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EL EDITORIAL. MASACRE EN UN CASINO DE FILIPINAS

Nuestro Editorial nos lleva de nuevo a una masacre. Han muerto 36 personas en el asalto a un complejo hotelero de lujo, concretamente en su casino, en Manila (Filipinas). Un individuo de raza caucásica entró con una metralleta, disparó más o menos al aire (no a las personas que allí había pero sí contra pantallas de TV

 

COMUNICANuestro Editorial nos lleva de nuevo a una masacre. Han muerto 36 personas en el asalto a un complejo hotelero de lujo, concretamente en su casino, en Manila (Filipinas).

Un individuo de raza caucásica entró con una metralleta, disparó más o menos al aire (no a las personas que allí había pero sí contra pantallas de TV), echó gasolina sobre varias mesas y les prendió fuego. Se generó pánico  y, como consecuencia del mismo y de la densa humareda, se produjo la muerte por asfixia de todas esas personas. No está claro cómo logró ingresar con gasolina y un rifle de asalto al lugar.

Según la versión oficial, el sujeto primeramente hizo un robo de fichas de juego por valor de 113 millones de pesos filipinos (unos dos millones de euros), pero luego, una vez apareció la policía, huyó del lugar, se atrincheró en una habitación del hotel, se envolvió en sabanas rociadas con gasolina, y se prendió fuego.

A todo esto, una facción del ejército del autoproclamado Estado Islámico (EI) se ha atribuido dicha acción. Sin embargo Duterte, el presidente filipino, afirma que no; que el que ha hecho esta barbarie es un enajenado mental por el juego (que se dice pronto: 36 personas que estaban allí disfrutando –suponemos- del casino en este gran complejo hotelero).

Así pasó. Pero... no hay que olvidar que esta semana, en la localidad de Marawi, en la isla sureña de Mindanao, el presidente Duterte declaró la guerra abierta a todos los partidarios del Grupo Maute, una facción del EI, que ocupan parcialmente dicha población desde el pasado 23 de mayo. Ha sido declarado el estado de emergencia, y la ley marcial aplicada ha ocasionado hasta ahora 172 personas fallecidas (sin que se hayan dado más explicaciones).

El EI insiste en que el acto del casino ha sido una de sus acciones, pero Duterte se niega a admitirlo, evidntemente como parte de las represiones que él está ejercitando sobre dicha facción, en la búsqueda de los líderes y cómplices que puedan desarrollarse en Filipinas.

En fin, lo cierto es que vamos de sobresalto en sobresalto. Después de Egipto, ahora esto. Suma y sigue.

Duterte ahora está muy apoyado –como podemos suponer- en sus políticas para erradicar la droga y a los drogodependientes, aplicando las leyes más crudas y duras. Y cuenta con el beneplácito, obviamente, del señor Donald Trump.

Así están las cosas en Filipinas. En este nuevo drama se enclavan las relaciones humanas, que se están promoviendo de una manera no caótica sino trágica, y sin duda tiene que ser nuestro Editorial. Y nuestra explicación va más, realmente, por la vía del Estado Islámico que la de un loco que entró allí al casino (algo que está fotografiado, ya que lo captaron las cámaras de seguridad: un hombre de 1.80 metros de estatura, raca caucásica, con bigote, etc.).

No sabemos, pero nos da más la sensación de que se trata más de una respuesta dada por la facción del EI que él persigue con la ley marcial en Mindanao, que la expresión de una persona enajenada. Pero como la información gubernamental del presidente Duterte está absolutamente sesgada (tiene un control muy extenso de la prensa y comunicaciones) no podemos estar muy convencidos de la versión oficial que, por otra parte, interesa que sea la obra de un enajenado porque si fuera obra del EI, Duterte habría perdido una batalla contra la facción islamista en Mindanao.

Habrá que esperar para ver si alguna noticia más posterior nos aclara este acontecimiento tan luctuoso.