GRECIA SIGUE AGUANTANDO EL PULSO A SUS SOCIOS DE LA UE
Lo que esperábamos: cuando dos contendientes están negociando, cada uno trata -por turno- de poner al otro en el rincón para ver si así puede sacar un poquito más a su favor. Por ello no es nada nuevo que hasta el último día, en el último minuto, no se llega a nada en concreto. No obstante, este tipo de situaciones, lo
Lo que esperábamos: cuando dos contendientes están negociando, cada uno trata -por turno- de poner al otro en el rincón para ver si así puede sacar un poquito más a su favor. Por ello no es nada nuevo que hasta el último día, en el último minuto, no se llega a nada en concreto.
No obstante, este tipo de situaciones, los políticos tienen una extraña “creatividad” porque, aunque no suelen ser muy imaginativos, a alguno de ellos en algún momento se le ocurrió algo que se llama “parada de reloj”, y entonces, aunque el tiempo real pasa (y los políticos marcan fechas y plazos para todo) no importaba. Con el reloj parado se pueden pasar una semana negociando, y cuando se llega a algún acuerdo se vuelve a poner en marcha el reloj y en cinco minutos se firma dicho acuerdo como si hubiera sido firmado en el tiempo real establecido. Es decir, el político tiene una gran capacidad de ductilidad… ¡cuando le interesa!
En la actualidad eso es lo que está pasando con las negociaciones entre Grecia y sus socios de la Unión Europea (UE). De momento parece que los griegos van aguantando bien el pulso. Al final tendrán que ceder algo, pero… ¿en qué tendrían que haber cedido si hubieran firmado desde el principio?