EL EDITORIAL. TRUMP SIGUE CON SU POLÍTICA DE NO HACER AMIGOS Y AISLAR A EEUU DEL RESTO DEL PLANETA
El señor Donald Trump, se hace de nuevo participe e insistente en nuestro Editorial por dos razones (que son parte de sus promesas electorales). La primera razón es acerca de Irán, ya que decididamente rompe con el acuerdo nuclear alcanzado en julio de 2015. Acaba de anunciar que no certificará el pacto y lo remitirá a
El señor Donald Trump, se hace de nuevo participe e insistente en nuestro Editorial por dos razones (que son parte de sus promesas electorales).
La primera razón es acerca de Irán, ya que decididamente rompe con el acuerdo nuclear alcanzado en julio de 2015. Acaba de anunciar que no certificará el pacto y lo remitirá al Congreso de su país. Esto mundialmente es considerado como retroceso, pero el señor Trump, primero no se fía de los iraníes y piensa que continúan con su programa nuclear. Segundo, no se fía de los cohetes iraníes con sus correspondientes misiles (igual que no se fía de los coreanos del norte). Y tercero y último, con ello consigue el aplauso de Israel. Ahora pide de una revisión de ese acuerdo, que lo considera el pacto más ignominioso que han realizado los Estados Unidos de Norteamérica con sus enemigos naturales.
Europa, en cambio, considera que ese acuerdo es una cosa estupenda, que está bien, que es bueno, que detiene, que contiene… Pero, la desconfianza de Trump hacia Irán es grande. Y es más, propone que mientras se acuerda (si es que hay que hacer un acuerdo de algún otro tipo) se incrementen las medidas de restricción a Irán (dijo que buscará imponer nuevas sanciones contra la Guardia Revolucionaria iraní y contra el programa de misiles balísticos de la nación persa).
O sea que la situación en la zona se vuelve a poner tensa y difícil, cuando ya parecía que estaba tranquila y relajada porque se había llegado a un consenso que parecía maravilloso para los del partido Demócrata. Pero para los Republicanos, y en especial para el señor Trump, parece totalmente desaconsejable.
Esto por una parte.
Y la otra parte de nuestro Editorial (siguiendo con el señor Trump y las razones para que comentemos hoy sobre él) es que “harto ya de estar harto, ya se cansó” (parafraseando a Joan Manuel Serrat en su canción). Se cansó de que, en relación al denominado ‘Obamacare’ (la ley sanitaria impulsada por Barack Obama), no saliera aprobada en el Congreso una contrarreforma sanitaria, y por ello ha decidido tomar medidas contra el mismo.
¿Y cuál es la medida que ha tomado? Pues… ¡la más fácil! Los ricos se harán más ricos a costa de hacer más pobres a los pobres. Eso es lo que ha hecho.
La Administración dotaba de una ayuda económica para que los más pobres pudieran tener asistencia médica. Son unas ayudas para las personas con bajos recursos, para aquellos que están totalmente desamparados. Estas ayudas son las problemáticas. Resulta que las paga el Gobierno a las compañías aseguradoras, y el año pasado su coste ascendió a 7.000 millones de dólares.
Los Republicanos de la Cámara de Representantes recurrieron ante los tribunales a dichas ayudas alegando que eran ilegales, ya que el Congreso nunca las había aprobado como parte del presupuesto anual del Gobierno. Un juez les dio la razón, pero el Gobierno de Obama presentó a su vez un recurso, y todavía no hay sentencia final. La Administración Trump había mantenido hasta ahora los pagos, y muchos legisladores y expertos le habían pedido que los continuara hasta que se llegara a una solución definitiva, pero… Ahora ha decidido el señor Trump que “no hay dinero”, y las arcas del Estado no pueden sufragar eso sin haber sido aprobado previamente por el Congreso. En consecuencia, los pobres volverán a ser más pobres, las atenciones que tenían volverán a ser peor que antes.
Trump, evidentemente, con esto busca sanear las arcas de Estado, establecer otra nueva legislación, y (él mismo lo dice) tener una seguridad social y una seguridad medica brillante y boyante par todos los norteamericanos.
¿Qué entiende el señor Trump por “todos”? ¿Será “everybody”? ¿Será “anyperson”? ¡Quien sabe! Lo cierto es que es un golpe bajo éste que ha dado el señor Trump (pero legal), harto de que en el Congreso no haya ni ninguna buena idea (para sustituir al Obamacare), y harto de que el Estado intervenga. Esa es la principal justificación de Trump: que el Estado no se convierta en un “papá Estado” al que se le engaña, se le mienta, y se le diga que puede ayudar con tal seguro a sufragar tales gastos, pero luego no es así y el Estado sigue pagando, etc. ¡Y esto último es lo que no quiere el señor Trump!
Realmente, estos aconteceres, en unión con los que decíamos el otro día:
- Se retiró del Acuerdo de París (a propósito de la contaminación y del cambio climático).
- Ha abandonado la UNESCO.
Todo esto hace que el Gobierno republicano de Donald Trump se vea cada vez más poseído de su protagonismo y, a la vez, más separado del universalismo que le corresponde
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La clave del Obamacare es que crea un mercado regulado para la compra de seguros para las personas (21,8 millones, un 7% de la población) que no obtienen asistencia a través de sus empleos o el Gobierno (con sus programas públicos para personas muy pobres o jubiladas). Dentro de ese mercado, el Gobierno concede dos tipos de subsidios para gastar menos en sanidad. Por un lado, cuatro de cada cinco asegurados a través de Obamacare recibe algún tipo de ayuda que rebaja el coste mensual de su póliza. En paralelo, las personas con ingresos bajos —que ganan entre 12.000 y 30.000 dólares anuales— reciben otras ayudas para pagar menos costes extras al margen de su póliza, como copagos por acudir a un médico o reducir su nivel mínimo de gastos. Estas últimas ayudas las paga la Administración a las compañías aseguradoras, y son la que el pasado año supusieron un coste de 7.000 millones de dólares.