EL EDITORIAL. Myanmar libera a dos periodistas que cumplían condena por un hacer impecable y perseverante
Nuestro Editorial nos lleva al mundo periodístico, sí. La noticia la recogemos del diario El País : “Myanmar libera a dos periodistas de Reuters tras 500 días en prisión”. El régimen dictatorial de Myanmar (Birmania). “Los reporteros, que han recibido el indulto presidencial, habían sido condenados a siete años de cárc
Nuestro Editorial nos lleva al mundo periodístico, sí. La noticia la recogemos del diario El País:
“Myanmar libera a dos periodistas de Reuters tras 500 días en prisión”.
El régimen dictatorial de Myanmar (Birmania).
“Los reporteros, que han recibido el indulto presidencial, habían sido condenados a siete años de cárcel por sus investigaciones sobre las matanzas de rohingyas.”
Matanzas sobre las que Aung San Suu Kyi, la premio Nobel de la Paz, se hace la “transparente”, ¿verdad? (Y ha defendido en septiembre de 2018 la condena de siete años de prisión a los dos periodistas…).
“Cuando empezaban a perderse las esperanzas, los periodistas de Reuters en Myanmar (antigua Birmania) Wa Lone y Kyaw Soe Oo han sido liberados este martes, beneficiados por una amnistía presidencial concedida a 6.250 presos. Los reporteros han recuperado la libertad tras pasar 500 días en prisión por su investigación sobre las matanzas a la minoría musulmana rohingya en Myanmar, acusados por este país de vulnerar la Ley de Secretos Oficiales y premiados con un Pulitzer por su trabajo.”
“La primera imagen en libertad de Wa Lone, de 33 años, y Kyaw Soe Oo, de 28, habla por sí sola: ambos luciendo una amplia sonrisa, saludando con la mano y haciendo el signo de la victoria. Los periodistas, oriundos de Myanmar, fueron condenados a siete años de cárcel en septiembre de 2018, y habían perdido hasta ahora todos los recursos, incluyendo el último presentado ante el Tribunal Supremo, que falló en su contra el mes pasado. Un indulto presidencial era su última opción.”
“Los jóvenes, que siempre han defendido su inocencia, fueron detenidos la noche del 12 de diciembre de 2017 tras reunirse en un restaurante de Rangún, la mayor ciudad de Myanmar, con dos policías birmanos, quienes, según los periodistas, les entregaron documentos supuestamente secretos. Después de su encuentro con los agentes, considerado una “trampa” por sus abogados, quedaron detenidos bajo el pretexto de que la información de la que disponían era confidencial y violaba la Ley de Secretos Oficiales, que se remonta a la época colonial británica. Interrogado como testigo de la Fiscalía durante el proceso, uno de los policías confesó por sorpresa haber entregado los documentos para inculparles.
En el momento de su arresto Wa Lone y Kyaw Soe Oo documentaban para Reuters una matanza de 10 hombres rohingya sucedida en septiembre de 2017 en la aldea de Inn Din (en el Estado de Rajine, al oeste de Myanmar, de donde proceden la mayoría de rohingyas en dicho país), en plena campaña de persecución del Tatmadaw (Ejército birmano) a la minoría musulmana. Una ofensiva sin precedentes calificada de “intento de genocidio” por la ONU que, desde agosto de ese año y en los meses siguientes, llevó a más de 700.000 rohingyas, más de dos tercios del total de la población, a huir al vecino Bangladésh, donde aún permanecen hacinados en campos de refugiados en la frontera.”
¡A Bangladesh!... ¡Vaya sitio!, ¿eh?
“El reportaje en el que trabajaban fue publicado después por Reuters, propiciando de forma inédita que un tribunal birmano condenara a 10 años de cárcel a siete soldados por la masacre de Inn Din. Por su parte, el comité del Pulitzer reconoció el pasado mes el trabajo de los periodistas por “exponer con pericia que unidades del Ejército y aldeanos budistas son responsables de la expulsión sistemática y el asesinato de rohingyas en Myanmar”.
¡Ahí están los periodistas! Ya libres. Habrá sido un calvario estar 500 días y no –nos imaginamos- en muy buenas condiciones. Este indulto general a más de 6.000 personas nos puede dar idea de la cantidad de población presa, motivada por un régimen militar implacable e inflexible.
Parece ser que se castigó a algunos militares responsables de aquella matanza, pero es la matanza de algunos porque hubo matanzas de más personas. (Para más información, pueden ver el pequeño reportaje aparecido en el diario El País).
Alegría por nuestra parte porque cada vez que alguien comente o diga algo con verisimilitud (como en este caso), y sea detenido y silenciado, o sea prohibido pues… nos quitan algo de nosotros. No lo decimos de nosotros como informadores, no, sino en general de nosotros como seres humanos.
Así que, aunque sea una “ñinga” (que dirían en la República Dominicana), es decir, que sea muy poco, algo es algo. La mordaza a veces se puede romper y se puede hablar. Y a estos dos periodistas les valió el Premio Pulitzer.
Lo de menos es eso (el premio), lo de más es que están libres, y pusieron de manifiesto algo que se trataba de ocultar por todos los medios, y que ya se sabe (es historia). Y que no se ha resuelto, por supuesto: los rohinyas están hacinados en el campo de refugiados más grande del mundo, en un país pobre, pobre, donde los haya (el país vecino: Bangladesh).
En fin, poco a poco vamos descubriendo lo que ocurre y lo que pasa. Y ojalá que poco a poco todos nos vayamos responsabilizando de ello y haciendo, de la mejor forma posible, nuestro hacer (el que nos toque) con la impecabilidad y la perseverancia que se precisa hoy en día.
“La primera imagen en libertad de Wa Lone, de 33 años, y Kyaw Soe Oo, de 28, habla por sí sola: ambos luciendo una amplia sonrisa, saludando con la mano y haciendo el signo de la victoria. Los periodistas, oriundos de Myanmar, fueron condenados a siete años de cárcel en septiembre de 2018, y habían perdido hasta ahora todos los recursos, incluyendo el último presentado ante el Tribunal Supremo, que falló en su contra el mes pasado. Un indulto presidencial era su última opción.”
En el momento de su arresto Wa Lone y Kyaw Soe Oo documentaban para Reuters una matanza de 10 hombres rohingya sucedida en septiembre de 2017 en la aldea de Inn Din (en el Estado de Rajine, al oeste de Myanmar, de donde proceden la mayoría de rohingyas en dicho país), en plena campaña de persecución del Tatmadaw (Ejército birmano) a la minoría musulmana. Una ofensiva sin precedentes calificada de “intento de genocidio” por la ONU que, desde agosto de ese año y en los meses siguientes, llevó a más de 700.000 rohingyas, más de dos tercios del total de la población, a huir al vecino Bangladésh, donde aún permanecen hacinados en campos de refugiados en la frontera.”