido por “un detalle”. De celos, por ejemplo. Y ¿quién está libre de celos? ¿A qué no estamos libres de eso? ¿Y hasta dónde pueden llegar nuestras celotipias? Por poner ejemplos muy simples.
Entonces, no es un problema social de ahí para afuera, y nosotros... como a nosotros no nos ha pasado, pues… No. Es igual que los accidentes de coche: como a mí no me ha pasado, no me he muerto nunca en la carretera, pues... Hay gente que se muere en la carretera, pero a mí no me va a pasar eso. Ya, hasta que vayas a pasar a un camión, el camionero se duerma, haga un bandazo, y... ¡chao! Se acabó. Fíjate qué fácil. Y tú ibas consciente, y todo muy bien, todo muy bien.
Entonces, acordémonos de que estamos unidos y salpicados a la vez. Y en esa medida, busquemos explicaciones, sugerencias… Subjetividades –sin duda- pero que, en la medida en que se expresan y se dicen, otros piensan otra cosa. Y todo eso va generando una salpicadura también beneficiosa para que estos hechos no ocurran, porque no son propios de nuestra especie, de la vida.
Tremendo, tremendo. Así es, y así se lo contamos.