EXTRAÑA ESPECIE: UNOS SE MASACRAN Y OTROS BUSCAN EL ORIGEN DEL UNIVERSO
El proyecto que busca el origen del universo bajo una montaña en un pueblo de los Pirineos En el Laboratorio Subterráneo de Canfranc, un equipo de científicos internacionales construye una máquina para desentrañar las incógnitas de la materia oscura JLP no puedo por menos que reírme, con todo el respeto, porque las fot
El proyecto que busca el origen del universo bajo una montaña en un pueblo de los Pirineos
En el Laboratorio Subterráneo de Canfranc, un equipo de científicos internacionales construye una máquina para desentrañar las incógnitas de la materia oscura
JLP no puedo por menos que reírme, con todo el respeto, porque las fotos que se ven son increíbles. Con esos bombardeos, con esa miseria, con esa incertidumbre… hay unos señores que hacen un agujero en una montaña para introducir una serie de elementos y descubrir el origen del universo. Y todo a la vez. Es una especie rara esta de humanidad.
Era un buen día para estar bajo tierra. Canfranc, un pueblo de 612 habitantes del Pirineo aragonés, amaneció triste, el color de sus edificios apagado por nubes impenetrables, densas, los vecinos recluidos en sus casas, casi ningún turista en las calles y un frío de esos que cortan los labios del que respira. Días como estos hacen que uno, más que nunca, se pregunte: ¿por qué estamos aquí? En el Laboratorio Subterráneo de Canfranc (LSC), a pocos kilómetros de la frontera con Francia, un equipo internacional de científicos está intentando conseguir, aunque sea, parte de la respuesta a esa pregunta que ha obsesionado al ser humano desde el origen de los tiempos.
Son las 10.30 de la mañana. Carlos Peña, el director del LSC, termina su reunión en las oficinas del centro de investigación — un edificio gris, de líneas rectas que contrastan con las montañas que tiene de fondo—, se enfunda un abrigo de trabajo amarillo fosforito y se monta en la furgoneta. De camino al laboratorio, Peña intenta explicar el experimento más importante en marcha. “La pregunta fundamental es: ¿por qué la naturaleza ha elegido la materia en vez de la antimateria?”. Para entender la aportación del LSC a la respuesta, hay que explicar antes un par de cosas.
El universo conocido —las estrellas, los planetas, las flores y el aire— está hecho de átomos, y estos se componen de tres partículas fundamentales: protones, neutrones y electrones. Estas tres partículas son materia, es decir, tienen también un contrario: su antipartícula. La del electrón es el positrón, que tiene carga positiva, en vez de la carga negativa del electrón. Pero hay otra partícula que tiene fascinados a los científicos: los neutrinos. Es quizá la más especial de todas: existe en abundancia en el universo, pero apenas
interactúa con la materia, no tiene carga negativa o positiva (como protones y electrones) y atraviesan la Tierra casi sin ser detectados.
Su característica más interesante es que son neutros, es decir, que pueden ser materia y antimateria al mismo tiempo. Peña lo explica: “En la descripción de la naturaleza que nos da la mecánica cuántica, cuando una cosa no se distingue de otra, es las dos cosas a la vez. Por eso creemos que el neutrino es materia y antimateria”. Como el neutrino no tiene carga ni estructura interna, su versión de antimateria (el antineutrino) debería ser idéntica a él. Esto es esencial para entender el experimento del LSC.
Peña se mete en el túnel de Somport, que conecta España con Francia, y avanza por una desviación interior hasta llegar a una gran puerta blanca: Laboratorio Subterráneo de Canfranc. Tiene el tamaño de una nave industrial, fue inaugurado en el 2006 y solo hay tres laboratorios parecidos en Europa, además de en Estados
Unidos, Canadá, Corea y Japón. Este El LSC está conformado por varias salas, y en cada una de ellas se hacen experimentos diferentes: unos intentan detectar wimps (un posible tipo de materia oscura), otros buscan axiones (posibles partículas de materia oscura), y un laboratorio de biología estudia cómo afecta la baja radiación cósmica a organismos vivos.
Encima del LSC, la estación de esquí de Candanchú, 800 metros de tierra esenciales para el buen funcionamiento de los detectores que están alojados en el laboratorio. Aquí, sus finísimos detectores de partículas están casi aislados del ruido del universo, los rayos cósmicos: partículas de alta energía que vienen del Sol, de supernovas y de otras galaxias. Cuando estos rayos chocan con la atmósfera generan una lluvia de partículas secundarias que atraviesan la superficie. La montaña es un escudo natural contra esas partículas no deseadas.