EL EDITORIAL. Los políticos se han equivocado de curva
Nuestro Editorial de hoy nos lleva de nuevo al COVID-19. Los medios de comunicación y autoridades nos dicen que es necesario aplanar la curva, y que para ello se necesita que todo el mundo se quede en casa, lo cual es demoledor. Pero en estas Navidades, todo el mundo quiere “salir” y “entrar” en todas partes, y ahora r
Nuestro Editorial de hoy nos lleva de nuevo al COVID-19.
Los medios de comunicación y autoridades nos dicen que es necesario aplanar la curva, y que para ello se necesita que todo el mundo se quede en casa, lo cual es demoledor. Pero en estas Navidades, todo el mundo quiere “salir” y “entrar” en todas partes, y ahora resulta que los padres e hijos se piden mutuamente que se hagan la prueba de PCR para poder encontrarse… “Si quieres venir a casa, hazte una PCR. Yo también me la haré por si acaso”. Claro, dicen que no vaya el hijo porque les puede contagiar pero, ¿y si son los padres los que están contagiados?... Nada, nada: este año una cesta de Navidad con Kits PCR, así se podrán hacer las pruebas de forma biunívoca, por ejemplo.
No obstante, les traemos un artículo de Opinión aparecido en el diario El Mundo, que nos demuestra que hay personas que piensan de otra forma:
“Es necesario aplanar la curva del miedo”.
"En la primera ola, el SARS-CoV2, con una capacidad de replicación excepcional en las vías respiratorias superiores humanas, se transmitió como un tsunami de final de invierno a través del occidente mediterráneo. El virus encontró un nuevo hospedador sin defensas naturales preparadas, e impactó duramente la mortalidad de las personas mayores y de aquellas especialmente susceptibles. El confinamiento llegó tarde en nuestro país, por lo que el virus se extendió rápidamente entre las poblaciones más densas para desde ellas acceder a casi todos los rincones de la geografía. La curva de contagios, con caída drástica en la época estival y repunte otoñal, no se ha ajustado en el tiempo a las disposiciones del BOE sobre confinamientos o desescaladas, pero sí exquisitamente a la sensibilidad conocida de los virus respiratorios de genoma ARN helicoidal a la temperatura, radiación solar, o defensas inmunes estimuladas por la actividad al aire libre."
“Por irresponsable que pueda parecer sugerirlo (aunque no hay mayor irresponsabilidad que el silencio, o perpetuar una ignorancia estratégica), poco pueden hacer las medidas de higiene y distanciamiento social a gran escala -no así en lugares específicos, por ejemplo residencias de ancianos- para prevenir la propagación inexorable de los virus asentados a nivel poblacional, porque penetran al respirar a través de cualquier barrera como lo hacen los malos olores (¿o acaso usamos mascarilla para combatir las pandemias anuales de gripe, o lo hacíamos contra virus más patogénicos como el sarampión?)."
No, ¿verdad? Este señor, luego verán quien es, sí sabe lo que dice…
“Así lo han confirmado para SARS-CoV2 análisis rigurosos publicados en revistas de alto impacto científico al comparar la dinámica de transmisión del virus entre países con distinto grado de confinamiento social. Afortunadamente, o mejor dicho tras un trabajo evolutivo de millones de años, nuestras defensas inmunes se muestran sustancialmente eficaces para controlar también a este coronavirus.”
O sea, ni distancia social ni mascarilla para prevenir. La recomienda solo en espacios como las residencias de ancianos. ¡Porque penetran como lo hacen los malos olores! Esto es cierto: si huele mal, aunque se lleve la mascarilla, se nota.
Se lo repetimos porque es importante: “Poco pueden hacer las medidas de higiene y distanciamiento social a gran escala (no así en lugares específicos, por ejemplo residencias de ancianos) para prevenir la propagación inexorable de los virus asentados a nivel poblacional, porque penetran al respirar a través de cualquier barrera como lo hacen los malos olores.” Eso ocurre también con el SARS-CoV2.
Esto lo dice alguien que parece ser que está enterado. Y añade:
“Es preocupante que aún no tengamos una cifra fiable y precisa de la tasa de mortalidad del SARS-CoV2 en este año. ¿Es mayor a la gripe convencional anual? Y si lo es, ¿en qué factor? Se ha registrado un exceso de mortalidad significativa e indudable en los meses de marzo y abril respecto a la media de años anteriores, pero es incierto en qué grado estuvo causado directa o indirectamente por Covid-19. Los gráficos que muestran esta mortalidad la magnifican al no relativizarla respecto a las provocadas diariamente por el resto de factores, o por causa natural. Esta opacidad informativa no es deseable, ya que se observa una correlación entre alarma social y exceso de mortalidad no asignada a Covid-19 en numerosos países.
"A esta incertidumbre se añade que para asignar las defunciones a la Covid-19 el único protocolo que se sigue es una PCR restringida a un solo virus, el SARS-CoV2. La sensibilidad de esta técnica para detectar genomas (antes mencionada), y la falta de análisis de otros microbios, cuestiona que los fallecidos que se siguen acumulando lo sean realmente por Covid-19. Todo parece indicar que, de acuerdo con la estructura regular y prominente de la corona del virus que tanto estimula al sistema inmune, pronto tendremos vacunas eficaces contra la Covid19 y que por fin los mayores tendrán la protección adecuada que tan desesperadamente les ha faltado."
“Pero no debemos pensar que la gestión de la pandemia se reduce al principio del avestruz, permanecer quietos hasta que la vacuna extinga el virus, esto no es una opción, porque no será así. Una vez asentado en la población, el SARS-CoV2 se quedará entre nosotros un tiempo breve o largo (entiéndase generaciones en Biología), según múltiples factores incluyendo su variabilidad genética. Basta con considerar que la gripe mató solo en el año pasado a la mitad de las personas fallecidas (presuntamente) por Covid-19, a pesar de las vacunas eficaces que se administran regularmente de forma masiva contra este virus.”
La gripe… ¡Estas son cosas contundentes!
“Si a los brotes esporádicos o a la contingente detección de genomas virales más o menos activos, que resultarán de forma inevitable en incidencias imprecisas y cambiantes, respondemos de forma convulsa y restrictiva, no recuperaremos la dinámica social nunca.”
Esto último es muy importante también.
“Para el futuro inmediato, es evidente que se requiere una información científica-médica de mucha mayor calidad, para esta y otras posibles pandemias que puedan emerger o reemerger. Con la velocidad de comunicación de las redes sociales no se puede ni hay por qué competir, pero en la calidad de la información sí, y se debe hacer a través de comisiones multidisciplinares de nivel e independientes del poder político. Que muestren sus opiniones apoyadas en gráficos y análisis rigurosos convincentes, transmitan confianza por su competencia, transparencia y permeabilidad a la crítica, y guíen a la opinión pública en los binomios críticos como responsabilidad/sobreactuación, movilidad/incidencia, mortalidad/economía o inmunidad natural/vacunas. Podremos entonces focalizar de nuevo nuestra responsabilidad individual en el desafío principal que siempre fue y será llenar de contenido el regalo de la vida.”
Esto lo firma José María Almendral del Río es catedrático de Microbiología de la Universidad Autónoma de Madrid e investigador en Virología del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CSIC-UAM).
Aparentemente, este señor algo sabe, ¿no? Es que si no, no nos salen las cuentas. Este hombre también dice:
“Se diría que ni el sistema inmune ni nosotros hemos aprendido nada de la primera ola, y se buscan responsables para explicar lo que parece ser una segunda ola otoñal de mayores dimensiones, o para prevenir una tercera... Los datos científicos no justifican estas opiniones. Cuando se realiza un diagnóstico por PCR para determinar la incidencia de un virus, no se mide actividad infecciosa, sino presencia de genoma viral. Y, esto es importante, los genomas de los virus respiratorios persisten en la cavidad nasofaríngea empaquetados en partículas neutralizadas por el sistema inmune, o como fragmentos aislados sin ninguna capacidad infecciosa. Esto es difícil de analizar a gran escala (habría que usar PCR transcripcionales o ensayos de infectividad costosos y lentos), pero una fracción importante de los contagios que se diagnostican por PCR de alta sensibilidad deben ser genomas virales inertes, despojos acumulados de la acción inmune, que están siendo ahora detectados porque la escala de muestras diagnosticadas en nuestro país también ha crecido en forma exponencial desde agosto.”
“En otras palabras, si realmente estuviésemos padeciendo una segunda ola mucho más agresiva de virus que se propaga activamente, el índice de positividad en las pruebas PCR (positivos entre pruebas totales y a lo largo del tiempo, ¿porqué siempre olvidamos el denominador...?), debería subir también en forma exponencial, y las colas de espera de pacientes Covid-19 daría varias vueltas a la manzana alrededor de los hospitales, pero ninguna de las dos cosas sucede.”
“Por tanto, aunque un repunte otoñal es esperable para un virus respiratorio de genoma ARN, la incidencia acumulada medida como 'contagio' por PCR no tiene significado médico, ya que no nos informa de la gravedad de la pandemia.”
Y ahora viene algo importante también:
“Todas esas cifras de centenares de miles de personas contagiadas por SARS-CoV2 que nos sobrecogen serían similares o inferiores a las que se obtendrían si se lanzaran campañas de diagnóstico por PCR de elevada sensibilidad en la cavidad nasofaríngea para adenovirus, rinovirus, myxovirus, herpesvirus, reovirus, Paramyxovirus, parvovirus, etc, virus también patogénicos que persisten en nuestro sistema respiratorio generalmente sin manifestaciones clínicas, igualmente inactivados o controlados por el sistema inmune.”
“En suma, abrir los telediarios con los centenares de miles de contagiados por SARS-CoV2 es alarmar sin fundamento, ya que muy al contrario (y este debería ser el mensaje positivo que se difundiera) los datos demuestran la eficacia de las defensas inmunes al evitar patologías en la inmensa mayoría de las personas infectadas.”
Los datos demuestran nuestras defensas… ¡Lo que hemos dicho nosotros desde siempre! Verde y con hojas…
Es necesario aplanar la curva del miedo (no la curva del virus, como nos dicen los medios de comunicación y autoridades). Y lo dice alguien nadie sospechoso de no saber: se dedica a la biología molecular, y es catedrático de virología… José María Almendral, catedrático de Microbiología de la U. Autónoma de Madrid.
Por favor, cuando nos critiquen tanto diciendo que nosotros somos un poco irresponsables por nuestras opiniones, piénselo bien, porque hay otras personas bien conocidas que van más allá. Nosotros somos prudentes a su lado.
Este señor también deja bien claro que la vacuna no va a resolver la historia…
Repetimos lo que dice al final: “Podremos entonces focalizar de nuevo nuestra responsabilidad individual en el desafío principal que siempre fue y será llenar de contenido el regalo de la vida”.
"En la primera ola, el SARS-CoV2, con una capacidad de replicación excepcional en las vías respiratorias superiores humanas, se transmitió como un tsunami de final de invierno a través del occidente mediterráneo. El virus encontró un nuevo hospedador sin defensas naturales preparadas, e impactó duramente la mortalidad de las personas mayores y de aquellas especialmente susceptibles. El confinamiento llegó tarde en nuestro país, por lo que el virus se extendió rápidamente entre las poblaciones más densas para desde ellas acceder a casi todos los rincones de la geografía. La curva de contagios, con caída drástica en la época estival y repunte otoñal, no se ha ajustado en el tiempo a las disposiciones del BOE sobre confinamientos o desescaladas, pero sí exquisitamente a la sensibilidad conocida de los virus respiratorios de genoma ARN helicoidal a la temperatura, radiación solar, o defensas inmunes estimuladas por la actividad al aire libre."
“En otras palabras, si realmente estuviésemos padeciendo una segunda ola mucho más agresiva de virus que se propaga activamente, el índice de positividad en las pruebas PCR (positivos entre pruebas totales y a lo largo del tiempo, ¿porqué siempre olvidamos el denominador...?), debería subir también en forma exponencial, y las colas de espera de pacientes Covid-19 daría varias vueltas a la manzana alrededor de los hospitales, pero ninguna de las dos cosas sucede.”