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EL EDITORIAL. Ucrania: Rumores de calma. Apostamos por ello

Nuestro Editorial vuelve a ser la invasión guerrera rusa en Ucrania. En esta ocasión, a fuerza de hablar tantas veces de propuestas de paz, esta vez traemos –no porque lo hayamos dicho nosotros, por supuesto que no, pero somos una gota más en el océano-- traemos buenas nuevas, sospechosas de buenas nuevas, porque claro

 

0000000COMUNICANuestro Editorial vuelve a ser la invasión guerrera rusa en Ucrania. 

En esta ocasión, a fuerza de hablar tantas veces de propuestas de paz, esta vez traemos –no porque lo hayamos dicho nosotros, por supuesto que no, pero somos una gota más en el océano-- traemos buenas nuevas, sospechosas de buenas nuevas, porque claro, entre tanto afán guerrero, el que aparezca un intercambio de 40 prisioneros entre ucranianos y rusos, pues no es habitual, ¿verdad? Pues bien, entre soldados, civiles, suboficiales y oficiales (que en teoría se van a incorporar otra vez a la guerra, ¿no?) ha habido un intercambio importante.

20230426 edito 2No obstante, quizás la noticia del día es la llamada telefónica que ha hecho Xi Jinping al señor Zelenski.  El presidente ucraniano tenía muchos resquemores, en otro tiempo, a propósito de la postura de China, pero esta vez todo ha sido beneplácito.  Según Zelenski, la conversación ha sido profunda y larga. 

Bueno, bueno, bueno… No sabemos, evidentemente, si han llegado algún tipo de acuerdo, pero sí ha habido un pequeño acercamiento de entrada. Xi Jinping ha prometido la llegada inminente de un embajador extraordinario para los trabajos de paz de la región.  Igualmente, Ucrania ha nombrado un embajador en China.  No es que tuvieran relaciones diplomáticas rotas, sino que el último embajador hacía dos años había fallecido y, finalmente, se quedó la encargada de negocios, simplemente. Pero después de la conversación ya hay un embajador nombrado por Zelenski en la República Popular China. Y un embajador extraordinario envía China para hablar de paz.

20230426 editoEste intercambio de 40 prisioneros de guerra nos augura rumores de calma. 

Por otra parte, nos ha gustado una declaración de Ucrania, del gobierno ucraniano, diciendo que vale ya de especular tanto sobre “la contraofensiva”, que parece más un anuncio de la Guerra de las Galaxias.  Pues sí, está bien que hagan esa advertencia. Está bien que la hagan, ¿no?, porque realmente eso es propagar más aún el espíritu guerrero. 

Por otra parte, el señor Lula da Silva está de visita en España.  Sí, sí, sí.  Cenó con los reyes, habló con Pedro I “El Sánchez”, y no tuvo inconveniente en propagar la idea de la paz, y de decir que los territorios de Lugansk, Crimea, y etc. no son asuntos que él pueda decidir y opinar sobre cuál es su destino. 

El señor Sánchez, ¡faltaría más!, está muy de acuerdo en seguir mandando munición.  Lula ha dejado claro que cuanta más munición se mande, más permanece la guerra. 

Igualmente, para no ser menos, el rey, en la cena ha propagado a los cuatro vientos lo de los territorios ucranianos, la invasión, tal y cual… ¡Qué poco tacto político!  Quien escriba los discursos podría pensar algo similar al mensaje que trae Lula.  Simplemente apoyar su mensaje, y no incidir sobre las diferencias que puede haber entre uno y otro, ¡teniendo en cuenta que la idea de Lula es la pacificación!  Ya, solo con eso, debería ser, entre otras cosas, bien recibido –esperemos que sí haya sido bien recibido- pero los discursos protocolarios no han ido precisamente a una entente cordial, como hubieran hecho los chinos, por ejemplo: es mi invitado, y por lo tanto no voy a entrar en aspectos en los que estamos “no muy de acuerdo”, dejémoslo así, ¿verdad?  En cambio, España sí ha entrado. Rebatiendo una idea que, simplemente, ha lanzado Lula de crear un grupo de países que no pertenezcan al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para que, entre ellos, ese grupo de países, promuevan el desarrollo de la paz en Ucrania y, como ha dicho él, no entrar ya en los detalles de si este territorio es ucraniano o es ruso. Eso es algo que tendrán que dirimir, evidentemente, en conversaciones de paz. 

20230426 edito 4Creemos que no hemos sido buenos anfitriones de Lula.  No, no, no.  Sobre todo, porque él venía en son de paz, y viene transmitiendo sones de paz. ¿Que las formas y maneras no son gustosas? … ¡Bueno! Pero, es curioso, no se atreve señor Rey, usted, a decir y a expresar que ¿cómo es que la República Popular China no habla de la guerra de Ucrania, sino que habla de una crisis?  ¿Cómo es que la República Popular China no condena la invasión? ¿Por qué no lo dice usted también? En cambio, aprovecha que viene un representante de un país latinoamericano –y siempre, para los monarcas y jerarcas españoles, son personas de segunda categoría- para lanzar el “speach guerrero”.  Podría usted lanzar el mismo “speach” contra China, ¿no?, señor rey, señor presidente del gobierno… En cambio, no, sobre China no dicen nada. Esto es una muestra más de la “lerguitud” –si no existía la palabra, existe a partir de ahora mismo. 

“Lerguitud” es el letargo despótico y ruinoso de los políticos. Ahora, precisamente, en España, están enfangados en las campañas electorales a la búsqueda del voto que les dará el triunfo en “las urnas”, es decir, en “los cementerios”. 

En fin, así estamos.

Y esta llamada de Xi Jinping, a los dirigentes europeos les ha dejado un poco, así como… No es que no la esperaran. Sí, esperaban que eso se produjera, pero por el buen tono que han tenido entre los dos –entre Xi Jinping y Zelenski—eso, como que no ha gustado mucho a Europa.  En cambio, curiosamente, los Estados Unidos han aplaudido y han visto con buena factura esa llamada de Xi Jinping y esa buena relación de conversación –así nos lo ha expresado Zelenski, sin entrar en detalles como era de suponer-. EE.UU. ha aplaudido eso.

Eso es política, sin duda; probablemente cinismo, ¡sin duda!, pero… deja un espacio a las posibilidades de paz. Deja un espacio.  Cosa que España, con su “anfitrionazgo” al recibimiento de Lula, no lo ha dejado; ha entrado enseguida al trapo de la controversia.

Muy bien, señor Lula, usted está proponiendo algo en pro de la paz. Nos parece estupendo.  Usted ya sabe cuál es nuestra posición [de España], pero nos parece estupendo.  Apoyaremos todo proceso de paz. 

Fíjense ustedes que bien:  Lula ya sabe lo que piensa España, pero ¿por qué decirlo?  ¿Y decírselo a él, que trae una propuesta de paz?  ¿Por qué no decirle algo a China?  Pero… ¡así se maneja la política! Y es bueno que esto ocurra --nos gustaría que ocurriera de otra forma, por supuesto- pero que esto ocurra hace que nos demos cuenta del talante político que tenemos. Y no sólo aquí. Ya hemos puesto el caso de Estados Unidos, que aplaude esa conversación, probablemente muy hipócritamente --¡no sabemos! -, porque lo que hay en el trasfondo de todo esto es un enorme e inconmensurable misterio, del que poco a poco se irá desvelando algo. ¡Algo!

Como, poco a poco, ahora se desvelan algunas cosas que ocurrieron en la II Guerra Mundial.  ¿Cuánto material reservado hay de la II Guerra Mundial en las hemerotecas del Ejército? Millones de documentos.  ¿Se desclasificarán alguna vez? Es como decir, ¿cuándo se desclasificarán los documentos de la Guerra Civil española?  ¿Alguna vez?  ¿O nunca?  En cualquier caso, es una forma elegante de borrar la historia y hacer una nueva historia muy parecida a la anterior, pero, como no conocemos la anterior, entonces se puede repetir, como vemos, o por trazas, en muchas cosas. 

Y hasta ahí nuestro Editorial, con un cierto optimismo, “cierto optimismo”, porque ya nos han pasado otros momentos de optimismo, pero “cierto optimismo”, empujando intencionalmente por la postura china, por la postura de Lula. Empujando para que, los que tienen en sus manos, véase Estados Unidos, véase Europa, véase Rusia, véase Ucrania (quizá por ese orden) tengan a bien el decir stop. De momento, stop, alto al fuego.  Luego hablamos, luego hablamos.  Y en el hablar, pues iremos discerniendo la paja del grano.  Nunca mejor dicho.