EL HOMBRE MÁS FELIZ (PARA LA CIENCIA) LLEVA MÁS DE 30 AÑOS SIN MOVER UN DEDO POR LOS DEMÁS
Recogemos la noticia del diario El País: “El hombre más feliz del mundo, un monje budista, no movió un dedo por los demás. ¿A qué dedicarás tú tu larga carrera?” JCAfán : ¿Y cómo lo han medido? JLP : Pues muy fácil, por la sustancia prefrontal izquierda. Cuando se está en un estado de felicidad, por resonancias magnéti
Recogemos la noticia del diario El País:
“El hombre más feliz del mundo, un monje budista, no movió un dedo por los demás. ¿A qué dedicarás tú tu larga carrera?”
JCAfán: ¿Y cómo lo han medido?
JLP: Pues muy fácil, por la sustancia prefrontal izquierda. Cuando se está en un estado de felicidad, por resonancias magnéticas se ve que se activa mucho. Eso es señal de felicidad. Él también lo asegura. Él era un biólogo orto molecular, pero se fue al Tíbet y se quedó allí 30 años. En su caso, rompe con todo lo que se decía de la ayuda, y de lo gratificante de esa acción… No, él no ha hecho otra cosa nada más que meditar. Nada más.
“Los neurólogos apenas podían creer lo que veían. Nunca antes habían tenido delante un cerebro como ese. Era primera hora de la mañana del 22 de mayo de 2001, y en un laboratorio de la Universidad de Wisconsin el equipo examinaba las últimas imágenes por resonancia magnética. ¿Qué demonios sucedía? El sujeto exhibía un nivel de ondas gamma inédito en neurociencia. El lateral izquierdo del córtex prefrontal —la parte del cerebro asociada a la felicidad— bullía de actividad, mientras que el lado derecho —asociado a pensamientos negativos— marcaba casi nada.”
“Cuando los científicos publicaron sus resultados, la prensa proclamó que habían hallado al ser humano con el cerebro más hermoso del planeta. “Su nivel de control mental es asombroso”, escribió un periodista británico, “y los impulsos felices de su cerebro se salen de toda escala”.
“¿Quién era esta persona? Y ¿cómo consiguió su cerebro ser así? La persona de las imágenes por resonancia magnética era un monje budista llamado Matthieu Ricard. Había crecido en París y obtenido un doctorado en genética molecular por el prestigioso Instituto Pasteur. Pero a la edad de veintiséis años, con una prometedora carrera científica ante él, Ricard lo dejó todo atrás y viajó al Tíbet. Allí, con el tenue aire del Himalaya, estudió con los grandes maestros budistas.”
“Ricard acabaría acumulando más de 60.000 horas de meditación. Año tras año alimentó su cerebro con pensamientos de amor y compasión, y el efecto fue asombroso. Para cuando acabó en aquel escáner, según los titulares de todo el mundo, Ricard era “el hombre más feliz del mundo”.
“Lo que este monje había conseguido era algo que millones de personas persiguen como objetivo último de sus vidas. Parecemos no saciarnos de mantras, métodos y trucos que prometen mayor presencia activa, prosperidad y bienestar. Uno puede fácilmente pasar 60.000 horas leyendo miles de libros acerca de los siete hábitos, las doce reglas o ese gran secreto único para vivir una vida larga y feliz. Todo ello, con la esperanza de, algún día, tener un cerebro tan bello como el del ilustre galo.”
“Pero también puede uno contemplar al señor Ricard bajo una nueva lente. Aquí tenemos a un tipo que ha pasado 60.000 horas —7.500 días laborables, el equivalente a 30 años de trabajo ininterrumpido— en su propia cabeza. Treinta años en los que hizo poco por los demás; treinta años en los que no movió un dedo por hacer del mundo un lugar mejor.”
“Puede que sueñes con hacer algo más con tu limitado tiempo en este planeta. Tal vez tu propia felicidad no sea el objetivo principal; mucho menos el objetivo definitivo de tu vida. Tal vez no quieres verte, en tu lecho de muerte, con el incómodo sentimiento de que tenías más que dar, tal vez mucho más. (…)”
JCA: ¿Cómo alimentó a su cerebro?
JLP: Pues meditando en el amor, en la compasión… ¡y ya! Horas y horas meditando. O sea, eso de que eres feliz ayudando a los otros, y tal, ¿éste?... ¡No ha movido un dedo por nadie! Eso sí, se ha pasado 30 años meditando.
"En 2004, ya con una larga carrera como monje budista, Matthieu Ricard participó en un estudio en el que está involocrado el neurocientífico Richard Davidson de la Universidad de Wisconsin. Dicho estudio buscaba medir los efectos de la meditación en el cerebro. Se le colocaron 256 sensores en su cabeza mientras Ricard meditaba, los resultados mostraron altos niveles de emoción positiva en el córtex prefontal izquierdo del cerebro, área relacionada con las emociones positivas.”
“Los hallazgos fueron asombrosos: el cerebro del monje mostraba un mayor nivel de ondas gamma, relacionadas con la atención y el aprendizaje, y una actividad inusualmente alta en el córtex prefrontal izquierdo, asociado al bienestar y las emociones positivas. Entre centenas de participantes en el estudio, que habían puntuado entre +0,3 (muy infeliz) y -0,3 (muy feliz), Ricard puntuó nada menos que -0,45. La literatura neurocientífica no había registrado hasta entonces los niveles que alcanzó Matthieu Ricard, por tal motivo le llamaron: el hombre más feliz del mundo.”
JLP: Pues… tomen nota. Basta de quejarse, y de tonterías, porque en ese caso vas al lóbulo derecho y lo vas a activar con pensamientos negativos, negativos, negativos… Es lo que yo les comunico en la meditación a todas las personas: antes de empezar propiamente dicho la meditación, para que la lateralidad izquierda del córtex prefrontal se llene de… ¡boahh! ¡Así que, bueno, a ponerse las pilas!
JCA: O sea, la derecha es mala…
JLP: jejejeje… Usted mete ahí un trasfondo político interesante.
“Cuando los científicos publicaron sus resultados, la prensa proclamó que habían hallado al ser humano con el cerebro más hermoso del planeta. “Su nivel de control mental es asombroso”, escribió un periodista británico, “y los impulsos felices de su cerebro se salen de toda escala”.