EL EDITORIAL Una palabra: Himars. Nada de concordia y de paz
Comenzamos El Editorial con una palabra: Himars, un lanzamisiles moderno que acaba de llegar a Ucrania procedente de Estados Unidos. Lanzamisiles con el que, como dicen los alemanes, pretenden equilibrar la guerra, para así poder iniciar conversaciones sin minusvalía de un contendiente en relación al otro. Tal como hem
Comenzamos El Editorial con una palabra: Himars, un lanzamisiles moderno que acaba de llegar a Ucrania procedente de Estados Unidos. Lanzamisiles con el que, como dicen los alemanes, pretenden equilibrar la guerra, para así poder iniciar conversaciones sin minusvalía de un contendiente en relación al otro.
Tal como hemos preguntado muchas veces, ¿estos lanzamisiles cómo llegan, de qué forma? No lo sabemos. Llegamos a pensar barbaridades como que los rusos y los norteamericanos se ponen de acuerdo en que lleguen, ¿no?, para así mantener el “estado guerrero”, y autoevaluarse mutuamente. ¡No sabemos!
Pero el caso es que la barbarie continua en Ucrania:
- Severodonetsk sigue estando “a punto” (aunque, el punto, ya saben, tarda un poquito).
- Las ciudades de las que les hablábamos ayer siguen muy comprometidas.
- Entre hoy mañana se iniciaba en Bruselas las conversaciones para convertir en candidatos a la adhesión a Ucrania y su vecina Moldavia. Ambos países han solicitado el ingreso. Primero se solicita dicho ingreso, después, todos los países tienen que estar de acuerdo para iniciar las conversaciones de adhesión, las cuales suelen durar “algunos años”. Pero… bueno, ahí está esta situación como un cofactor.
- Como cofactor también, el anuncio que ha hecho Vladimir Putin del misil ultrasónico intercontinental ‘Satán 2’. Así se llama… Les ponen nombres jocosos y divertidos, ¿verdad?, aunque bastante acorde con nuestra cultura destructora.
Todo esto es un aviso. En las guerras, unos y otros hacen gala de sus mejores armas (nunca mejor dicho) para amedrentar al oponente. En este caso, “te lo digo Juan, para que te enteres, Pedro”. Es decir, no es para la guerra de Ucrania, sino para todos los que apoyan a los ucranianos (entre ellos… España).
El caso es que la guerra continúa por la invasión rusa en Ucrania, y Zelenski se presta a dar cada día informes relativos.
Mientras, otro informe dentro de este puzle lo da Inglaterra, afirmando que la mitad del ejército ruso ya ha fallecido. ¡La mitad! ¿?? No sabemos cómo han hecho los cálculos los ingleses con su servicio de inteligencia, pero… nos parecen muchos, porque, en proporción, si es un ejército mucho más preparado y más grande, si ha fallecido la mitad del ejército ruso… proporcionalmente, ¿cuántos han fallecido del ejército ucraniano? Tendríamos que decir, por lógica, que las tres cuartas partes, ¿no? ¡Por la desproporción de armamento!,, y desde que empezó la guerra, que ya vamos para el cuarto mes. Entonces, igual que otras cifras que analizamos, ésta nos parece muy exagerada, pero… en realidad nunca sabremos cuáles son las cifras (aunque es cuestión solo de contar, ¿eh?, no parece una cosa difícil (con un +/- relativo), ya que estamos hablando de personas que fallecen. Se podrían ocultar 8, 10, 12… pero 10.000 no.
(Aunque, si no hemos sabido contar los fallecidos por COVID, ni en España ni en el mundo…).
La muestra de que no quieren que nos enteremos, es que nos dicen una cifra y… ¡ahí te las apañes tú! Pero, claro, uno empieza a deducir: si estos (que son los más poderosos y más potentes, los que tienen más gente, y tal y cual) han perdido la mitad de su gente, los otros (que son menos poderosos, menos gente, y tienen menos material bélico), ¿cuántos habrán perdido? Despejar la “x”, y… llegaremos a alguna conclusión.
En definitiva, un puzle más de la guerra, que nos advierte del drama que no cesa, que no para, y de los dimes y diretes por parte de todos los países europeos y de Estados Unidos también, por supuesto.
Dentro del puzle ha habido un detalle curioso: Zelenski ha dado una videoconferencia en una universidad hebrea en Israel. Por si no lo saben, Zelenski es judío y tiene familia en Israel, a la que visita con frecuencia. Pues bien, resulta que ha echado muy, muy, muy en cara a Israel que no haya condenado la invasión y la guerra de Rusia (aunque parezca raro). ¡Razones históricas debe haber para que Israel no condene esa invasión rusa! En cualquier caso, haciendo gala de su nacionalismo judío, se le ha brindado hablar en una universidad. Pero… ahora menos que nunca el gobierno israelí está en condiciones de juzgar, puesto que está separado (han disuelto el parlamento, y se esperan nuevas elecciones). En cualquier caso, Israel tiene muy en cuenta el hecho de que no va a condenar la invasión rusa. Razones no dan (aunque tampoco lo hace China, ni tampoco lo hace India, Corea del Norte, y algunos otros países). En definitiva, este punto es llamativo, sí, porque cabría esperar que habría una condena por parte de Israel, pero… resulta que no.
Así están las cosas: con la llegada de este nuevo material bélico, dicen que la situación se puede equilibrar, aunque no sabemos en qué medida. No sabemos tampoco en qué medida los militares ucranianos conocen y manejan todo este nuevo material, ni tampoco conocemos hasta dónde llega su alcance.
Lo cierto es que, como ven, las noticias que abundan y corren, son las noticias de guerra, las noticias de bombas, las noticias de armas y de destrucción. No corren y vuelan las noticias de paz, las noticias de diálogo, las noticias de concordia, las noticias de comunicaciones, noticias de encuentros… No, esas, parece ser que no están o han desaparecido. Así se lo contamos.
Este Editorial vuelve a añadir una página mas a la invasión guerrera de Rusia en Ucrania.
Por supuesto, ni que decir tiene que el cereal sigue sin salir, y todas las promesas de Erdogan están actualmente congeladas. En fin…