EL EDITORIAL. LA ANTÁRTIDA ESTÁ CONTAMINADA
Nos vamos a la Antártida, al continente Antártico. Primeramente porque –como dicen las notas- allí habitan entre 1.000 y 4.000 personas estables (cálculos estilo Sir Julian: entre 1.000 y 100.000, más o menos), dependiendo de las personas que van a investigar en las bases de exploración de aquel continente, y en el año
Nos vamos a la Antártida, al continente Antártico. Primeramente porque –como dicen las notas- allí habitan entre 1.000 y 4.000 personas estables (cálculos estilo Sir Julian: entre 1.000 y 100.000, más o menos), dependiendo de las personas que van a investigar en las bases de exploración de aquel continente, y en el año 2013 ya hubo 38.000 turistas por allí. Hasta aquí “bien”. Ver la Antártida es, sin duda, un acontecimiento increíble.
Pero… el problema es que, bueno, se han tomado la molestia –y nos parece muy buena molestia- de analizar el agua (porque, ya saben, aquello es agua, agua, agua, en forma de hielo, hielo, hielo) de las zonas de residuos de los ríos cercanos a las bases de exploración, y… ¿qué se han encontrado? Analgésicos, antiinflamatorios, y… cocaína, en proporciones semejantes a las de cualquier ciudad europea (es decir, teniendo en cuenta la proporción de habitantes y cantidad de sustancias en afluentes de agua). Esto nos parece una noticia de Editorial total, de conciencia ecológica. Ahora que se habla tanto de ‘consciencia ecológica’.
Evidentemente, los turistas podrán contaminar algo pero, realmente, los que contaminan son los científicos que están allí de forma estable y permanente.
Ibuprofeno, cafeína, paracetamol y derivados de la cocaína. Hay que ponerle un poco de humor a la cosa... Si ya se prohibieron las prospecciones petrolíferas en dicho continente, ahora habría que prohibir la presencia de seres humanos allí, para garantizar.
Sí, lo decimos totalmente en serio. Ya habrán investigado lo suficiente pero… la voz de alarma la dan los biólogos, los científicos del medioambiente, que dicen que evidentemente cuando llegan las épocas de verano el ecosistema es muy, muy, muy frágil, y todos estos productos tirados a la buena de Dios van a parar a los ríos y a los sistemas vivientes que habitan en ese lugar, lo cual nos parece serio.
Sabíamos que toda expedición científica que acude a esas bases tenían especial cuidado en estos aspectos. ¡Sabíamos! Pero, parece ser que lo sabíamos de segundas, es decir, no era muy cierto, puesto que ahora o bien han cambiado mucho las cosas, o bien siempre ha habido ese ‘despeño’ hacia lo que no se ve, de una cantidad de sustancias que realmente modifican y pueden cambiar ese ecosistema que nos pertenece a todos como ecosistema vital (en este caso de la Antártida).
Esa es nuestra reflexión en El Editorial de hoy.
Nos vamos a la Antártida, al continente Antártico. Primeramente porque –como dicen las notas- allí habitan entre 1.000 y 4.000 personas estables (cálculos estilo Sir Julian: entre 1.000 y 100.000, más o menos), dependiendo de las personas que van a investigar en las bases de exploración de aquel continente, y en el año 2013 ya hubo 38.000 turistas por allí. Hasta aquí “bien”. Ver la Antártida es, sin duda, un acontecimiento increíble.
Pero… el problema es que, bueno, se han tomado la molestia –y nos parece muy buena molestia- de analizar el agua (porque, ya saben, aquello es agua, agua, agua, en forma de hielo, hielo, hielo) de las zonas de residuos de los ríos cercanos a las bases de exploración, y… ¿qué se han encontrado? Analgésicos, antiinflamatorios, y… cocaína, en proporciones semejantes a las de cualquier ciudad europea (es decir, teniendo en cuenta la proporción de habitantes y cantidad de sustancias en afluentes de agua). Esto nos parece una noticia de Editorial total, de conciencia ecológica. Ahora que se habla tanto de ‘consciencia ecológica’.
Evidentemente, los turistas podrán contaminar algo pero, realmente, los que contaminan son los científicos que están allí de forma estable y permanente.
Ibuprofeno, cafeína, paracetamol y derivados de la cocaína.
Hay que ponerle un poco de humor a la cosa… Si ya se prohibieron las prospecciones petrolíferas en dicho continente, ahora habría que prohibir la presencia de seres humanos allí, para garantizar.
Sí, lo decimos totalmente en serio. Ya habrán investigado lo suficiente pero… la voz de alarma la dan los biólogos, los científicos del medioambiente, que dicen que evidentemente –ahora sobretodo, cuando llegan las épocas de verano (que no es el caso allí, ahora es invierno)- cuando llegan las épocas de verano el ecosistema es muy, muy, muy frágil, y todos estos productos tirados a la buena de Dios van a parar a los ríos y a los sistemas vivientes que habitan en ese lugar, lo cual nos parece serio.
Sabíamos que toda expedición científica que acude a esas bases tenían especial cuidado en estos aspectos. ¡Sabíamos! Pero, parece ser que lo sabíamos de segundas, es decir, no era muy cierto, puesto que ahora o bien han cambiado mucho las cosas, o bien siempre ha habido ese ‘despeño’ hacia lo que no se ve, de una cantidad de sustancias que realmente modifican y pueden cambiar ese ecosistema que nos pertenece a todos como ecosistema vital (en este caso de la Antártida).
Esa es nuestra reflexión en El Editorial de hoy.