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EL PAPA A FAVOR DE UNA NUEVA CRUZADA

El Papa Francisco , durante su visita a Turquía, ha dicho que “considera lícita la lucha contra el yihadismo” , y reclama otras medidas. ¿Qué pide usted?, ¿que les tiren una bomba atómica?... Desde luego, los Papas calladitos estarían más bonitos. ¡Que el Papa diga que es justa una guerra!... esto nos parece un poco fu

El Papa Francisco, durante su visita a Turquía, ha dicho que “considera lícita la lucha contra el yihadismo”, y reclama otras medidas.

¿Qué pide usted?, ¿que les tiren una bomba atómica?... Desde luego, los Papas calladitos estarían más bonitos.

¡Que el Papa diga que es justa una guerra!... esto nos parece un poco fuera de sitio y, sobre todo, fuera de tiempo. Esto es un lenguaje totalmente medieval… Es el lenguaje de la Guerra Santa. Está fuera de lugar que un Papa apoye una guerra, y diga que es una guerra justa. Pero… ¿es que existen las guerras justas?

Señor Papa Paco, Don Paco, ¡se ha vuelto usted a 'pasar' cuando considera lícita la lucha al yihadismo!

Entre los actos realizados en aquel país, ha ido a la Mezquita Azul –un templo impresionante que no deben dejar de ver si pueden visitar Turquía- y allí estuvo orando.

El Papa ha dicho y ha hecho todas estas cosas pero… la población turca no le ha prestado atención –el 98% son musulmanes-.

¡Ahí ha estado, en Turquía! Nos alegra que viaje, señor Papa, pero cuide usted sus asuntos. En vez de decir algo conciliador, pues no, dice usted que hay que darles duro a los yihadistas "y otras medidas". Suponemos que, al menos, serán otras medidas de paz…

No sabemos, pero considerar lícita una guerra es increíble... y decimos esto a pesar de que los grupos yihadistas están siendo demoledores. Esta es una guerra que ellos se han buscado, sí, pero también fueron demoledoras nuestras guerras. Este lenguaje nos suena a Pío XII, a Mussolini y cosas parecidas.

No somos quienes para juzgar a nadie, pero sí somos quienes para evaluar el por qué unas personas proponen entrar en un conflicto siendo líderes espirituales, cuando resulta que, suponemos, en la espiritualidad no existe la Guerra Santa. Más resulta que el Papa la está casi declarando y apoyando.

La anacronía se ve agrandada por el hecho de que actualmente todo el mundo opina que lo mejor es sentarse a negociar cualquier cosa.