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HONDURAS SE AHOGA: SEÑORES GATES, TESLA, BEZZOS…..¿HAY ALGUIEN?

“Los huracanes, la pobreza y la covid han sepultado al país centroamericano, que retrocede 20 años después de tres semanas de lluvias” “En 20 días Sula se ha convertido en un valle de dos millones de personas que han pasado a ser indigentes de un día para otro. Decenas de miles de familias, que el mes pasado trabajaban

“Los huracanes, la pobreza y la covid han sepultado al país centroamericano, que retrocede 20 años después de tres semanas de lluvias”

Homduras.seahoga“En 20 días Sula se ha convertido en un valle de dos millones de personas que han pasado a ser indigentes de un día para otro. Decenas de miles de familias, que el mes pasado trabajaban en la venta callejera, cosiendo ropa de marca en las maquilas (fábricas) o cortando plátano y palma africana en las plantaciones, comen ahora de la caridad, visten con ropa regalada y tienen como rutina del día hurgar en el barro acumulado en su casas para rescatar algo: el tanque de gas, una silla, el garrafón...

El corazón industrial de Honduras, si es que cabe ese nombre en uno de los países más pobres del continente, quedó arrasado tras 20 días consecutivos de agua, viento y barro de los huracanes Eta, primero, e Iota, después. Lo que antes eran modestas calles de precaria iluminación y saneamiento se han transformado en ríos marrones que entran en el salon de las casas y en los que flotan refrigeradores, sillones o perros hinchados como globos después de varios días en el agua.

Un huracán es un desastre extraño. No hay sangre, no hay muchos muertos ―unos 300 en todo Centroamérica― y no tiene la espectacularidad del volcán o el terremoto. Sin embargo, el efecto aniquilador de Eta e Iota haFG2Q6KCNRBGV5BXOUF43Q4POGU afectado al 40% de la población del país causando un daño solo comparable al Mitch en 1998. A la crisis nacional en la que estaba sumergido el país antes de los huracanes se suma que de San Pedro Sula salen periodicamente las caravanas de migrantes que tanto espantan a México y Estados Unidos, lo que convierte la catástrofe en una onda expansiva de dimensiones internacionales.

Las cifras no dejan lugar a la duda. Los huracanes han afectado a más de cuatro millones de personas, decenas de miles de casas están destruidas, se han perdido fábricas y todos los cultivos, se han desgajado decenas montañas y 110 puentes y 267 carreteras han quedado dañados o directamente inservibles. El principal aeropuerto del país, el de San Pedro Sula, está bajo el barro y todavía hay casi 300.000 personas incomunicadas. Según el Banco Central (BCH) la economía caerá este año un 7,5%, pero tras el paso de los huracanes caerá otros tres puntos más. A un Estado quebrado se suma la parálisis de la empresa privada. El sector productivo de San Pedro Sula, de donde sale el 60% del PIB de Honduras, ha quedado destrozado.

ETA EFEPero Honduras ya era un país pobre antes de la llegada del agua. El lugar donde pasa todo esto lleva varios años apareciendo en la prensa mundial y nunca por nada bueno. Hace cinco años era uno de los países más violentos del mundo y desde hace dos es un gran expulsor de su gente. Casi cien hondureños dejan cada día su casa para intentar llegar a Estados Unidos, según la encuesta de movilidad humana.

Describir este panorama se puede hacer de dos formas. Con los informes de Naciones Unidas y el Banco Mundial, que confirman que seis de cada diez hondureños viven por debajo del umbral de pobreza o que cuatro de cada diez no tienen ni para comprar un plato de comida, lo que los organismos definen como “pobreza extrema”.

La otra opción es preguntar a Gagarin Chávez, un albañil flaco como un alambre, que mueve con destreza el remo por las calles de la colonia San Rafael por donde antes pasaba caminando. Bajo el agua quedaron su casa, los muebles, la ropa, la televisión, la estufa, las camas y un reloj.53754467658aed5d9a8ab4589b32011e

Cuando llega al patio de la escuela República de Honduras donde antes estudiaban los niños de su colonia amarra la barca en un aula donde los pupitres están amontonados y flota una pizarra con frases como: “Quien estudia se supera” o “respetemos el medio ambiente”. Gagarin, hijo de un nostálgico de la URSS, es uno de los pocos que sabía nadar cuando entre el 4 y el 14 de noviembre llegó el agua y a bordo de un refrigerador, dice que salvó a 15 niños. ¿Y qué es lo más lujoso que ha perdido? “El Rotoplas”, contesta sin dudar sobre el depósito de agua que tenía en el tejado. La miseria también se puede explicar con la cara de susto de Fabiola Ulloa, una joven de 23 años a quienes los periodistas encuentran en la calle abrazada a su bebé solo unas horas después de que diera a luz en un camellón de la ciudad. Acaba de parir ayudada por sus vecinos en el mismo trozo de tierra rodeado de basuras en el que lleva viviendo desde que el agua la sacó de su casa sin un centavo y una inmensa tripa a punto de estallar.

Desde hace días el Gobierno de Juan Orlando Hernández suplica por la ayuda internacional. Según sus cálculos necesitará 10.000 millones de dólares para la reconstrucción, pero hasta el momento ha recibido 75 millones para la atención inmediata. Según fuentes de la Unión Europea implicadas en proyectos de cooperación con Centroamérica, es muy difícil que en el actual contexto de pandemia vaya a aumentar esa cifra.

1 1 1Las lluvias sobre Honduras tuvieron la mala suerte de comenzar el 4 de noviembre, un día después de que Joe Biden y Donald Trump se jugaran la presidencia de Estados Unidos, que se volcó en 1998 tras el Mitch y hasta aprobó un plan migratorio especial para los países afectados. Esta vez, sin embargo, toda la ayuda se reduce a un tuit del presidente electo enviando sus condolencias. España, que tradicionalmente era el segundo donante en la región, aportará menos de 350.000 dólares (unos 292.500 euros). Con este panorama la estrategia del Gobierno centroamericano es clamar por los famosos “fondos verdes” de la comunidad internacional, con el argumento de que Honduras paga las consecuencias del exceso de gases de efecto invernadero producidos por los países ricos.

El escritor Horacio Castellanos Moya describió en su libro Insensatez el estado anímico de Guatemala con una frase que escuchó a los indígenas que presenciaron las masacres militares de los años noventa cuando trataban1440x810 cmsv2 409d864a 689c 57b9 ad45 6081d0e36d20 5108886 de explicar la depresión en la que se encontraban y que hoy aplica para un país entero arrasado por el agua: “Yo no estoy completo de la mente”. En los últimos días, la organización Médicos Sin Fronteras solicita a través de inserciones en los principales periódicos de Honduras la urgente contratación de psicólogos para que atiendan a una población que no deja de mirar al cielo; unos para rezar, otros para saber si seguirá lloviendo y otros para saber de dónde viene tanta desgracia.”

https://elpais.com/internacional/2020-11-27/honduras-se-ahoga.html