EL EDITORIAL. Visita del Papa a Birmania (haciéndole un cortejo a China)
Nuestro Editorial nos lleva a Birmania (también llamada Myanmar) . Sí, allí se ha producido la noticia: el Papa hace la visita de las visitas después de haber llamado la atención el pasado agosto sobre el riesgo, y la persecución, y la barbarie del Ejército birmano sobre los rohingya. Y le han advertido antes del viaje
Nuestro Editorial nos lleva a Birmania (también llamada Myanmar). Sí, allí se ha producido la noticia: el Papa hace la visita de las visitas después de haber llamado la atención el pasado agosto sobre el riesgo, y la persecución, y la barbarie del Ejército birmano sobre los rohingya. Y le han advertido antes del viaje: "Usted no pronuncie la palabra rohingya de ninguna manera".
El Papa Francisco va de aquí para allá. Se ha ido por allí, un lugar donde apenas sí hay un 1% de católicos. Pues bien, lo primero que ha hecho fue reunirse con el Jefe del Ejército, prácticamente el responsable de la huida de 650.000 musulmanas rohingya. Ha hablado con él y fue rápido (apenas 15 minutos y… ¡ya!).
Pero… molesta por la presión internacional, la oficina de dicho general ha sacado un post en Facebook en el que resumió –a su manera- lo que el Jefe del Ejército le había dicho al Papa; es decir, que le había aclarado al Pontífice que “En Birmania no hay persecución de nadie; hay libertad religiosa; y que todos los militares trabajan en pos y para la paz y el desarrollo de Birmania”. Así fue el primer encuentro con este señor. No estaba previsto esto pero es lo que ha salido. Mañana martes se reunirá con la Premio Nobel de la Paz Aung Sang Suu Kyi.
Pero, realmente, ¿qué interés especial puede tener el Papa para ir a un sitio en el que apenas hay 20 obispos para más de 50 millones de habitantes, con una mayoría de casi un 99% de budistas?... Pues hacer un cortejo a China, sí señorers, porque las relaciones de El Vaticano con China están rotas desde hace muchos años, y tiene un interés muy especial la Santa Sede en restablecerlas (no así, mucho, los chinos).
¡Ahí está! Según lo aparecido en el diario El País, “El Papa ha recordado al jefe del Ejército, Min Aung Hlaing, su relevante papel en este periodo de transición democrática. Y por su parte, éste ha negado que exista discriminación religiosa”. ¡Hay que tener poca vergüenza!, pero… aquí vale todo.
“El Papa Francisco aterrizó hoy lunes en Rangún, antigua capital de Birmania, donde llevará a cabo hasta el jueves una complicada misión diplomática y pastoral. El país se encuentra sumido en una crisis humanitaria que ha provocado la expulsión de 620.000 miembros de la minoría étnica rohingya a Bangladés y amenaza con desestabilizar una frágil democracia que empezó a asomar en 2010. Cambiando a última hora la agenda, Francisco se ha reunido con el jefe del ejército Min Aung Hlaing —responsable de la brutal campaña militar como hemos dicho anteriormente— para recordarle su "relevante" papel en este periodo de transición”.
¿Qué decirles, qué decirles?
“Esta vez no hubo recibimientos espectaculares. Tampoco las habituales masas de fiele
s se apostaron a un lado y otro de la carretera esperando ver pasar al Papa. Bajo unos 35 grados y un pegajoso 79% de humedad, apenas varias decenas de niños cantaban junto a la pista del pequeño aeropuerto, donde el ministro delegado del presidente de la República y los 20 obispos locales esperaban el aterrizaje del Papa. La población católica de Birmania representa apenas el 1% del total de un país de 52 millones de habitantes y de mayoría budista”.
“Estaba claro que este era otro tipo de viaje a los habituales. Pero cuando el Papa recibió la invitación para visitar Birmania de manos de la actual consejera de Estado, Aung Sang Suu Kyi, nadie pudo imaginar el escenario diplomático que se avecinaba. El país se encontraba entonces en un claro avance en la consolidación de su joven democracia y la figura de la Premio Nobel de la Paz, altamente denostada hoy por su pasividad ante la crisis humanitaria, (grave, ¿no?) representaba un valor en alza en la estabilidad de la región.
Francisco, el primer Papa que visita Birmania, aterrizó este lunes en un país de mayoría budista del que han tenido que huir más de 620.000 rohingya a Bangladesh (de 160 millones de habitantes en un territorio mucho más pequeño). Ni siquiera el acuerdo firmado el pasado jueves entre ambos países para que los rohingya puedan volver paulatinamente a sus casas (que no satisface a los implicados ni a las organizaciones humanitarias) ha serenado los ánimos”.
¡Evidentemente! Porque ya la ONU –para que vean ustedes todos estos entresijos- calificó el pasado mes de septiembre de “limpieza étnica de manual” el trato de Birmania con esta minoría. Pero, el jefe del Ejército, por supuesto, no ha reconocido nada de eso, ni tampoco el Papa le ha reclamado nada. No obstante, lo dicho por el Papa no es una opinión simple sino que la ONU había reconocido dicha barbarie.
“En la frágil democracia birmana, que tiene 135 grupos étnicos entre los cuales no están los rohingya) es el poder militar quien manda todavía en la política. Y el Vaticano, urgido por su hombre de confianza en el país, el cardenal Bo, no ha querido crear ninguna situación incómoda para las minorías, especialmente para los cristianos. Fue Bo quién le sugirió que incluyera en su agenda esta reunión y quien, además, le pidió que no se refiriese a los rohingya por su nombre (como sí hizo el 27 de agosto durante el Ángelus dominical en la plaza de San Pedro) para no herir ninguna sensibilidad. De hecho, muchos otros pequeños grupos religiosos recuerdan estos días que también han sufrido la persecución del Ejército y su caso no se ha tratado con la misma intensidad mediática. El Papa, aparentemente, respetará esa voluntad para no crear conflictos añadidos”.
Pues así estamos. Así está la política, de las políticas, de las políticas. ¡Terrible, tremendo, tremendo!