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EL EDITORIAL. TRUMP LANZA DOS NUEVAS GRANADAS: UNA PARA EL FBI Y OTRA PARA AFGANISTÁN

Nuestro Editorial lo encabeza hoy, de nuevo, Trump. En primer lugar porque el presidente norteamericano ha cesado al director del FBI (Oficina Federal de Investigación, por sus siglas en inglés, la principal rama de investigación del departamento de Justicia de los Estados Unidos de Norteamérica) acusándole de incompet

 

COMUNICANuestro Editorial lo encabeza hoy, de nuevo, Trump.

En primer lugar porque el presidente norteamericano ha cesado al director del FBI (Oficina Federal de Investigación, por sus siglas en inglés, la principal rama de investigación del departamento de Justicia de los Estados Unidos de Norteamérica) acusándole de incompetente, nada más ni nada menos. Además de destituirlo, públicamente le acusa de incompetente por los asuntos relacionados con Rusia, las elecciones… En fin, cualquier cosa puede decir Trump cuando la decisión depende de él, y en cualquier posición puede dejar a la persona.

Pero lo más significativo a propósito de Trump no es esta destitución, sino el hecho de que quiere acabar con la guerra de Afganistán (con la invasión que EE.UU. hizo en aquel país). Quiere acabar con la guerra más larga que han tenido los Estados Unidos (lo que pasa es que a lo largo del tiempo ha bajado de intensidad, ha subido de intensidad, etc.). Durante la pasada campaña electoral no se ha hablado de ella pero, fíjense:

  • En la actualidad hay 8.400 soldados en Afganistán, y se prevé dotar de un contingente de entre 3.000 y 5.000 soldados más (dicen cifras así de amplias).
  • Además hay 20.000 civiles contratados por el Pentágono y el Ministerio de Defensa.
  • Y además, hay miles de ex soldados norteamericanos y europeos (busca-dineros, busca-vidas, busca-impresiones, busca…).

¡Fíjense cómo está!

El caso es que la tercera parte de la población de Afganistán vive bajo el control de los talibanes (8,4 millones de personas). En otro tiempo, como saben ustedes, cuando Afganistán era la guerra maldita de los rusos, los norteamericanos apoyaron a los talibanes, pero ahora las cosas han cambiado y van contra esta milicia fundamentalista, quienes a su vez tienen su vía franca en Pakistán (país que con el que comparte frontera Afganistán y que apoya a la milicia).

En consecuencia, no sabe cómo acabar con ese derroche más o menos continuo, pero ¡ahí lo tiene! Esto es una herencia, evidentemente, de Barack Hussein Obama, que no fue capaz en ocho años de acabar con la contienda. Claro que, si no fue capaz de acabar con Guantánamo (que tiene mucha relación, como pueden suponer, con Afganistán) pues… ahora el señor Trump está dispuesto a reactivar, con el grandísimo beneplácito de los militares, una guerra que, ya de entrada –como todos los que han tratado de conquistar Afganistán- lo tiene muy difícil por esos más de ocho millones de pastunes, etnia constituida por una serie de tribus, que supone la mitad de la población afgana, y a la cual pertenecen los talibanes. (Todos los talibanes son pastunes pero no todos los pastunes son talibanes. Un talibán es un adepto, un estudiante; ese es el significado de la palabra: una persona que estudia, pero… eso sí, estudia unos radicalismos severos).

Pues ahí está la “granada”, que además de explotarle al director del FBI, se incrementa y se incendia en Afganistán, que –insistimos- no es nuevo, no lo ha creado el señor Trump, pero tiene intereses en acrecentarlo con el fin de acabar con los talibanes, cosa hartamente difícil de que esto ocurra. ¿Va a crear un nuevo Vietnam?, ¿o un nuevo “Talibandia”? (como en su momento hizo Rusia, y se tuvo que retirar, como también lo hizo EE.UU. en Vietnam)… Está por ver. Esperemos que no lo tengamos que ver. ¡Esperemos! De momento va a recrudecerse la presencia norteamericana en soldados activos en cifras indeterminadas, más todos los 20.000 contratados por las agencias (por lo tanto tienen las manos libres), más los ex soldados norteamericanos y ex soldados europeos.

Este es nuestro Editorial y nuestro comentario. Terrible. Terrible que se reagudice una guerra crónica que estaba ahí, larvada, y que justifica –por supuesto- la presencia de Guantánamo (el que no podemos olvidar, aunque se haya marchado quien prometió cerrarlo).