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EL EDITORIAL. La palabra ‘cáncer’ tiene que ver con la no superación del problema

Nuestro Editorial hoy hace referencia al artículo aparecido en el diario El Mundo: “El riesgo de suicidio aumenta durante el primer año con el diagnóstico de cáncer”. “Una investigación revela que durante los 12 primeros meses tras el diagnóstico de un tumor, el riesgo de que los pacientes acaben con su vida es 2,5 vec

 

COMUNICANuestro Editorial hoy hace referencia al artículo aparecido en el diario El Mundo:

“El riesgo de suicidio aumenta durante el primer año con el diagnóstico de cáncer”.

“Una investigación revela que durante los 12 primeros meses tras el diagnóstico de un tumor, el riesgo de que los pacientes acaben con su vida es 2,5 veces mayor que el que sufre la población general.

Leer los labios del oncólogo cuando está pronunciando la palabra cáncer. Tras ese momento de diagnóstico, la enfermedad no sólo afecta en lo físico, también en lo emocional, a veces hasta el extremo. Según el estudio más amplio realizado hasta la fecha, durante el primer año después de la noticia, el riesgo de suicidio resulta 2,5 veces mayor que en la población general y varía en función del tipo de tumor”.

20190108 editorial 2“A tenor de los resultados que se desprenden de este análisis, publicado en la revista Cáncer, el mayor peligro se concentra en los pacientes con cáncer de páncreas, de pulmón y colorrectal. No tanto en el de mama y el de próstata. Al parecer, "los más agresivos incrementan el riesgo", recalcan los autores de este trabajo, del Boston Children's Hospital (Massachusetts, Estados Unidos) y del Hospital Universitario Charité de Berlín (Alemania)”.

Pues sí… ¡Ahí está!

"El cáncer asociado al aumento del riesgo de suicidio es algo que también podemos afirmar en la población española", señala Mercedes Navío, psiquiatra y coordinadora del grupo de trabajo del proyecto de prevención del suicidio dentro de la Estrategia de Salud Mental del Ministerio de Sanidad. No obstante, cabe matizar que se trata de un "fenómeno complejo y multifactorial". Es decir, no sólo podría influir el tipo de tumor o la gravedad de la afección. Existen otros condicionantes como el estrés, la evolución de la enfermedad, el pronóstico, si hubiera dolor difícil de controlar o si la depresión acompaña al paciente. "En el 90% de los suicidios, la enfermedad mental está subyacente", aclara la experta española al comentar la investigación”.

“También pueden incidir condicionantes sociales y económicos. Como argumenta la psico-oncóloga Pilar Arranz, "a medida que se reducen los recursos individuales para afrontar una situación de sufrimiento como puede ser el cáncer (estar solo, sin apoyo familiar, con medios económicos limitados, sin creencias espirituales, etc.) aumentan las ganas de abandonar y el riesgo de suicidio".

20190108 editorial 3Ambas especialistas coinciden en señalar, además, que el cáncer es aún una enfermedad con estigma en algunos contextos”.

Es estigma en todos…

“Persisten los mensajes de desesperanza y se asocia incorrectamente con la muerte. "Dicha relación es totalmente incorrecta en la mayoría de los casos en los que el cáncer se supera", afirma Navío. La palabra "cáncer no es sinónimo de muerte", subraya Arranz”.

Pues… No lo será pero para la población normal, y para el nivel de consciencia español, sí lo es. A veces nos hace un poco de gracia lo que dicen los psicólogos y los que se dicen ‘expertos’, cuando se constata una evidencia –una evidencia- de que cuando a la persona le dicen que tiene cáncer aumenta el 2,5% más el riesgo de suicidio… ¡No el riesgo! ¡Aumentan los suicidios! No se puede decir que “No, no… Estas son las cosas que…”. Eso está ocurriendo. ¿Y que no existe el estigma?... ¡Claro que existe el estigma! ¿Qué no existe la relación cáncer-muerte?... ¡Claro que existe!

Vamos a ver, las realidades que se manejan con las estadísticas son muy agradecidas. Según apriete por aquí, la estadística me dice lo que yo quiera. Pero cualquier persona –salvo aquellas que estén muy debidamente preparadas “psico-espiritual-afectivamente”- no está para irse de paseo diciendo que tienen algo como una gripe.

Nosotros añadimos otro comentario: Es un mecanismo neurolingüístico. Primero porque todos, todos, todos los que nos escuchan o leen, inclusive las personas que hemos mencionado como expertas, conocerán personas que han tenido cáncer y se han muerto de cáncer.

20190108 editorial 4No, evidentemente, la palabra no significa muerte segura pero todos conocemos personas que tenían cáncer y se han muerto. Y nos ha impactado, y nos ha llegado, ¿verdad? Y… ¿cuántas personas conocemos –“conocemos”, así, de evidencia diaria o cotidiana- que tenían cáncer y lo han superado?... Pocas, ¿verdad? Pocas. Lo cual no significa que no se reconozca que, evidentemente, se haya avanzado en los tratamientos de “supervivencia” de la enfermedad. Se ha avanzado. Pero para nosotros hay un mecanismo muy claro.

Evidentemente, cada época de la vida de la humanidad, ésta ha tenido sus estigmas: en su momento la tuberculosis, la peste, todas las epidemias graves, la sífilis, y otras cosas han tenido sus estigmas. Y cuando han empezado a ser crónicas –como el Síndrome de Inmunodeficiencia- ya parece que “se habían solucionado”… Pero los que estamos en la clínica cotidiana viendo pacientes vemos que algunos evolucionan bien, y otros, con el mismo diagnóstico y el mismo tratamiento evolucionan muy mal. Y, evidentemente, eso tiene que ver con la salud psicoemocional.

Y tiene que ver con la palabra: Cáncer. Porque hay otra forma de designarla, como “neoformaciones” (una nueva formación).

Si el oncólogo tuviera la suficiente sensibilidad (y no dudamos de que haya oncólogos que la tienen, pero lo que dice la mayoría de los oncólogos, como la mayoría de los psiquiatras en general ante diagnósticos como esquizofrenias o trastornos bipolares, son verdaderamente desesperantes porque saben que no van a tener una terapia adecuada, y entonces el desespero les lleva a desconfiar de las propias capacidades de la naturaleza, y desconfiar de los tratamientos, porque saben que, como mucho, se pueden cronificar y mantener al paciente más o menos.

Sí, indudablemente se ha pasado de un diagnostico que era definitivamente terminal casi nada más empezar, a un diagnóstico de pronóstico de supervivencia más largo, más cronificado, con infinitos y desesperantes chequeos (que cada vez que aparece un chequeo el paciente se echa a temblar).

29189198 editorialEsta es nuestra propuesta: si modificamos y preparamos adecuadamente al oncólogo para que se salga de la rutina de la rutina de lo que él ve todos los días (que ve resultados de cronificación, resultados fatalistas, y algunos resultados positivos pero… siempre –siempre, y lo va a decir el oncólogo- con la espada de Damocles encima (y lo va a decir el oncólogo): “Bueno, ahora estás bien, pero esto no significa que ya no tengas el problema porque esto puede volver a aparecer otra vez”.

Sí, teóricamente, en algunos tumores, pasados 6 años sin ningún signo, se consideran curados. Pero el oncólogo sabe que puede haber recidivas pasados los 10 años en otro lugar… ¡No siempre, por supuesto, y hay personas que “superan” –entre comillas lo de superar; habría que definirlo-.

Seamos honestos de verdad porque esto de que cuando hablan de cáncer digan que “la mayoría se cura; hay unos pocos que…”. Por favor, seamos honestos. ¡Eso no es cierto! La mayoría se hacen enfermos crónicos de tratamientos severos y duros y perseverantes. ¿Qué eso es un avance con respecto a antes que no se hacían crónicos sino que el tumor iba a toda velocidad?... Sí. (No en todos los casos pero si era así).

Los psicólogos no deben andar con paños calientes, deben ser sinceros pero a la vez esperanzadores. Hoy ya se está llegando a la idea oncológica que el sistema inmune, es DECIR NUESTRAS CAPACIDADES, las que tenemos como seres vivos, son la única forma de resolver una neoformación; una nueva formación. Que probablemente surja como un aviso espectacular de nuestro ESTADO ADAPTATIVO DE SALUD, un anuncio espectacular para que modifiquemos patrones de vida: alimentarios, de relación, de pensamiento, de convivencia, de solidaridad, etc. Tengamos en cuenta también esos factores, como han hecho esos colegas experimentados. Es multifactorial.

Pero si hablamos de neoformación, y hablamos de reeducar a los oncólogos en sus lenguajes, en sus pronósticos, y en sus verdades a medias tintas, pues conseguiremos que este índice del 2,5% más de suicidios, bajara o desaparecería. Eso sin contar con la capacidad que podría tener el organismo (porque la tiene y la tenemos diariamente: diariamente estamos gestando células neoformativas pero el sistema inmune se da por enterado y las reutiliza de otra manera, y dejan de ser peligrosas. Pero otras veces no ocurre así.

Por ahí está el filón de los oncólogos esperanzadores (que son muy pocos, por cierto). Estamos hablando de la clínica cotidiana: de ver pacientes diariamente. Es decir, de estar en contacto con los pacientes. Claro, los que están en un laboratorio y están exprimiendo las estadísticas y los datos, muchas veces muy poco fiables, pueden contar muchas veces maravillas de lo que sea. Pero hablemos –como les decíamos antes-: ¿conocen ustedes algún caso de neoformación que haya fallecido? Seguro que sí. ¿Cuántos conocen que lo hayan superado?...

Así, en preguntas simples. Luego, probablemente esas cifras escandalosamente refulgentes, no son tales. Lo que sí es que la supervivencia ha aumentado, pero hay que ver también en qué calidad de vida vive el paciente con una neoformación en la que siempre anda susurrando miedo, tensión, angustia…

Tenemos que replantearnos la enfermedad neoformativa, ese estado adaptativo de salud tan especialmente llamativo en nuestro tiempo.