EL EDITORIAL. Sanidad española: “habemus” flagrantes listas de espera
Nuestro Editorial de hoy es de una actualidad cotidiana, diaria, pero entra en los estados de cronicidad. Los últimos datos nos dicen que hay en España hay tres millones de personas en listas de espera para atención médica, las cuales tiene una media de espera de tres meses. Hay unas 700.000 personas a la espera de una
Nuestro Editorial de hoy es de una actualidad cotidiana, diaria, pero entra en los estados de cronicidad.
Los últimos datos nos dicen que hay en España hay tres millones de personas en listas de espera para atención médica, las cuales tiene una media de espera de tres meses. Hay unas 700.000 personas a la espera de una intervención quirúrgica (¡setecientas mil!), la mayoría en traumatología. (¡Imagínense! Si lo que se tiene es un problema traumatológico, pues…). Las listas de espera para la atención primaria son de un día… o más (O sea, si estoy malito y pido hora hoy, me atenderán mañana o… pasado).x
Esto ya es una rutina. Una rutina que, con estos números, estamos batiendo récords. Evidentemente el ciudadano es contribuyente para la Seguridad Social (cada español, de una forma directa o indirecta sigue abonando sus cuotas), pero, cada vez hay más españoles que acuden a la sanidad privada (ya se habla de un 30% de españoles que tienen una filiación con entidades privadas por motivos de su salud).
Esto es demoledor. Decimos demoledor porque los pacientes que, por ejemplo, podamos imaginar que para hacerse una ecografía le den tres meses de espera sin saber qué resultado tendrá, pues… les resultará un poco “incómodo”, ¿verdad?
Lo cierto es que esto se asume como algo natural por aquello de “esto es así”.
Uno de los pilares de esta situación fue la debacle económica que ocurrió en el 2008 (recesión de los años 2008-14, por poner cifras). En cualquier caso, lo que implicó dicha crisis fue la rebaja drástica de las partidas asignadas a la Sanidad dentro de los Presupuestos Generales del Estado (PGE). Esto, obviamente, ocasionó que la calidad asistencial haya bajado. Y, evidentemente, si baja la calidad porque hay un “stock” grave, ¿qué ocurre?, que el paciente reincidirá, es decir, recaerá en la enfermedad. Si tuviéramos calidad (algo que tiene que ver también con la economía y con el número de facultativos) las posibilidades de recaída serían mucho menores y, por supuesto, las listas de espera serían significativamente menores.
Pasa como con los incendios: de cada 10, nueve se pueden evitar. En las listas de espera es igual. Sabemos cuáles son las razones que nos llevan a esta situación, que calificaríamos de dramática. Lo que pasa es que el paciente tiene un “callo de aguante” impresionante, y se busca la vida como sea (“Mira por aquí…”, “Haz trampa por allá…” “Ingresa por Urgencias, a ver si te pueden mirar…”). O sea, mala situación, mala gestión.
Y… ¿qué ocurre? Que los profesionales, cuya formación ha costado un dinero a las arcas del Estado (en definitiva, a los contribuyentes), una vez formados, al carecer de plazas, recursos y/o medios, se van a otro país. Y encima, si están bien formados, más fácilmente se les reclama en otros países de la Unión Europea (… o no, como es el caso del Reino Unido). Con todo esto, aunque ahora quisiéramos reclutar a personal suficiente, no habría donde hacerlo.
Esta es una labor de Estado y de Gobierno. Cualquier puesto dentro de la Administración debe ser consciente de ese gran agujero.
Hay elementos básicos en cualquier sociedad de cualquier país que deben funcionar correctamente: cultura/educación, sanidad, seguridad/vivienda, y la promoción del desarrollo con vistas al futuro. Es algo básico y simple: que las personas tengan una educación básica, que la personas tengan un futuro y puedan expresarse; que las personas tengan lugares a los que acudir para sanar sus dolencias… Se podría ampliar mucho el ejemplo, pero, básicamente sería: educación, sanidad, vivienda, seguridad y desarrollo… y libertad de expresión real. Es decir, son cosas muy básicas.
Nos llama la atención el ver cómo los gobiernos se enredan, se complican, y cuentan que tal o que cual… El caso es que estas pautas básicas (que deberían ser absolutamente realizables en una democracia, y más en una democracia capitalista) no se cumplen. Y lo grave es que la sensibilidad social carece de capacidad para defenderse. Protesta, pone, opina… pero todos nos convertimos en carne de cañón. Y, en definitiva, creamos una sanidad privada privilegiada, cuando resulta que hay medios más que suficientes (tal como los hubo anteriormente) para tener una Seguridad Social en materia de sanidad digna, capaz, solvente, como realmente merecen los contribuyentes, los ciudadanos.
Hablamos de nuestro país, España, pero en otros países la situación de salud no es muy distinta, pero las cosas son “mejores”. Eso nos preocupa: que en otros países democráticos (como Alemania, Bélgica, Holanda… por poner tres ejemplos) las cosas en asuntos de sanidad pública son mejores. Y nosotros tenemos recursos más que suficiente para ser muchísimo mejores de lo que somos.
Dentro de los problemas que vemos a la hora de poder solventar este asunto destacamos uno. Todo el mundo hace mucho hincapié en la economía. Y sí, es cierto, pero nosotros hacemos hincapié en la calidad. Hay que conseguir que la atención sea de calidad. Repetimos: si esto es así, las posibilidades de recaídas, las posibilidades de necesitar nuevas intervenciones, serán mucho menores y mínimas.
No decimos que se arreglaría solo pendientes de la calidad, ni decimos que la calidad sea mala per sé. No, la calidad está siendo la que puede ser, y dada la situación, no es buena, por supuesto. Los colegas hacen lo imposible para que sea buena, pero… si tienes un tiempo acotado para ver a 80 pacientes, como ocurre en Atención Primaria, no van a poder ser muy bien examinados, por mucho que se empeñe el facultativo.
Es decir, tenemos calidad entre los facultativos, y posibilidades de extender asistencia buena y de calidad, pero para ello es necesario que los facultativos tengan tiempo, es necesario que estén bien remunerados, y es necesario que tengan seguridad en su trabajo. De esta forma podrían laborar con solvencia
La calidad se tiene. Permitamos que se realice. En las condiciones en las que se está actualmente es muy difícil ofrecer calidad.
¡Así estamos!
Conocemos personas que están esperando para operarse un hombro desde hace casi un año. Parece mentira. Te lo cuentan o lo lees y no te lo crees, pero cuando llega un momento en que te toca padecer algún problema, pues te preguntarás qué pasa aquí.
Tres millones esperando una media de tres meses. ¡Como media! Pueden ser muchos más. Son muchos meses para cuando se está en un estado de enfermedad.
¿La Cara de España tiene alguna aportación?, en cuanto a solución en general (además de la económica, de la calidad, de las prestaciones, y de asegurar un trabajo digno a los facultativos).
JC Afán: en su momento fue muy buena, pero… la dejadez, el no considerar este tema prioritario, el apostar por otro modelo (la privada), pues… como se decía en la obra literaria, “entre todos lo mataron y él solito se murió”. Se ha hecho una gran inversión, hay medios, y se pueden buscar soluciones si se quiere (hay horario suficiente para operar a más pacientes, hay posibilidad de poder dedicar más gente a la atención…). Desatascando. Lo que ocurre es que, al final, todos quieren que su campana sea la que suene. Y los pacientes estamos acostumbrados a ser sufrientes, y la salud parece que es como un designio por encima de todo, que nos cae, y hay que sobrellevarlo. Es inevitable. Y aparece la solución privada como algo rápido. Y en la Administración no se ven las caras de los pacientes, solo son números. El ánima del cuidado ha desaparecido para todos los implicados: facultativos, administrativos y pacientes.
Lo más grave de la situación actual es que anteriormente hemos tenido una Seguridad Social casi ejemplar. ¿Qué ha pasado? Existieron personas que llevaron la Sanidad a un nivel bueno, ¿qué otras personas han llevado a la Sanidad a su situación actual? ¿Cómo ha ido cambiando? Hubo una inversión adecuada y una gestión correcta, una voluntad política fue la que llevó a la Sanidad a ser casi modélica. Pero cambió esa voluntad política y ha habido falta de recursos, gestión inadecuada, etc. y llegamos a la situación actual. Eso es lo más hiriente. Si nunca hubiéramos estado en la excelencia… pero no. La han deteriorado poco a poco. Ese juego político ha facilitado que las cosas estén así ahora. Eso es grave. Es una responsabilidad de Estado y del Gobierno, que son los que administran los bienes de los ciudadanos. Antes lo hicieron bien, pero ahora no.
Si vemos el caso de los trasplantes, vemos que somos de los mejores del mundo. Eso es por voluntad política que invierte en medios, recursos, desarrollo, etc. El personal está al límite, pero sigue funcionando. Pero el resto del sistema, no.
En fin, lo vemos claro, y lo volvemos a denunciar, no es la primera vez que hablamos de este tema, pero hay que insistir una y otra vez para que se retome la sensibilidad, de alguna manera, y volvamos a tener un servicio sanitario adecuado a las aportaciones que hacemos los ciudadanos (directa o indirectamente) para el mantenimiento del mismo.