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EL EDITORIAL. Papa Francisco: ni el problema es que se les juzgue ni la solución está en pedir perdón

Nuestro Editorial vuelve al tema de la Iglesia Católica. La noticia aparece recogida en el diario El País : “El embajador vaticano pide perdón en Madrid por los “silencios y pasividades” de la Iglesia. Enzo Fratini celebra una Eucaristía ante los obispos españoles en la Jornada Mundial de Oración por las Víctimas de Ab

 

COMUNICANuestro Editorial vuelve al tema de la Iglesia Católica. La noticia aparece recogida en el diario El País:

“El embajador vaticano pide perdón en Madrid por los “silencios y pasividades” de la Iglesia. Enzo Fratini celebra una Eucaristía ante los obispos españoles en la Jornada Mundial de Oración por las Víctimas de Abusos”.

20181120 editorial 2No sabíamos de esta Jornada, pero ahora sí lo sabemos.

“Los obispos españoles, reunidos en Madrid en asamblea plenaria, han escuchado esta mañana palabras muy severas en boca del nuncio (embajador) del Estado vaticano en Madrid, el arzobispo Enzo Fratini, que se han leído en clave de abusos y pederastia en el seno de lglesia. “Pedimos cada uno de nosotros perdón por nuestras infidelidades, nuestras omisiones, nuestros silencios y pasividades. El pecado es personal y cada uno tiene que llevar su responsabilidad en su conciencia. No es suficiente pedir perdón por los demás, por lo realizado irresponsablemente por quienes tenían un encargo pastoral y han dañado a la Iglesia”, les dijo en el sermón que pronunció en la Eucaristía concelebrada en la Casa de la Iglesia, en Madrid, como acto penitencial y de petición de perdón colectiva”.

20181120 ediMás claro, agua pero...pero, pero… casualmente, también hoy ha salido en la prensa esta otra noticia, aparecida también en el diario El País:

“Un cura condenado por abusos integra un tribunal eclesiástico que los juzga”.

¡Increíble!, ¿verdad?

“Un párroco de Ciudad Rodrigo, con una pena de cárcel de 1998 que se ocultó, fue trasladado a otro pueblo y hoy forma parte de la vicaría judicial del obispado salmantino”.

¡Se ocultó! ¿Ustedes lo pueden entender?... ¿Esto no lo sabía el nuncio de la Santa Sede en España?

“El párroco de Espeja, un pueblo de poco más de 200 vecinos de Salamanca, fue condenado a un año de cárcel en 1998 por abusos sexuales sobre una niña de diez años, según han reconocido la diócesis de Ciudad Rodrigo, y el obispo de la época, Julián López, que hoy está en León. No llegó a entrar en prisión por no tener antecedentes. Sin embargo, la sentencia no trascendió públicamente y este sacerdote, Joaquín Galán Pino, siguió de párroco en Serradilla del Arroyo, a 40 kilómetros. Al menos desde 2002, según testimonios recogidos en este pueblo, hasta la actualidad. Es más, a día de hoy forma parte, como notario, de la vicaría judicial de la diócesis de Ciudad Rodrigo, como consta en su página web. Es el tribunal eclesiástico que se encarga de juzgar precisamente las denuncias por abuso de menores”.

¡¡!! ¡Señores! ¡Señores!... ¡Por favor!... No pueden seguir así. Es más urgente de lo que parece el futuro encuentro de las Conferencias Episcopales Mundiales (a realizar en El Vaticano el próximo febrero) convocado por el Papa. ¡Es más urgente de lo que parece! Casos así son increíbles.

20181120 editorialY no queremos dejar el Editorial sin completarlo con la siguiente noticia aparecida también en el diario El País. Ya lo suponíamos y por ello ya hemos avisado anteriormente que irían saliendo documentos de las diferentes Conferencias Episcopales anticipando un poco de lo que se hablará en febrero en El Vaticano:

“La Iglesia católica polaca pide perdón por los casos de pederastia. “Pedimos a Dios, a las víctimas de abusos, a sus familias y a la comunidad eclesial perdón por todo el daño causado", afirma en un comunicado”.

Increíble…

“La Iglesia católica polaca ha perdido perdón este lunes a las víctimas de abuso sexual por parte del clero, un mes después de que un tribunal de apelación confirmara una sentencia por la cual consideraba a la institución responsable de los abusos cometidos por uno de sus sacerdotes. El fallo condenaba a una congregación católica a pagar una indemnización de un millón de zlotys (unos 250.000 euros) a una víctima, y admitía que la Iglesia era responsable”.

"Pedimos a Dios, a las víctimas de abusos, a sus familias y a la comunidad eclesial perdón por todo el daño causado a los niños y jóvenes, así como a sus parientes", escribieron los obispos en un comunicado después de haber celebrado una conferencia centrada en este asunto”.

Papa Francisco, dese prisa (o a dimitir, o a instaurar). No se trata de que salgan a la luz nuevas denuncias (son interminables). No sabemos si el Papa es consciente (suponemos que sí) pero nosotros, como observadores y como relatores de la realidad cotidiana, nos decimos que el problema no es que se les juzgue y, por supuesto, la solución no está en pedir perdón (¡es solo una parte!).

La solución está en que no se sigan produciendo estos hechos. ¿Qué nos hace pensar que se siguen produciendo? Pues no lo hace pensar el hecho de que no han variado las condiciones. No han variado las condiciones de creencia; no han variado las condiciones de ascendencia del clero sobre los fieles. Y como no han variado esas tendencias (en este caso “pederastas”), no van a cambiar en su actitud.

20181120 editorial 3Mientras no se modifique el voto de la castidad, no se abra un espacio adecuado; mientras no se recuerde la frase del Cristo “Más le valdría a uno atarse a una rueda de molino de piedra y lanzarse al agua, antes de hacer daño a uno de estos pequeños”, mientras esto no se asimile por parte del sacerdocio; mientras no se prepare bien a los sacerdotes… Porque ya hemos pasado la época en la que la gente iba a los seminarios para poder comer, tener cama, y poder aprender a leer y escribir… Eso fue así al principio. Los seminarios estaban llenos de “vocaciones”… No eran vocaciones, era hambre; estaban llenos porque había hambre, y porque había hambre también de una cultura. Y, claro, la Iglesia acaparaba todo eso. ¿Cómo están los seminarios hoy? Vacíos, apenas si hay vocaciones.

Pero, claro, la sistemática, la preparación, y los votos de ‘Castidad, Obediencia y Pobreza’ siguen siendo los mismos. No ha variado el orden sacerdotal. Mientras éste no varíe es imposible que se destierre la pederastia. ¡Seguirá! Seguirá, y buscará otros vericuetos, otros derroteros… pero va a seguir.

Si no modificamos las condiciones en una carretera con una curva que tiene mal peralte y mala señalización, ¿no creen ustedes que después de un tiempo habrá otro, y otro, y otro? Y por ello avisan: ojo, se está acercando usted a una zona de alta siniestralidad… Pues, ¡modifiquen ustedes eso! Si se modifica la curva: se pone el peralte adecuado y se hace más recta, seguramente los accidentes no se producirán.

Aquí ocurre lo mismo, no hace falta ser un lince, ¿verdad? Entendemos que no es fácil modificar una estructura como la Iglesia Católica. No, claro, no es nada fácil.

Pero ya tenemos un Papa Emérito que se retiró porque no era capaz –no era capaz- de controlar los intereses creados que se gestan en torno a ese Estado del Vaticano. No fue capaz. Dijo que se iba.

Creemos, papa Francisco, que usted tampoco puede. No puede. Trata, y nos parece bien que trate, pero ¡no puede! Entonces, antes de que enferme, o antes de que se “cronifiquen” más las cosas dé paso a otro revolución atreviéndose a dimitir o atreviéndose en la reunión del Consejo de las Conferencias Episcopales (porque es casi un Concilio lo que usted ha convocado) atreviéndose a tratar de modificar el orden sacerdotal.

Seguramente así estaremos poniendo las piedras para una nueva actitud, un nuevo sacerdocio, que además, indudablemente la Iglesia renovaría, gestaría nuevas vocaciones, pero ya con el conocimiento de causa de que los elementos que tiendan a producir estas patologías como la pederastia se vean libres. Al menos esa posibilidad porque, evidentemente, la Iglesia con sus preceptos es responsable subsidiaria de que algunos sacerdotes estén en estas condicione tan terribles y tan lamentables (como la de pasar: de ser abusador, a ser juez de los que abusan).

Increíble, pero cierto.